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Dulas, mujeres que acompañan antes, durante y después del embarazo

Dulas, mujeres que acompañan antes, durante y después del embarazo

Testimonio de una mujer que ha dedicado su vida a acompañar a embarazadas.

Dulas, mujeres que acompañan antes, durante y después del embarazo
Por: Margarita Barrero
03 de Agosto de 2012
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Ha visto cómo se convierten en mamás las niñas que vio nacer, ha acompañado hasta cinco nacimientos de la misma madre, ha estado en alumbramientos de gemelos, conoció los partos de nalgas y de pies, que ya no se hacen, y ha sido testigo de los avances de la medicina en los partos. Raquel Marroquín Toro es una compañera para la madre durante el nacimiento de su hijo. Esto ha hecho en 32 años de carrera.
Es una dula, una de esas mujeres que acompañan a las embarazadas durante el parto, que usualmente no son médicas ni tampoco parteras, sino auxiliares de parto, y se encargan de alentar a la madre durante el alumbramiento. La palabra dula se deriva del griego antiguo que significa ‘mujer ayudando a mujer’ y se utiliza para referirse a una experimentada en el parto, posparto, lactancia y crianza. En el caso de Raquel, más bien ha sido muy influenciada por su carrera, ya que es fisioterapeuta especializada en preparación de psicoprofilaxis obstétrica, mejor dicho, en el entrenamiento para lograr un buen parto. Después de haber acompañado a más de 2000 madres, Marroquín asegura que todos los partos son distintos, así sean hermanos: “Ninguno es fácil, pero es un momento importante en la vida que se puede manejar para lograr una buena experiencia. Ese es mi trabajo”, asegura.
Entre las curiosidades de sus recuerdos están casos como el de una mamá que tuvo sus primeros bebés con dos años de diferencia exactos. Y uno de los momentos inolvidables ocurrió un tiempo atrás, cuando una mamá de 18 años no lloró, como ocurre con casi todas cuando les alcanzan por primera vez a su bebé, sino que la joven acarició a su hijo de una forma tan distinta y especial que, según recuerda Marroquín, a ella y al doctor que presenciaron la  conmovedora escena les costaba no llorar: “No quería ver al ginecobstetra porque pensaba que se iba a burlar de mí, pero cuando lo miré, me di cuenta de que él estaba igual y que no quería que yo lo mirara, porque le estaba rodando una lágrima por la mejilla. Ella transmitía algo especial, fue muy impactante”, afirma.
También ha vivido partos fuera de lo común: “Un médico me pidió que acompañara a una mamá tailandesa que tenía la tensión alta y que no hablaba nada de español ni de inglés, yo lo hice y todo el tiempo me comuniqué por señas. Al día siguiente, cuando fui a verla, ella estaba con su bebé y su familia –todos hablaban raro– y me tocó la cara con mucho agradecimiento, como nunca lo habían hecho. No necesitamos palabras”, recuerda.
En el libro de su vida profesional hay de todo, y aunque reconoce que han sido muchos más los embarazos exitosos, también ha sido testigo de momentos muy difíciles: ha visto niños que nacen con problemas y bebés que  mueren antes de nacer.
El caso más complicado fue el de una mamá que estaba en trabajo de parto y cuando el doctor la examinó se dio cuenta de que el cordón venía por delante de su bebé, había que hacer una cesárea urgente, pero no tenían tiempo: “Yo pujaba más que ella –siempre pujo en los partos–. Fue una angustia muy grande y requirió de mucha habilidad médica, ya que a pesar de la situación, el parto fue natural, lo bueno fue que la mamá no se dio cuenta. Él era muy tranquilo y esa fue la única vez que lo vi caminando rápido. Finalmente, todo salió bien”, asegura.
El parto más triste que no ha sacado de su mente fue el de una mamá de bachillerato, en la época en que las ecografías no eran tan buenas como las de ahora: “Su bebé le nació con síndrome de Down y el doctor no se dio cuenta porque le pasaron el niño rápidamente al pediatra. Yo lo detecté de inmediato y la mamá percibió algo. Dar esta noticia no fue nada fácil y el ginecobstetra no quería hacerlo. Cuando le dijo al papá del bebé, él no entendía, y al abuelo se le vino el mundo encima”, dice con tristeza la fisioterapeuta, que es madre de dos hijos.
Una verdadera compañera
Raquel trabajó en Medellín como fisioterapeuta hasta que le propusieron seguir el camino de una colega que en Bogotá era preparadora para el parto: “Decidí hacerlo porque la creación de un ser es una maravilla. Empecé dictando el curso para preparar a las madres y, a la vez, acompañaba los partos. Cree una relación especial con mamás y con los médicos”, afirma.

Según ella, su misión es ser una guía y, por eso, les cuenta a las madres qué va a pasar exactamente. “Les enseño un solo tipo de respiración para que estén seguras y se defiendan, les hago relajación guiada para el momento del parto, para lograr el descenso del bebé y puedan dormir y descansar; además, les enseño los signos de trabajo de parto y esto les permite entender qué pasa para que no se asusten con lo que sienten o ven, y les enseño a saber cuál es el momento oportuno para salir para la clínica y que no sea una urgencia”, asegura.
Habla de la anestesia y la cesárea, también hace una clase práctica de pujo, otra de posparto y una de lactancia; no deja de lado la gimnasia, que facilita el trabajo de parto, disminuye molestias y ayuda a la recuperación posparto.
Ella sabe que su profesión no tiene horario: “Me pueden llamar un domingo a las 2 p.m., pero resulta que el parto puede ser el lunes a las 6 p.m.”, dice. Ya en la clínica, ella está con la mamá todo el tiempo y en comunicación con las enfermeras, los médicos y el anestesiólogo: “Me vuelvo parte del equipo”, afirma. Si la madre necesita un masaje, porque le duele la espalda, ella se lo hace; además, busca encontrar la posición para que se sienta más cómoda.  “Así, la mamá está más tranquila y respaldada, eso le da confianza, ya que el trabajo de parto es fuerte y ella piensa que no va a ser capaz”, asegura.
Llegado el momento, Raquel se pone la ropa de cirugía y se queda con la mamá mientras el médico la examina, cuando le ponen la anestesia y cuando está en dilatación le ayuda a pujar. En la sala de parto no la desampara, la guía y la ayuda. Aún después del nacimiento, colabora para lograr una buena respiración en la madre, y se cerciora de cómo está el bebé y de cuánto pesó.
“Lo más importante de todo el proceso es el parto. El nacimiento marca para toda la vida, define mucho del bebé, la mamá, la pareja y la sociedad. Cada día me maravillo al ver al recién nacido; es que es perfecto”, asegura. Cuando la mamá está en la casa, si se le complica algo, Raquel le ayuda en el hogar. Hace énfasis en que hay que quedar bien, y como chiste les dice: “Es importante cuidarse porque hay que tener otro hijo u otro marido”.
El movimiento en Colombia  
“El trabajo de las dulas ha sido parte de la historia de la humanidad, las madres siempre han tenido una mujer que las ha apoyado, aunque el término es más contemporáneo”, según la dula Camila Rivera.
Cualquier mujer puede desempeñar este papel siempre y cuando se entrene. No tiene que ser una profesional de la salud, porque no realiza tareas médicas, no diagnostica y tampoco receta. También hay dulos (hombres).   
Existen diferentes tipos de dulas: de parto, de posparto y de duelo. En Colombia, este oficio no está regulado por la ley, y oficialmente el entrenamiento apenas llegó a utilizarse el año pasado a través de la Dula Caribe, que está dirigida por Rita Aparicio, una partera profesional que vive en Estados Unidos, y
la representante de esta institución puertorriqueña, con sede en Bogotá, es la dula Lina Patiño, instructora de yoga prenatal y educadora perinatal.   
Antes de este certificado, una mujer aprendía de otra. Ya están certificadas más de 50 mujeres en Cali, Medellín, Bucaramanga, Manizales, Popayán y Bogotá. Hasta el año pasado, Colombia era el único país en el que no había certificación. La próxima se realizará en abril de 2013 y durará 5 días. La certificación acá tiene el aval del Ministerio de Educación de Puerto Rico.
El costo de la dula varía, puede estar entre 300.000 y 500.000 pesos. Cubre el apoyo desde antes del parto, con visitas de seguimiento para mirar cómo está la mamá y sus emociones, la presencia en el trabajo de parto y las visitas durante el posparto.  
Una de las misiones en Colombia de las dulas es establecer el tipo de parto y que la madre escoja, si quiere o no la inyección epidural o si está interesada en la episiotomía (incisión en la zona del perineo femenino) o si prefiere el rasgado natural cuando salga el bebé, y cosas sencillas como si requiere que le acerquen al bebé justo cuando nace. Abc.
Estudio
El pediatra neonatólogo Marshal Klaus ha demostrado que la presencia de la dula mejora la oportunidad de un parto vaginal natural, acorta el tiempo del trabajo de parto, reduce la necesidad de medicamentos para el dolor y recurrir a una cesárea innecesaria, y de episiotomía rutinaria, y hasta en un 60 por ciento el uso de la epidural, mejora la adaptación del neonato a la vida extrauterina, como la satisfacción de la mujer con el parto, la interacción de la madre con el infante y el inicio de la lactancia; además, disminuye la depresión posparto.
Más información:
Prana Yoga Colombia, calle 118 No. 5-33. Teléfono: 6296209. www.pranayogacolombia.com, pueden preguntar por Lina Patiño.  También comunicarse con Raquel Marroquín, en el 3158756979.

 

 

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