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Los antojos de las embarazadas son más una búsqueda de complacencia, que una reacción fisiológica

Los antojos de las embarazadas son más una búsqueda de complacencia, que una reacción fisiológica

Bananos con leche condensada, limones pelados, mamoncillos, tajadas, frutas ácidas  o miel sobre todas las comidas, son solo algunas de las preferencias que l

Los antojos de las embarazadas son más una  búsqueda de complacencia, que una reacción fisiológica
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27 de Abril de 2008
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Bananos con leche condensada, limones pelados, mamoncillos, tajadas, frutas ácidas  o miel sobre todas las comidas, son solo algunas de las preferencias que las mujeres en gestación adquieren durante este periodo.

En el primer trimestre, tiempo en el que empiezan a manifestarse los cambios, las hormonas hacen su  aparición y empiezan a ‘jugar en contra’. Los senos se vuelven pesados y aumenta el deseo por comer todo tipo de alimentos.

Aunque los nueve meses están llenos de alteraciones y necesidades, los antojos, que en ocasiones pueden obedecer a necesidades fisiológicas, están más relacionados con toda la cultura del embarazo que demanda especial atención y las madres terminan por convertirse en una especie de porcelana, cuidada por todos. Entonces comienza la hipersensibilidad de los sentidos, que en el primer trimestre puede llevar a una disminución del apetito, por la repulsión a ciertos olores. “Estás comiendo chicle de patilla”, le dijo Margarita, de cinco meses de embarazo, a una de las compañeras que acababa de entrar a la oficina; nadie más en la reunión se percató del aroma, mientras ella aseguraba que todo el lugar se había llenado del olor.

 “Definitivamente las hormonas se alborotan y los cambios que se presentan se combinan con las necesidades que empieza a presentar la materna y el contexto cultural, eso hace que ellas empiecen a buscar atención de los demás. Una de las maneras son los antojos”, dice Araméndiz.

 

¿Y las causas?No existe una base científica para determinar cuáles son las razones por las que las mujeres sienten una atracción particular por algunos alimentos durante la gestación y, mucho menos, por qué ocurre también en algunos futuros padres.

 En Los antojos de las mujeres embarazadas, publicado por la revista Ciencia al día, de la Universidad del Valle, Beatriz Eugenia Villa, sicóloga ginecoobstétrica, afirma que “los antojos pueden ser una manipulación sana para sentir solidaridad y comprensión, es decir, un  medio propicio para obtener ganancias secundarias o agregadas en una relación de pareja”.

En ocasiones, las mujeres aseguran que el estado de ánimo del feto está relacionado con los alimentos que ellas consumen y aunque es más un mito, el doctor Araméndiz asegura que “después de la semana 30, la placenta se impregna con algunos sabores de las comidas que ingiere la mujer, el pequeño lo percibe y le van a gustar más unos sabores que otros. Por otro lado, al consumir carbohidratos, estos se convierten rápidamente en energía para los pequeños, que empiezan a moverse con frecuencia y las madres interpretan este movimiento como una señal de agrado”, añade el especialista.

El problema comienza si la mamá no es capaz de controlar sus impulsos y se excede en una alimentación rica en calorías, que puede afectar el normal desarrollo de la gestación. “El embarazo es una de las etapas más maravillosas de la mujer, y cumplirle los antojos hace parte de ese sustrato sicológico que acompaña todo el proceso mágico de la gestación”, añade Aramendiz.

 

Dulces medidas

Las mujeres en gestación deben tomar conciencia de la importancia de una adecuada alimentación durante este periodo. “Es un regalo que las madres les dan a sus hijos”, asegura el ginecoobstetra Hernán Araméndiz.El peso aproximado que deben subir es entre 9 y 11 kilos durante todo el periodo de gestación, pero muchas exceden este peso y argumentan que deben comer el doble, porque ahora son dos. Esta tradición no es más que un mito, que termina por afectar el peso de la madre. Por el contrario, una alimentación sana y balanceada contribuye de manera significativa al desarrollo del feto.

Por eso, las bebidas altas en azúcar, como gaseosas, postres o carbohidratos como roscones o pan, no deben consumirse de manera desmedida. El consumo exagerado de estas harinas puede generar en las embarazadas intolerancia a los carbohidratos, que puede dar lugar a desarrollar diabetes gestacional.

Esta enfermedad, y la consecuente exposición del feto a niveles elevados de glucosa, puede ocasionar que el bebé tenga un mayor peso de lo normal, aumenta el riesgo de aborto, y anomalías congénitas; además hay riesgo de una posible hipoglicemia en el niño, dificultades respiratorias y problemas cardiacos. Por eso, la mujer siempre debe tener  control médico de su peso y estado nutricional.

Araméndiz recomienda consumir frutas, verduras y carnes. “Estas siempre deben estar muy bien cocinadas, para evitar que cualquier bacteria pueda hacer tránsito a la madre”.

Una buena alimentación se ve reflejada en el estado de salud. Araméndiz señala que “nosotros somos lo que comemos”, y precisamente el desarrollo del feto también depende de lo que la madre come; si, por el contrario, no ingiere en su dieta diaria los alimentos necesarios para su fortalecimiento y el del bebé, aunque nazca a término, puede presentar bajo peso con consecuencias posteriores futuras, como retraso en el crecimiento, entre otras.

Por Juliana Rojas H.

Redactora ABC del bebé

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