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Incontinencia urinaria, una consecuencia del parto vaginal

Incontinencia urinaria, una consecuencia del parto vaginal

La incontinencia urinaria posparto es más común de lo que parece: afecta al 30 por ciento de las mujeres. Algunos estudios han demostrado que el parto vagina

Incontinencia urinaria, una consecuencia del parto vaginal
Por: Andrea Linares
05 de Febrero de 2007
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La incontinencia urinaria posparto es más común de lo que parece: afecta al 30 por ciento de las mujeres. Algunos estudios han demostrado que el parto vaginal mal atendido puede dañar los músculos y los ligamentos que soportan los órganos pélvicos e inducir ese escape involuntario de orina.

Una de las razones es por dificultades en el trabajo de parto, debido a fetos grandes en relación con el tamaño de la pelvis de la mujer y al uso de espátulas o fórceps para sacar al bebé.

Una especialista en el tema, la doctora Linda Brubaker, profesora de ginecoobstetricia y urología del Centro Médico de la Universidad Loyola de Chicago, Estados Unidos, confirma lo anterior en un artículo publicado en el British Medical Journal, donde afirma: “siendo el parto vaginal el principal factor de riesgo para el daño del piso pélvico, si al menos no se puede evitar, los médicos deben intentar mitigar los daños con una adecuada atención pre y posparto”.

La longevidad, la obesidad, la gravedad, la falta de ejercicio, el daño en el piso pélvico, el tabaquismo, las infecciones urinarias y la multiparidad son, según el urólogo Cayo Mario Santos, factores de riesgo para desarrollar incontinencia.

También lo es el embarazo por la distensión del útero (el peso del bebé sobre la vejiga) y la dilatación de las estructuras que van a permitir la salida del bebé.

Incontinencia

Según el urólogo Santos, existen tres clases importantes: de esfuerzo, de urgencia y mixta. La primera es la salida involuntaria de orina al caminar, pararse, toser o, en casos extremos, al levantar objetos. Se corrige con cirugía. La segunda, cuando la mujer tiene deseos de orinar pero no alcanza a llegar al baño y se le escapan algunas gotas (a veces chorritos). Se trata con medicamentos. La tercera combina los dos tipos mencionados anteriormente y representa más del 90 por ciento de los casos.

La gestante tiende a sufrir incontinencia de esfuerzo.El piso pélvico

El problema de la incontinencia se produce por el debilitamiento de los músculos del piso pélvico. Estos sostienen la parte baja de la pelvis, es decir, el peso de los órganos abdominales como una especie de ‘arco protector o hamaca’ y ofrecen el sostén requerido para vejiga, útero y recto.

A través del piso pélvico pasan los conductos de salida al exterior de la uretra, la vejiga y el recto. Los músculos que lo cubren son una mezcla de tejidos que se abren con el paso del bebé. “Cuando esto sucede, se dañan, se abren y denervan (daño de los nervios); con los años y la menopausia se desestabilizan, lo cual se ve agravado si la mujer lleva una vida sedentaria”, dice el ginecoobstetra Carlos Díaz Támara, especialista en piso pélvico y ginecología urológica.

El embarazo, el parto, el estreñimiento, los deportes de impacto, la menopausia (los cambios hormonales provocan pérdida de flexibilidad e hipotonía) y la poca preparación para el parto pueden alterar la función o sostén del piso.

“Aunque si bien el principal factor de riesgo para la disfunción del piso lo constituye el parto vaginal, la cesárea también puede afectar los nervios de la vejiga y causar incontinencia de urgencia, ya que para sacar al niño hay que disecar la vejiga para llegar al útero y luego volverla a posicionar y, al hacerlo de forma continua (varias cesáreas), puede presentarse incontinencia”, recalca Díaz.

“La fase final del parto, que es muy activa, involucra todos los músculos de la pelvis y del piso pélvico. La mujer, entonces, debe realizar un esfuerzo físico enorme para expulsar al bebé”, afirma, por su parte, el urólogo Santos y, por lo tanto, agrega, todos los músculos y ligamentos de la pelvis se distienden.

Según el ginecoobstetra, también se afectan los tendones, las facias y los nervios, lo que puede provocar atrofia muscular y flacidez del piso pélvico. Estas alteraciones llevan a la pérdida del tono muscular y, con el envejecimiento, se llega al prolapso genital. El daño en el piso pélvico hace que se caiga la vejiga y se presente incontinencia, problema que no es aislado, ya que también pueden caerse el recto, la matriz y la vagina.

El piso también tiene que ver con la sexualidad (su alteración puede producir disminución de la sensación placentera vaginal) y su capacidad defecatoria, produciendo dificultad o dolor al momento de defecar o, por el contrario, incontinencia fecal de gases o sólidos.“No sólo hay que operar la incontinencia urinaria, sino corregir la función de la vagina, los problemas de prolapso uterino y las alteraciones rectales. Lo ideal es acudir a un urólogo o ginecólogo que maneje estos problemas en forma completa y definitiva”, finaliza Díaz.

Ejercicios de Kegel

Fortalecen y mejoran la elasticidad del suelo pélvico. Se hacen contrayendo y relajando el músculo pubococcígeo o elevador del ano (principal músculo del suelo pélvico) varias veces al día, con el fin de incrementar su fuerza y resistencia y así prevenir la incontinencia. Es conveniente realizarlos durante y después del embarazo.

Una forma de identificar el músculo es sentarse en el inodoro con las piernas abiertas, intentar detener la orina y dejarla fluir nuevamente sin mover las piernas. Esto sólo debe hacerse para reconocer el músculo. Otra manera de identificarlo es introducir uno o dos dedos limpios en la vagina y tratar de apretarla. Igualmente en la relación sexual, ya sea en la posición tradicional (misionero) o estando la mujer encima de su pareja y apretar la vagina contra el pene.

Después del parto, hay que consultar con el especialista el momento indicado para comenzar a practicarlos.

Según el departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Iowa, en un lapso de 6 a 12 semanas, con 200 repeticiones diarias de los ejercicios en cuatro series de 50, se ven los resultados.

Ejercicios más comunes

El lento. Se deben apretar los músculos como se hace al intentar detener la orina, tirándolos hacia arriba. Se contraen y se mantienen así mientras se cuenta hasta 5, respirando suavemente. Luego se relajan durante otros 5 segundos y se repite la serie 10 veces. La idea es aumentar, progresivamente, el tiempo de contracción y relajación. El rápido. Se aprietan y se relajan tan rápido como se pueda hasta que se experimente cansancio o hayan transcurrido 2 o 3 minutos. Se comienza con 10 repeticiones cuatro veces al día hasta llegar a 50. El ascensor. La vagina es un tubo muscular que tiene secciones en forma de anillo, una sobre otra. Hay que tensionar cada sección simulando el movimiento de un ascensor que sube lentamente desde la primera hasta la última y que desciende de igual forma. En el ascenso se hacen pausas y se sigue subiendo. Al bajar, lo mismo.

Tratamiento con cirugía

Según el urólogo Cayo Mario Santos, las intervenciones quirúrgicas se pueden dividir en invasivas (tradicional) y mínimamente invasivas (TVT).

Las primeras requieren hospitalización, anestesia general o regional, con heridas de 10 a 12 cm, que pueden ser abdominales o vaginales. También uso de sondas y su recuperación tarda 40 días.

Las otras son ambulatorias, con anestesia local y no requieren sondas en su mayoría. La de mayor éxito es el TVT (transvaginal free tensión tape), que consiste en efectuar dos pequeñas heridas de medio centímetro cada una, por vía vaginal, e introducir una cinta que se coloca en la parte media de la uretra con el fin de soportarla, formando una hamaca.

 

Por Andrea Linares G.Redactora ABC del bebé.

 

 

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