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La relación de los padres influye en el bienestar de los hijos

La relación de los padres influye en el bienestar de los hijos

Una ?mala? relación de pareja afecta la salud sicológica y emocional de los hijos. Ansiedad, inseguridad, retraso en el desarrollo y bajo rendimiento escolar

La relación de los padres influye en el bienestar de los hijos
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10 de Mayo de 2007
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Una ‘mala’ relación de pareja afecta la salud sicológica y emocional de los hijos. Ansiedad, inseguridad, retraso en el desarrollo y bajo rendimiento escolar son algunos síntomas.

Desde su ingreso al jardín, Ana María* comenzó a comportarse de manera diferente a la de los niños de su edad, razón que motivó a las directivas de la institución a citar a sus padres en varias ocasiones con el fin de indagar qué podría estar alterando la conducta de la menor. La niña era insegura, tenía dificultad para relacionarse con sus compañeros, lloraba con frecuencia y le costaba realizar actividades grupales.

Después de indagar un poco sobre su entorno familiar, se hizo evidente que la relación de sus padres no era la mejor y que había presenciado en numerosas ocasiones actos de violencia, que comenzaron a afectarla sicológicamente y que expresaba cuando interactuaba con otras personas. Además, se mostraba nerviosa y tenía un apego inusual a su mamá.

El diálogo de sus padres era escaso, de los gritos pasaron a los golpes, al ausentismo y a un escaso trabajo en equipo. Finalmente, se divorciaron. “La familia que vive en armonía es aquella en la cual las relaciones de todos sus integrantes se establecen en medio del amor, el respeto y el diálogo, logrando una convivencia afectuosa que implica amar, sentir, escuchar, valorar, respetar, charlar y aceptar, con sus semejanzas y diferencias, a todos los miembros del núcleo familiar”.

Este es un aparte de ‘vivir en familia’, una de las primeras 10 guías de crianza que elaboraron el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Sociedad Colombiana de Pediatría.

La familia, dice la siquiatra Isabel Cuadros, directora ejecutiva de la Asociación Afecto contra el Maltrato Infantil, “es un espacio donde uno se debe sentir acogido y seguro”. Sin embargo, cuando la armonía entre sus miembros se rompe, especialmente entre el padre y la madre, comienzan los problemas y los hijos terminan en la mitad del conflicto.

¿Por qué los conflictos?

Según la sicóloga Isabel Cristina Bettín, los dos primeros años de maternidad y paternidad son los más tensionantes y es posible que algunas parejas empiecen a contemplar el divorcio. “El psicólogo Ron Raffel explica que gran parte de las tensiones se deben a la forma desigual en que los hombres y las mujeres afrontan las responsabilidades de la paternidad, la maternidad y el manejo del hogar, pues la mujer sigue siendo quien asume la mayor parte de las responsabilidades físicas y psicológicas que conllevan el cuidado de los niños y se siente abandonada en esta difícil labor”, explica la sicóloga Bettín.

En las edades de 0 a 4 años, advierte, es frecuente encontrar problemas de pareja por pautas de crianza, pues casi siempre hay un padre que es más estricto. Otros conflictos: ‘dependencia patológica’ de la casa materna y paterna, especialmente del hombre; ‘familias fusionadas’ (cónyuges que llegan con hijos de la relación anterior), dificultades económicas y adicción al trabajo de alguno de los dos.

‘Esponjas’

Desde el vientre materno, el niño percibe que algo pasa y esto puede desencadenar que, al momento de nacer, tenga conductas irascibles y ansiosas.

El núcleo familiar le representa al infante seguridad y soporte. Los pequeños hacen lo que ven y no lo que sus padres les dicen. “Se expresan con las mismas palabras y actitudes, pues tratan de imitarlos todo el tiempo. Cada cosa que ven, oyen y reciben lo procesan a su manera y lo expresan en el juego o en su interacción con los demás”, señala la terapeuta de pareja Martha Mejía.

Según la experta, bastan tres episodios reiterativos de conflicto intrafamiliar para que el subconsciente del niño lo almacene de por vida.

“Cuando la pareja acude a la violencia, casi nunca trata de evitar que los niños sepan, presencien o incluso se vean involucrados en tales actos, especialmente cuando se acerca la época de la separación”, afirma la sicóloga Isabel Cristina Bettín.

Para la especialista, lo que realmente afecta a los hijos es la forma como el conflicto marital se maneje en la familia, que puede dejar secuelas en el desarrollo de su personalidad. “Cuando hay violencia verbal, psicológica o física, hay una tendencia innata a identificarse con uno de los padres”, afirma. Los hijos, agrega la siquiatra Cuadros, pueden volverse violentos por identificación con el agresor.

“El niño reproduce en el colegio una conducta aprendida que proviene de un ambiente disfuncional”, señala el siquiatra infantil Christian Muñoz Farías.

Errores en la crianza

Para Isabel Cuadros, frente a un conflicto de pareja permanente se corre el riesgo de que alguno de los dos trate de controlar el comportamiento del otro durante mucho tiempo y le reste importancia a la responsabilidad en la crianza de los hijos. Hay negligencia.

En un ambiente disfuncional, algunos estudios han encontrado que es más probable que los padres eduquen a sus hijos con mayor severidad e inconsistencias y que se desentiendan más de ellos en la medida en que se alejan más de su pareja, puntualiza la sicóloga Isabel C. Bettín.

Síntomas en los niños

Ser testigo de violencia física o emocional produce el mismo daño en el niño: tristeza, ansiedad, juego escaso y bajo rendimiento escolar.

Cuando un menor de 2 años ha visto agresividad, “si bien no recuerda en el día de mañana qué fue lo que pasó, la sensación de angustia de ver a uno de sus progenitores agrediendo al otro, supuestamente fuentes de afecto, le deja una sensación sicológica de inseguridad que le impide crecer de manera sana”, explica la sicóloga infantil Paula Bernal.

Según el siquiatra Muñoz Farías, los menores de 1 año manifiestan problemas de apego, llanto continuo, irritabilidad y aislamiento. Si sus padres no los estimulan adecuadamente, pueden presentar retraso en su desarrollo, talla y peso.

Un niño de 1 año, agrega, manifiesta cambios en su tono afectivo: cuando aparece el padre, es posible que se le acelere el corazón y se ponga ansioso porque sabe que va a pasar algo.

Un pequeño mayor de 2 años que observa cómo sus padres se gritan o se golpean, asume que él es responsable de lo que sucede. “Algunos muestran regresión: si ese niño de 2 años ya controlaba esfínteres, de repente vuelve a mojar la cama”, sostiene Muñoz Farías.

Otras señales: niños inseguros, rebeldes, agresivos o víctimas de otros; gritan y tienen problemas de atención o de comportamiento. Algunos se quejan de dolor de cabeza o de abdomen de forma continua y exageran algunas condiciones médicas, como el asma.

Manual para divorciados

Cuando el amor se acaba, no hay deseos de continuar en pareja, no existe posibilidad de construir nada en común y se han agotado los recursos para salvar la relación, es conveniente pensar en el divorcio. Este trae consigo un factor estresante como lo es hacer acuerdos sobre convicciones y valores muy personales.

La sicóloga Paula Bernal y el siquiatra Christian Muñoz dan las siguientes pautas para mantener una ‘buena’ relación de divorciados en pro del bienestar de los hijos:

Llegar a acuerdos para evitar una guerra de poder. Establecer los objetivos que deben tener en equipo para educar a sus hijos. Sostener comunicación directa sobre lo que es importante para el niño. Respetar acuerdos. Tener flexibilidad. No utilizar al pequeño para agredir al otro. Tratar todos los temas relacionados con el divorcio en ausencia del menor. Evitar que el hijo se convierta en mensajero. No hablar mal del ‘ex’ con o frente al niño. Si alguno de los dos tiene una actitud equivocada, hacer un comentario neutral que no agreda la relación del niño con su otro progenitor: “Te quiero mucho y estoy segura de que tu papá también, pero voy a hablar con él sobre lo que hizo ayer”. Aquí es importante tratar de conservar la buena imagen del otro padre. Nunca competir por el afecto del pequeño. Mantener a los abuelos al margen de la relación y evitar que tomen partido. ‘Empoderar’ al otro padre para evitar que el hijo sea ‘ping-pong’, es decir, que vaya de aquí para allá, un día con un padre y al siguiente con el otro. Nunca decir: “es que el niño se quiere quedar conmigo”. Procurar asistir juntos a eventos que se relacionen con el hijo.

¿Cómo sortear las dificultades?

Los problemas de pareja deben mantenerse en privado. Si, desafortunadamente, el menor observó algún acto de agresión, se le debe explicar que todas las personas, independientemente del afecto que se tengan, pueden tener desacuerdos. Es necesario que el menor comprenda que los sentimientos de los demás son importantes, validando los suyos. También, que padre y madre se preocupen mutuamente por sus sentimientos. Nunca se le debe hablar al niño mal del otro. Evitar ponerlo en la mitad del conflicto. No permitir que se convierta en el apoyo sicológico de la madre. Debe existir comunicación permanente, respeto y confianza entre la pareja. Acudir a terapia de pareja cuando la situación se salga de las manos. Negociar necesidades y conflictos pacíficamente, según la siquiatra Cuadros. Tener un tono conciliador y evitar decir cosas que lastimen al otro. Mutua comprensión y apoyo, agrega la sicóloga Bettín. También, frenar críticas injustas. Es necesario aprender a escuchar al otro. Compartir las labores domésticas y de crianza de los hijos, pues esto une a la familia. Evitar cualquier golpe, humillación o amenaza. No darles a los hijos órdenes contradictorias.

Andrea Linares GómezRedactora ABC del Bebé

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