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Cómo cambia la relación de pareja con la llegada de un hijo

Cómo cambia la relación de pareja con la llegada de un hijo

El inicio de la paternidad y la maternidad produce inevitables cambios en la relación de pareja. Primero, se generan tensiones por la inexperiencia, las expect

Cómo cambia la relación de pareja con la llegada de un hijo
Por: Redacción ABC del bebé
01 de Junio de 2007
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El inicio de la paternidad y la maternidad produce inevitables cambios en la relación de pareja. Primero, se generan tensiones por la inexperiencia, las expectativas y la ansiedad de desempeñarse bien en el nuevo papel. De otro lado, con la presencia de un hijo se pasa de una relación entre dos personas a una de tres.

La atención que antes se daba entre la pareja, se desvía a otro protagonista que en este caso es el recién nacido. Ahora crece la necesidad de hallar lugar para el amor a una tercera persona.

La siquiatra Silvia Gaviria explica que el bebé puede ejercer un estrecho lazo entre los esposos y ser una fuente común de interés y de identificación compartida. Además, los hijos son, muchas veces, una acción disociadora, son una fuerza que unifica y separa al mismo tiempo en proporciones diferentes.

“Estas proporciones obedecen a la calidad de la relación preexistente entre la pareja, la madurez emocional de los cónyuges, las expectativas que se tienen frente a la paternidad y maternidad y los aspectos de la personalidad que se ponen al descubierto cuando se asume este nuevo rol y responsabilidad”.

Es por esto que se hace necesario mantener una buena relación de pareja después de la llegada del primogénito. “Los padres deben continuar siendo personas con su vida y sus satisfacciones por derecho propio, firmemente asentados en su papel de esposos, sin reñir con su rol paternal”, señala la especialista Gaviria.

Sus individualidades y el matrimonio no deben pasar a ser subordinados por el papel de padres y no deben ceder los espacios, porque si la pareja está estable, el hijo tendrá un mejor ambiente para crecer emocionalmente seguro.

Una buena relación

Inicialmente la inexperiencia, los temores y la tensión que acompañan las etapas iniciales de la vida matrimonial, pueden sumarse y afectar la convivencia, la comunicación, la sexualidad, el tiempo para compartir y disfrutar, lo que genera disgustos, malestares y deterioro de la relación.

La especialista Silvia Gaviria recomienda una preparación previa a la llegada del hijo: ser conscientes de que la relación cambiará pero que es otra etapa que merece vivirse y que traerá nuevas experiencias.

“El niño ejerce un efecto sobre el rol social de los esposos, se establecen nuevas relaciones con otros matrimonios que tienen niños de edad parecida, se abren nuevos espacios donde las parejas interactúan entre sí, comparten experiencias que les permiten liberar tensiones y fortalecer su desempeño”.

También es importante mantener canales abiertos de comunicación, un diálogo franco y abierto, donde se pueda expresar tanto el malestar como los logros y temores. Es ideal tener un tiempo para la pareja, un espacio donde por un momento dejan de ser papás para ser confidentes, amigos y amantes.

Cambios que atropellan

Según la siquiatra Rocío Barrios, otro problema que se ve en la pareja después del primer hijo es que la madre se dedica a su cuidado y desplaza a su compañero y hace que éste se sienta menos importante.

“Deben organizar unas rutinas y actividades tanto del padre como de la madre, para que ambos compartan con sus hijos y también tengan un tiempo para los dos”. Para que esto se logre, ambos deben ser conscientes de que la llegada de un hijo cambia la relación, lo que significa que antes de concebirlo, es mejor hablar y crear estrategias para que no sea tan fuerte el cambio y se hagan acuerdos desde antes.

Es necesario recuperar la intimidad

Cuando la rutina de pareja cambia, es necesario fortalecer la relación. El siquiatra y sexólogo Gabriel Jaime Montoya sugiere que en este tiempo, tengan propuestas creativas para conservar los elementos privados de la misma.

Martha Mejía, sicóloga y terapeuta sexual, afirma que después del primer bebé, la pareja debe recuperar su pasión. “No es necesario la penetración. Los juegos eróticos, las caricias, los besos, la comunicación y el buen diálogo hacen parte de los acercamientos creativos”.

Lo ideal es que no se reduzcan la frecuencia de los encuentros sexuales, y se conserve la capacidad de transmitir afecto y deseo con las caricias y el contacto de los cuerpos.

Sin embargo, es entendible que la mujer presente, después del parto, una disminución de la sensibilidad placentera en sus genitales. Una de las estrategias que contribuye a la conservación de la calidad del encuentro sexual es la estimulación externa concentrada en el clítoris. Y en el hombre, la estimulación manual por parte de la mujer.

En este momento pueden hacerse evidentes disfunciones sexuales previas. Consulten para superarlas.

Es necesario recordar que la pareja tiene obligaciones como padres en el cuidado y crianza de los hijos, pero esto no significa perder la capacidad de goce como amantes.

 

Mónica Toro

Redactora ABC del bebé

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