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¿Por qué la leche materna es el mejor alimento para el bebé?

¿Por qué la leche materna es el mejor alimento para el bebé?

Esta contiene justo lo que el pequeño necesita.

¿Por qué la leche materna es el mejor alimento para el bebé?
Por: Mónica Toro
21 de Mayo de 2013
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El ahorro de dinero y de tiempo, e incluso la facilidad para brindarla, hacen de la leche materna el mejor alimento para el bebé.

Expertos afirman que sus beneficios alimenticios son los que la hacen incomparable con cualquier otro tipo de leche. Es un fluido vivo lleno de enzimas, macronutrientes, ácidos grasos y, por lo menos, 200 tipos de inmunoglobulinas (anticuerpos empleados por el sistema inmune para identificar y neutralizar elementos extraños, tales como bacterias o virus, que pasan al ser humano).

Además, contiene agua, proteínas, diferentes tipos de vitaminas, hierro, calcio, azufre, ácido fólico, carbohidratos, minerales, fósforo, sodio, potasio, magnesio, yodo, grasa, lactosa y hasta hormonas como la liberadora de tirotropina (TRH) y la tiroidea estimulante (TSH).

Tiene propiedades antiinfecciosas, antibacteriales y antivirales, que no solo le permiten al bebé crecer sanamente, sino también fortalecer su sistema inmune (la defensa natural del cuerpo contra las infecciones y enfermedades).

La nutricionista Carolina Ramírez, experta en lactancia, señala que las leches de fórmula podrán tener los mismos componentes de la leche materna (no en la misma cantidad), pero que nunca podrán brindarle al niño anticuerpos.

“Las inmunoglobulinas son las responsables principales de la inmunidad. Y la leche humana es la única capaz de brindarles a los hijos vacunas naturales contra enfermedades como la gripe y la diarrea. Por esto, si una mamá lactante sufre de gripe, a través de su leche el bebé recibe una cantidad de anticuerpos que le fortalecen su sistema inmune”, explica Ramírez. La leche materna pasa por diferentes etapas y variabilidad en su composición desde el momento en que comienza a segregar el calostro hasta la lactancia ya establecida en los meses siguientes (leche madura).

Según la médica pediatra María Constanza Castilla, las etapas son: calostro, transicional y madura. El calostro se produce durante los primeros 4 días después del nacimiento del bebé. Su bajo contenido de lactosa y grasa, con alto índice de proteínas, vitaminas A, E, K y anticuerpos, favorece el sistema inmune del bebé y evita así infecciones intestinales y respiratorias.

“El calostro contiene los más altos niveles de inmunoglobulina A (un importante agente antiinfeccioso) de todas las secreciones humanas. Es de color amarillo, por los betacarotenos, bien conocidos por sus propiedades antioxidantes y porque aumentan la eficiencia del sistema inmune”, explica la especialista Castilla.

Las proteínas, vitaminas liposolubles y minerales son también más abundantes en el calostro que en la leche de transición o en la madura.

“El calostro tiene bajos niveles de grasas y lactosa (por tanto, la producción de gases es baja) y facilita el establecimiento de la flora bacteriana adecuada en el tracto digestivo. Es rico en anticuerpos y protege contra bacterias y virus presentes en el canal del parto e innhibe la formación de inmunoglobulina E, que es la principal implicada en las reacciones alérgicas”.

Castilla explica que la abundancia de proteínas y la escasez de grasas del calostro están en consonancia con las necesidades y reservas del recién nacido.

“Las vitaminas B12 y B9 se encuentran combinadas con una proteína, y así impiden que las bacterias proliferen, pues estas precisan ambas vitaminas para su desarrollo. La vitamina A, que se encuentra en niveles muy elevados en el calostro, protege y previene el daño ocular. También es rico en vitaminas liposolubles (A, D, E, K)”.

La segunda leche es la producida entre el 6o. y el 15o. día –explica Castilla– que es baja en anticuerpos y proteínas. Y ya después de este tiempo se produce un tipo de leche materna llamada madura, propiamente diferenciada por su composición. Le aporta al niño todas las sustancias nutritivas y las calorías que este requiere para su normal desarrollo y crecimiento. “El agua es el componente más abundante de la leche de casi todos los mamíferos. Los demás componentes están disueltos o dispersos en esta. Incluso en climas calurosos y secos se ha observado que no es necesario dar suplementos de agua a los lactantes que toman leche materna.

La composición de esta varía cada día, en cada toma que el bebé hace y de acuerdo con el tiempo de succión. La leche inicial es diferente a la del final de la mamada; la primera es más aguada y calma la sed del bebé. A mitad de la toma esta es espesa y alimenta. Y al final la leche es más cremosa, que es la grasa que hace aumentar de peso al bebé.

Estos tres pasos de la leche materna indican que hay que dar el seno a demanda, y sin tener en cuenta el reloj, porque aún no se sabe cuánto tiempo necesita succionar un bebé para fabricar estos tres tipos de leches con sus propios componentes.

El tipo de leche

Según las expertas consultadas, todas las mamás pueden producir la misma calidad de leche y con los mismos componentes. Por lo tanto, la alimentación de la madre solo cambia el sabor de la leche materna, mas no los componentes de la misma. “No la hace mejor o más nutritiva que otra leche materna”.

Para entenderlo, la doctora Carolina Ramírez trae a colación un estudio que se realizó con lactantes de Madagascar (África) y otros de California (Estados Unidos). Recordemos que Madagascar es uno de los seis países que tienen la tasa más elevada de desnutrición en el mundo.

En ese estudio, relata la experta Ramírez, se evaluó el tipo de leche de ambas madres, conociendo que las de Norteamérica tenían una mejor nutrición que las africanas.

Para sorpresa de muchos, la leche fue la misma, a diferencia de los micronutrientes bajos que se vieron en la leche de las africanas, comparado con la de las norteamericanas.

“Con esto queda claro que ningún alimento que consuma la mamá va a variar los componentes de la misma. Si la madre desea consumir vitaminas y micronutrientes será por beneficio propio, no por tratar de mejorar la leche para el hijo”, explica Ramírez.

Por Mónica Toro. Especial para 'ABC del Bebé'

 

 

 

 

 

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