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Embarazo, ¿una montaña rusa?

Embarazo, ¿una montaña rusa?

Muchos cambios en el estado de ánimo se suscitan en esta etapa de la vida.

Embarazo, ¿una montaña rusa?
Por: Astrid López
03 de Octubre de 2014
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La noticia de que serían padres, seguro los impactó como pareja, pudieron sentirse infinitamente felices, como altamente desconcertados. Lo que sí es claro es que aquel fue uno de los momentos más inolvidables en sus vidas. Sin embargo, las sensaciones durante el embarazo no son iguales para la futura madre como lo son para el padre, pues los cambios físicos y hormonales en la mujer pueden alterar su estado de ánimo y la manera de afrontar esta nueva etapa.

Lo ideal siempre es que la gestación se viva en compañía, pero de no ser así, ¿el estar sola puede impactar el normal desarrollo del bebé? ¿Es factible que el niño que está por nacer reciba los efectos de la situación? ¿Un estado emocional alterado puede complicar la salud de la madre?

La verdad es que cada vez más muchas mujeres enfrentan su embarazo solas. Ya sea porque es su decisión, lo cual se da en mujeres maduras que buscan la maternidad, o porque el padre rechaza el embarazo, o terminan la relación, o por múltiples razones en las que la figura masculina no está presente en el proceso.

Sea cual sea el caso, la madre debe saber que su ánimo puede cambiar, así como lo hará su organismo. Por lo mismo, debe estar preparada y tratar de acoplarse a las situaciones y recibir cada una de estas de forma calmada, pensante y con buena actitud, para que ni su bebé ni usted sientan las consecuencias.

Emociones encontradas

Según Violeta Zúñiga, psicóloga clínica con maestría en Intervención en Salud Mental del Hospital Infantil Los Ángeles de Pasto, en condiciones normales, si se cuenta con una adecuada red de apoyo desde que inicia el embarazo, la mujer experimenta sentimientos de alegría. “El sentirse acompañada y respaldada en esta etapa incide de manera positiva en la salud mental de la madre y de su hijo. Si la madre es primeriza, una de tantas alegrías es la de realizarse como mujer”, lo cual traduce en una sana maternidad, dice Zúñiga.

Sin embargo, añade, no sucede lo mismo cuando el embarazo no ha sido deseado o es fruto de algún tipo de agresión, así al responder al nuevo papel puede tornarse conflictivo, incómodo y desconcertante, con una carga de inconformismo, infelicidad, y hasta rabia.

Además, comenta Zúñiga, “está demostrado, mediante estudios de carácter científico, que durante el embarazo existen cambios neuroquímicos y hormonales que afectan algunas zonas cerebrales y generan un incremento en la sensibilidad emocional”.

Igualmente, se agudizan los órganos de los sentidos. “Esta habilidad sería una respuesta evolutiva que prepara a la mujer para proteger y responder a las necesidades de su bebé. Así se garantiza la supervivencia y se afianzan los lazos emocionales.

También, sostiene la psicoterapeuta Nicola Suescún, se vuelven frecuentes los cambios de humor, gracias a los neurotransmisores (mensajeros químicos al cerebro) que se encargan de manejar los estados de ánimo. Acá, todo es incierto, algunas madres pasan sin control de la euforia a una profunda depresión y, al momento, vuelven a la normalidad y a sus quehaceres. Comúnmente, estos cambios surgen entre la sexta y décima semana de gestación, disminuyen hacia el segundo trimestre y se van cuando se acerca el parto.

Enfrentar un nuevo papel de madre, con responsabilidades, entregas y cambios en las actividades y organización del hogar, genera ansiedad. Otros instantes son de pánico y algunos de tristeza, pero todo está dentro de la reacción natural por los cambios hormonales.

Finalmente, síntomas físicos como las náuseas, el cansancio y las ganas frecuentes de orinar, pueden resultar muy molestos y alterar su estado de ánimo, lo que se convierte en un caldo de cultivo para que el día a día de la futura madre sea una verdadera montaña rusa.Cuando se vive en pareja

Si la pareja es estable, la presencia de un hijo le da mayor solidez a la relación, pero esta cambia en la forma de concebir el matrimonio, ya no son él y ella, para estar juntos, compartir, proyectarse y apoyarse, sino que esa ‘simbiosis emocional’ se transforma hacia lo familiar, llevándolos a pensar en mayores obligaciones y responsabilidades.

Por otra parte, también se afectan las relaciones sexuales, anota Zúñiga, “pues estas tienden a disminuir, por los malestares propios del embarazo”. Al respecto, el hombre debe entender que los ajustes hormonales harán que la futura madre se sienta cansada, inapetente sexualmente e incómoda como para disfrutar un encuentro íntimo.

Sin embargo, hay que tener cuidado con esto, pues no se pueden descuidar estos espacios. “Algunos hombres tienden a modificar la manera en la que ven a sus parejas, pues ya no es una mujer sino la futura madre”, explica. Por el contrario, muchas mujeres necesitan que sus esposos las busquen, pues esto las hace sentir atractivas, aunque su cuerpo esté cambiando. Hay que mantener el equilibrio, “ni él presionándola, ni ella en un continuo rechazo”.

Durante todo el embarazo es fundamental que la madre sienta el acompañamiento de su pareja. El papel del futuro padre es de vital importancia. Asistir juntos a los controles prenatales y compartir situaciones cotidianas hace que ese equipo se fortalezca y viva la etapa como una experiencia única e irrepetible.

El futuro padre debe estar preparado para evidenciar cada cambio en el cuerpo de su pareja y estar atento ante los altibajos emocionales que ella presentará.

Y si lo enfrenta sola...

De por sí, durante el embarazo los sentimientos están a flor de piel y suelen confundirse de manera estrepitosa, pues en él intervienen cambios hormonales, físicos y emotivos. Ahora bien, si a esto que suena tan complicado le sumamos una crisis como la de vivir la experiencia sin una pareja, pues la situación tiende a complicarse. Las razones por las que una mujer enfrenta sola el desafío de la maternidad pueden ser muchas. Posiblemente, un embarazo no planeado, que hace que el padre desaparezca; una relación que termina durante la gestación, o el padre que por alguna razón no puede estar presente, y las mujeres que deciden ser madres sin una pareja.

Según la psicóloga Carolina Molina, “una separación es un evento crítico de alto estrés para quienes lo viven, especialmente durante el embarazo, por eso es importante que esa madre cuente con el acompañamiento de su familia y amigos”, lo que se denomina una red de apoyo, que debe ser permanente, aun después del parto.

Para la doctora Violeta Zúñiga, hay que distinguir entre quien decide vivir la maternidad sola y la que por alguna circunstancia está sin compañía. “Son contextos diferentes, pues las primeras lo asumen con naturalidad, sin mayores traumatismos. En cambio, para las segundas la situación resulta angustiante y puede albergar sentimientos de soledad, incertidumbre y miedo”, esto, sin duda, influenciará ese embarazo.

Pese a lo traumático que pueda resultar el estar sola, ojo, no está demostrado que esto afecte físicamente al bebé, pero es posible que a nivel fisiológico la madre presente un cuadro extremo de estrés, liberando grandes cantidades de cortisol, la hormona que estimula la producción de prolactina y se dé un parto prematuro. Ante esto, Eduardo Naranjo, ginecobstetra de la Clínica de la Mujer, insiste en que “un divorcio no siempre se asocia con un parto prematuro, eso se da por otros factores”.

 

 

 

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