Síguenos en:

El trabajo no es una excusa para distanciarse de la cotidianidad de los hijos

El trabajo no es una excusa para distanciarse de la cotidianidad de los hijos

Los espacios para compartir en familia son cada vez más estrechos por los compromisos laborales. En la cotidianidad, muchos padres se lamentan por no estar cer

El trabajo no es una excusa para distanciarse de la cotidianidad de los hijos
Por:
13 de Junio de 2008
Comparte este artículo

Los espacios para compartir en familia son cada vez más estrechos por los compromisos laborales. En la cotidianidad, muchos padres se lamentan por no estar cerca de sus hijos para ser testigos de esas pequeñas cosas que en el día a día suceden en casa.Esta ausencia despierta en algunos un sentimiento de culpa, que luego convierten en complacencia y laxitud de normas en el hogar o en un derroche de regalos carísimos para llenar ese vacío que dejan en el hogar.

Ese no es precisamente el camino. La idea es hacer presencia en la ausencia y cuando se está en familia, es clave disfrutar con calidad y calidez todos los momentos con los pequeños pero en un marco de respeto y límites claros.Durante el desarrollo de un niño, la estructura de la identidad se construye de forma más completa cuando el padre, al igual que la madre, también está presente.

Paternar, una de las primeras diez guías de crianza del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, y de la Sociedad Colombiana de Pediatría, sostiene que “haber sido amado de manera incondicional por el padre influye notablemente en el desarrollo sicológico, social, sexual y emocional de los hijos”.

De igual forma señala que un padre responsable y cariñoso se constituye en un modelo afectivo para la construcción de la identidad de los pequeños. “Paternar consiste en ser la figura masculina de crianza, en ofrecerse para ser una imagen con la que puedan identificarse los hijos; es estar presente, dar ejemplo, amar y ser amado”, indica la guía.

Esa presencia es vital y aunque el hombre pase la mayor parte del tiempo fuera de su casa, tiene alternativas para decirles a sus pequeños. “Aquí estoy”.

“Una forma bastante particular de lo anterior es el recuerdo o el sello que el padre ha dejado cuando los hijos sienten y saben que se valora el tiempo que ellos piden como hijos. En ese tiempo el padre ha construido la confianza, el respeto y la seguridad de su cariño”, afirma la sicóloga Isabel Cristina Bettín.

 

Maneras de estar presente

- Satisfacer sus necesidades. El padre debe garantizar que las necesidades básicas de su hijo estén cubiertas en su entorno. “Debe haber una persona confiable que lo cuide, le brinde la alimentación e higiene adecuadas”, afirma la sicóloga infantil María Isabel Guerrero.

- Crear circunstancias predecibles. Significa tener dispuestas las cosas para que en la ausencia del hombre el niño tenga claras las rutinas y controle de alguna manera las situaciones del día a día, es decir, que sean similares; esto es una forma de contención emocional. Es lo posible, que siempre esté con un mismo cuidador. “El pequeño debe saber qué tiempo permanece sin sus padres; por eso es importante que estos organicen su tiempo y le informen previamente cuando haya retrasos en su llegada a casa para no prolongar su espera y no generarle ansiedad”, comenta Guerrero.

No hay lugar para la ambivalencia. Según la sicóloga Claudia Jiménez Chacón, de la Asociación afecto, aquel padre con un horario establecido pero que en ocasiones se retrasa, debe ser franco con su hijo y, llegado el caso, decirle que se demora un poco por una circunstancia específica. Si no le avisa, puede generar incertidumbre o molestia.

“Se les debe explicar que al tener un trabajo se tiene un horario y unas responsabilidades que se deben cumplir, así se les demuestra y enseña con hechos  y ejemplos que la honestidad es fuente de felicidad”, explica la sicóloga Bettín.

- No olvidar las normas. Para el niño es importante conocer a su padre en diferentes facetas, así no esté en casa. Una manera de tenerlo presente en su ausencia es a través de los recuerdos de los momentos compartidos. El padre debe crear hábitos, límites firmes y coherentes con respeto y amor. Si comparte poco tiempo con los niños, abrir espacios donde asuma su papel de autoridad, de guía, de compañero de juego y de confidente “de manera tal que el infante pueda percibir que aunque no estén juntos, él está representado”, explica la sicóloga Claudia Jiménez.

“No al papá alcahueta movido por un sentimiento de culpa”, dice la sicóloga María Isabel Guerrero. Hay que controlar las situaciones.

Se pueden organizar  rutinas dentro de un horario que deben ser cumplidas conforme a la edad del niño, agrega la sicóloga Isabel Cristina Bettín. “Las normas y los límites deben ser tan claros y constantes que no sea necesario la supervisión diaria del adulto, si no que se convierten en un hábito”, puntualiza la experta.

Los padres –dice- no deben quedarse callados frente a una circunstancia que hay que corregir ni temer al sufrimiento de sus hijos, pues se les debe permitir que asuman las responsabilidades de sus actos. “Hay que satisfacer los deseos justos y negar el privilegio que les hará daño”, agrega Bettín.

- Pasar tiempo con calidad. La cantidad y la calidad no dependen del reloj, ni de la billetera, sostiene la especialista. Depende de la relación, de la oportunidad que tiene el padre de confiar en las potencialidades de sus hijos. En los momentos de la cotidianidad – lavar el carro o cambiar una llanta- también se construyen vínculos afectivos. Acompañarlos a una competencia deportiva y felicitarlos cuando tengan logros los hará sentirse bien.

“Con la actitud se le demuestra al niño lo importante que es para su padre. Este debe ponerse a su nivel cuando le hable o le juegue y mantener contacto visual. Escucharlo con atención y profundizar sobre los temas de interés para el hijo, sin importar las edades. El papá debe convertirse en un compañero de juego, por lo menos media hora diaria, y ojala esté en ropa cómoda y se tire al piso con su pequeño… de igual forma, compartir un deporte, una salida al parque o un juego de mesa”, explica la sicóloga Claudia Jiménez.

En la actividad lúdica se le deben enseñar valores como la honestidad, aprender a ganar o perder, respetar al compañero y esperar turnos.

- Llamar constantemente. No solo con intención controladora, sino de servicio, apoyo y cariño, comenta Bettín. Las llamadas pueden ser a una misma hora, aunque el factor sorpresa tiene un impacto positivo en los pequeños.

- Notas y pequeños detalles. Los padres también pueden dejar escritos con mensajes de cariño, dibujos o manualidades que hayan construido con sus hijos. Pueden escoger un lugar especial para dejarlos, rincón que el niño aprenderá a asociar con su padre, dice Jiménez Chacón. Los dulces también son una buena opción.“Acostumbrarlos a tener un corcho donde peguen notas recordatorias (‘no olvides tu ejercicio de matemáticas’) o de tipo afectivo, de manera que el niño tenga la rutina de revisarlas”, indica María Isabel Guerrero.

- Trabajo en la oficina. El padre debe tener prioridades y dedicar un tiempo prudencial a los temas de la oficina. Si debe llevar trabajo a casa, hacerlo mientras sus hijos duermen, enfatiza Isabel C. Bettín.

-Afecto y compañía. El hombre, dice, no debe perder la oportunidad de darles un beso, un abrazo o una palabra cariñosa. Ayudarlos a montar en bicicleta, preguntarles por sus cosas y por sus sentimientos y escucharlos con atención. De igual manera, pedirles su colaboración en las tareas del hogar. Al compartir con ellos sus experiencias, alegrías y tristezas se construye la relación. Esto lo recordarán el resto de sus vidas.

 

Por Andrea Linares

Redactora ABC del bebé

 

Comparte este artículo
Tags de artículo

0 Comentarios

imagen
publicidad
publicidad

Herramientas ABC

  • Calendario de Embarazo

    Nada más emociónate que entender cómo cambia mi bebé en estos 9 meses,  Bárbara Mora.

  • Calendario de Ovulación

    Toda mujer que esté pensando en tener un bebé, debe no solo conocer su ciclo menstrual, sino también el día más fértil de este.

  • Índice de masa corporal

    Es una medida de asociación entre la masa y la talla de un individuo ideada por el estadístico belga Adolphe Quetelet, por lo que también se le conoce como índice de Quetelet