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Controle molestias, infecciones y enfermedades para evitar complicaciones después del parto

Controle molestias, infecciones y enfermedades para evitar complicaciones después del parto

Los expertos aseguran que son muy pocos los efectos a largo plazo, pero si la gestante sufre de una anomalía grave, las consecuencias serán casi inmediatas y

Controle molestias, infecciones y enfermedades para evitar complicaciones después del parto
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14 de Marzo de 2008
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Los expertos aseguran que son muy pocos los efectos a largo plazo, pero si la gestante sufre de una anomalía grave, las consecuencias serán casi inmediatas y pondrán en riesgo la salud propia y el desarrollo del feto si no son tratadas a tiempo ni de forma adecuada.

Luego de dar a luz, vienen 40 días de recuperación en los que se reacomoda el organismo de la nueva madre. A simple vista es mucho tiempo, pero es lo que tarda el útero en retomar sus dimensiones normales (aumenta casi siete veces su tamaño para acoger al bebé), sin olvidar que los órganos del piso pélvico (como la vejiga) deben volver a su sitio y programar, de nuevo, sus funciones.

Los especialistas sugieren que para evitar posibles secuelas hay que identificar, desde la gestación, la causa por la cual la mujer presenta una infección o una enfermedad tipo diabetes gestacional, anemia o embarazo ectópico, entre otras.

“De este modo, se trata el problema desde la base; muchos médicos, frente a una infección, formulan antibióticos y medicamentos de manera indiscriminada. Pero si no se ataca la causa fundamental siempre habrá una re-infección”, explica Ignacio Alvira Iriarte, urólogo de la Universidad del Bosque.

Infecciones que se pueden complicarDurante el embarazo, la mujer tiene sus defensas bajas por el nuevo ser que crece en el útero y al cual, ella y su organismo deben adaptarse. Por eso hay más riesgo de contraer infecciones. Las bucales y urinarias son las más frecuentes.

La gingivitis puede aparecer desde el tercer mes de gestación cuando inicia la producción de relaxina, hormona que relaja las articulaciones para facilitar el parto. El efecto de esta hormona puede llegar hasta los tejidos y ligamentos que se encuentran entre el hueso y los dientes, por lo cual se mueven y se separan, permitiendo la introducción de restos de comida entre ellos. Esto favorece la formación de placa bacteriana, la cual puede inducir a inflamación, sangrado y posible infección de las encías.

En la mayoría de los casos, la gingivitis se revierte con una buena y constante limpieza. El dentista, además, removerá las partículas que no caen, fácilmente, a través del cepillado. No obstante, si la madre no sigue una correcta rutina de higiene oral durante la gestación y luego del parto, formará sarro (combinación de restos de alimento, bacterias y calcio de la saliva) y correrá el riesgo de desarrollar periodontitis, una complicación de la gingivitis que afecta directamente al hueso, desatando la caída de piezas dentales.

Por su parte, la cistitis es una infección local (afecta solo a la vejiga) que no deja secuelas importantes, con excepción de casos como: que las bacterias que la ocasionaron sean particularmente agresivas, que la afección sea crónica y recurrente o que, durante la lactancia, la madre presente infecciones múltiples.

De no ser tratada adecuadamente, es decir, que la medicación y la dosis no sean las indicadas o que la infección ya esté demasiado avanzada, puede que las bacterias que la ocasionan generen resistencia para defenderse contra los medicamentos.

Estos factores hacen que ella esté propensa a contraer pielonefritis (infección en el riñón) que, de no tratarse a tiempo por el especialista, puede ocasionar daño renal permanente y llevar a enfermedad renal crónica. Sin embargo, la pielonefritis es poco común.

“Los cambios físicos y fisiológicos que se producen durante el embarazo, por ejemplo, dilatación de las vías urinarias, compresión del útero sobre las mismas, aumento de azúcares y aminoácidos en la orina que favorecen la proliferación de gérmenes, hacen que la madre con bacteriuria (infección caracterizada por la presencia de bacterias en la orina) sea más propensa a sufrir infecciones renales; de hecho, el principal problema de estas infecciones en el embarazo es inmediato: aumentan en un gran porcentaje la posibilidad de aborto o de parto pre-término”, enfatiza Alvira.

Seguir el rastro que dejan las enfermedades severasAmenazas de aborto, preeclampsia, desprendimiento de placenta, anemia y embarazo ectópico integran el abanico de enfermedades severas que, con cierta frecuencia, ponen en riesgo o suspenden la gestación.

Eventualmente, si la madre padece algunas anomalías como la amenaza de aborto (se manifiesta a través de hemorragias antes de la semana 24 de gestación), diabetes gestacional y embarazo ectópico, es susceptible de volver a presentarlas en embarazos posteriores.

Pero más allá de ser repetitivas, estas enfermedades pueden dejar secuelas en los órganos que intervienen en el periodo de gestación, y desequilibrios en las funciones orgánicas de la mujer.

Por ejemplo, aunque la diabetes gestacional (aumento del nivel de azúcar en la sangre luego de la semana 20 de embarazo, por sobrepeso, diagnóstico de síndrome de ovario poliquístico, diabetes previa al embarazo o acción hormonal) usualmente desaparece luego del parto, la mujer queda con un 50 por ciento de probabilidad de desarrollar una diabetes definitiva, tipo 2, en los 10 años siguientes.

Cuidar la tensiónAsimismo, la gestante que padece preeclampsia (clase de hipertensión que se caracteriza por el exceso de proteínas en la orina, hinchazón en las piernas y disminución del riego sanguíneo hacia el útero y la placenta) tiene el doble de riesgo de desarrollar enfermedades coronarias.

Además está expuesta a cuatro veces más probabilidades de sufrir hipertensión arterial y un futuro ataque cardíaco, según un estudio presentado, recientemente, por investigadores del London Institute for Women’s Health.

Por su parte, la anemia o falta de hierro en caso de embarazo múltiple, antecedentes de menstruaciones abundantes, embarazo adolescente y mala alimentación, puede generar en la nueva madre problemas neurológicos o arritmias cardíacas al mantener de forma prolongada las cifras de glóbulos rojos o la hemoglobina en valores inferiores a lo normal. Esta anomalía aumenta el peligro de mortalidad materna tras el parto.

Finalmente, un embarazo ectópico (cuando el embrión se instala fuera de la mucosa endometrial del útero y lo hace en los ovarios, cavidad abdominal o cuello uterino) deja una cicatriz en la trompa de Falopio que genera una obstrucción y hace que en embarazos futuros, el embrión vuelva a instalarse fuera del útero. Incluso, en caso de que siga creciendo, el feto puede romper las zonas en las que se alberga.

El estreñimientoAtoros. Durante el embarazo es común el estreñimiento, pues disminuye la producción de motilina, hormona encargada de estimular los movimientos gastrointestinales, para evitar que estos alteren el desarrollo del feto.

Asimismo, la presión del útero sobre el intestino disminuye su función y la progesterona producida en esta etapa desencadena trastornos digestivos y debilidad para que la gestante expulse las heces. Sucede que por las náuseas, muchas mujeres disminuyen el consumo de agua, fundamental a la hora de evitar el estreñimiento.

Este taponamiento debe desaparecer luego de los 40 días de ‘dieta’ durante la cual el cuerpo de la madre se reacomoda. Pero si no hay un manejo adecuado desde sus primeras etapas, puede causar lesiones como fisuras anales, hemorroides, sangrado rectal o infecciones urinarias.

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Por Pilar Bolívar CarreñoRedactora ABC del bebé

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