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Obstetricia selectiva, más que una moda

Obstetricia selectiva, más que una moda

Olvídese de las contracciones en la madrugada y de la ruptura de fuente en un taxi, porque ya existe la posibilidad de programar su parto.

Obstetricia selectiva, más que una moda
Por: Margarita Barrero
03 de Agosto de 2007
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Olvídese de las contracciones en la madrugada y de la ruptura de fuente en un taxi, porque ya existe la posibilidad de programar su parto.

El signo evidente que anunciaba la hora de ir a la clínica para nuestras abuelas y mamás era una mancha en la ropa interior. Pero los tiempos han cambiado; ya no es necesario esperar a que esto ocurra para actuar. Los conocimientos obstétricos actuales permiten planear y acordar la fecha exacta para el nacimiento de su hijo. Incluso, puede seleccionar la opción de parto adecuada según el caso.

“La tecnología, el sistema de salud operante y la Ley 100 han hecho que la relación médico paciente cambie. De las misma manera las conquistas en el terreno farmacológico y prenatal favorecen la obstetricia selectiva”, afirma el ginecoobstetra Julio Durán.

No en todas las EPS, ni en todas las clínicas que prestan servicio de plan obligatorio de salud se permite hacer esta selección. Usualmente se realiza en las que prestan servicios de medicina prepagada. “Cuando el embarazo está a término, si no tiene factores de riesgo y se determina que el cuello del útero está dilatado, es posible establecer una fecha y hora para el nacimiento”, cuenta el ginecoobstetra Andrés Daste.

Hay dos razones básicas por las que se programa un momento específico para el parto vaginal: la primera tiene que ver con las condiciones médicas, sean maternas, fetales o placentarias y la segunda, con las inquietudes personales de la paciente (un viaje, la presencia de su pareja o la necesidad de trabajar después de esta fecha). La decisión se toma siempre entre el médico, la materna y su cónyuge.

Según el ginecoobstetra Ricardo Cáceres, se debe cumplir con unas condiciones ideales para desembarazar en cualquiera de los casos: la mujer debe estar por encima de la semana 38 de gestación, lo que se verifica con una ecografía o estimando el peso fetal por encima de 2.500 gramos, es decir, cuando el bebé está totalmente desarrollado. Pero como toda regla tiene excepción, cuando hay restricción del crecimiento in útero, es decir, que el niño no encuentra en la placenta las condiciones adecuadas para su desarrollo es pertinente sacarlo de inmediato, así el niño no tenga la edad gestacional óptima. “Se recurre al parto programado también cuando la madre siente presión en la parte baja del abdomen y empezaron las contracciones. Sin embargo, lo más importante es que ya existan cambios a nivel del cuello uterino”, comenta el ginecoobstetra.

La explicación médica es muy sencilla: al final del embarazo el cuello del útero sufre modificaciones, ya que usualmente es largo, cerrado y posterior, pero a medida que se acerca el parto, adquiere las condiciones favorables, pues se vuelve corto, anterior y dilatado.

Una vez se toma la decisión y se cuadra el parto en el calendario, la embarazada se hace un edema para evacuar materia fecal el día anterior, por si acaso hay urgencia de cirugía.

¿Cuándo se debe programar?

Algunas de las indicaciones que se tienen en cuenta al disponer de un día exacto para el nacimiento son: que la embarazada presente preeclampsia, diabetes gestacional o mujeres que tienen problemas de coagulación. Según el gineccobstetra Cáceres, solamente se requiere cesárea “cuando las condiciones del útero son desfavorables, el bebé está en una posición transversa o la mujer tiene cirugías o cesáreas previas”.

Los fenómenos depresivos pueden afectar a la madre y su hijo: “muchas veces se llega al convencimiento de que lo mejor es sacar al niño; por el carácter emocional y sicológico que presenta la gestante; por ejemplo, después de algunos eventos como la muerte de un familiar o el miedo al embarazo; aunque no se debe confundir con la impaciencia que caracteriza a algunas embarazadas”, afirma el ginecoobstetra Julio Durán.

En los casos en que la embarazada ha pasado la semana 41 de gestación y el niño no ha nacido, se puede forzar el trabajo de parto con medicamentos que ayudan a alcanzar las características del útero maduro antes mencionadas.

A pesar de que los riesgos y los beneficios de una cesárea y de un parto son similares, en la primera técnica, que es quirúrgica, hay más posibilidad de infección y sangrado en la herida. Quizás esa es la razón por la que estadísticamente se presentan más hospitalizaciones posparto por cesárea electiva que por parto electivo.

Intervención quirúrgica programada

Se hace necesaria cuando está en riesgo la salud materna o del bebé y el tiempo es insuficiente para programar un parto, además porque este demora entre 8 y 12 horas. Según el ginecoobstetra Ricardo Martín, “las indicaciones médicas para que se realice son: hipertensión severa en la madre, enfermedad general descompensada e insuficiencia renal o cardiaca. También que el bebé tenga una malformación, insuficiencia placentaria o esté en una mala posición. Al igual es pertinente realizar cesárea cuando la placenta está previa u obstruye la salida del feto”.

Hay otra situación muy común por la cual se prefiere este tipo de parto que el natural. “Por el daño que sufre el piso pélvico cuando se hace parto vaginal. Estudios han demostrado que en Brasil la tasa de cesárea electiva es muy alta, básicamente porque las mujeres no quieren dañar sus órganos sexuales”, ejemplifica el ginecoobstetra Martín.

A nivel placentario hay razones que no son muy frecuentes pero sí agudas, como es el caso de los desprendimientos placentarios, una complicación que se manifiesta con contracciones frecuentes, espontáneas y provocadas.

También puede ocurrir que el cordón umbilical se desprenda y deje de oxigenar al niño, lo que pone en riesgo su vida. La mujer puede sangrar por dentro y producir coagulación dentro de los vasos sanguíneos, factor que compromete la vida de la madre.

¿Cómo es el nacimiento?

La idea es que el procedimiento sea igual o similar a un parto normal, pero su programación no garantiza que se reduzcan las complicaciones naturales y, por lo tanto, el riego de cesárea no es menor. En cualquier momento puede presentarse desproporción cefalopélvica o líquido meconiado y ameritar cirugía. “Cuando las condiciones son ideales no se aumenta la incidencia de cesárea. Es la paciente la que elige el tipo de parto sabiendo las probabilidades de riesgo que tiene”, afirma Ricardo Cáceres.

Las ventajas de tener un día en el calendario señalado para la llegada de su hijo es que va a estar hospitalizada en la clínica. “Durante este tiempo se monitorea el sonido del bebé y si se presenta una urgencia se detecta temprano”, comenta Andrés Daste.

Vale la pena mencionar que en cualquier institución privada el índice de cesárea es alto, oscila entre 40 y 50 por ciento, mientras que en los establecimientos públicos está en 25 por ciento. De los partos programados que terminan en cesárea, los de mayor problema son los de insuficiencia placentaria porque el bebé no resiste todo el proceso.

Efecto secundario de los medicamentos

Como todos los organismos son distintos, también puede ocurrir que estas drogas no funcionen como se espera e incluso produzcan contracciones frecuentes o causen sufrimiento fetal.

Los medicamentos pueden aumentar la frecuencia cardiaca y dilatar los bronquios. “Una consecuencia grave, si no se da la dosis adecuada, es la hipertonía uterina, la cual es un aumento en el tono porque el útero ha recibido muchos medicamentos que no son efectivos. Se produce un espasmo muscular que genera contracciones muy intensas y seguidas que conducen a una ruptura del útero”, comenta el ginecoobstetra Durán.

Estos riesgos se minimizan normalmente con el monitoreo constante de la paciente, ya que se miden las contracciones uterinas y el estado cardiaco. Si la frecuencia cardiaca del bebé desciende demasiado en el canal del parto, se se realiza de inmediato una cesárea.

 

 

Por Margarita Barrero F.Redactora ABC del bebé.

 

 

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