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Una de cada cinco colombianas de 15 a 19 años ha estado embarazada

Una de cada cinco colombianas de 15 a 19 años ha estado embarazada

Testimonio de una niña que fue mamá a los 19 años.

Una de cada cinco colombianas de 15 a 19 años ha estado embarazada
Por: Redacción ABC del bebé
14 de Octubre de 2013
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“Tener un bebé no planeado sí que es un drama. Quedé embarazada justo cuando cumplí 19 años, era solo una niña que apenas intentaba conocer el mundo. A diferencia de muchas jóvenes de mi edad, no quedé embarazada con la ruleta sexual que se practica en algunas zonas de Medellín, tampoco por perder la noción del tiempo tras emborracharme con mis amigas y, menos, porque me hubiera fumado un ‘cacho’ de marihuana. Es más, debo confesar que era una mojigata.

Tenía dos años de noviazgo, y un mes antes de tener relaciones sexuales empecé a planificar con pastillas. Sin embargo, el método falló. Quedé embarazada la segunda vez que hacía el amor con mi pareja. ¿Que si lo disfruté? Claro que sí, pero es un gozoso que me ha costado bastante. Muchas veces me he detenido a pensar, ¿por qué a mí? Inexperiencia, desconocimiento, mala suerte, cualquiera de las anteriores.

Sospeché de la llegada del bebé porque tuve un retraso. Me hice la prueba de sangre para conocer el resultado y ese ha sido el positivo que más alegrías y tristezas me ha dado la vida. Me gané la lotería con mi hijo, pero tal vez en ese momento hubiera deseado un positivo para el ingreso en una universidad, una mejor oferta laboral o un viaje al exterior.Recibimos la noticia sentados en la banca de un parque. Eran las 6 de la tarde, nos encontramos cuando yo salía de trabajar. Falté a clase esa noche. Al final, llamé a una amiga para contarle lo sucedido, no quería ni siquiera ver al papá de mi hijo, lo odié tanto como pude y le decía que él era el causante de mi situación, con el tiempo entendí que éramos dos.

Tenía miedo de que me descubrieran mis padres, no quería que me ‘echaran’ de la casa y menos que no pudiera seguir en la universidad, para ese entonces cursaba séptimo semestre de comunicación social. Mi pareja me prometió amor eterno, apoyarme y no dejarme sola. Muchas palabras, y yo las creí. Días después, él tuvo un cambio de planes: me propuso abortar y yo acepté. Estaba muy nerviosa, lloraba todo el tiempo y no quería hacer nada, ni siquiera bañarme. Una semana más tarde fui a un consultorio deprimente de la famosa calle 34 en Bogotá, tenía que pagar 200.000 pesos por aquel ‘trabajo’. Me quité la ropa desde la cintura hacia abajo y me puse una bata. Pasaron cinco segundos, con las piernas abiertas y un recipiente grande cerca a mis genitales para arrepentirme y decidir tener a mi bebé.

Al día siguiente, cuando le pedí a mi pareja dinero para una ecografía, me respondió con una frase alentadora: “ayer tenía, hoy no”. Cuando pude hacerme la ecografía ya tenía cuatro meses de embarazo, el dinero lo reuní de lo que me daban mis padres para fotocopias o buses, porque para ese entonces ya no tenía trabajo.

Mi mamá fue la primera en enterarse, yo le conté. Inicialmente recibió la noticia con tranquilidad. Pero a la semana entró en depresión debido a los comentarios de mis abuelos, tíos, familiares y ‘amigos’. Mi papá estaba de viaje y ese mismo día, a las 11 de la noche, me llamó y me dijo: “sabes que eres mi hija y siempre te voy a apoyar en lo que necesites”. Ya sabía de qué se trataba. Al regresar a casa, lloró como un bebé (es la única vez que lo he visto llorar). Tuve un embarazo tranquilo, intenté leer sobre estimulación, educación, crianza y cuidados. Lo alternaba con mis tareas de la universidad, hasta que, finalmente, llegó el día de dar a luz. Estuve acompañada de mis padres porque el papá de mi hijo me abandonó. Supe de él una semana después para decir que no iba a responder por el bebé.Mi situación con él

No responder por el bebé, sí lo cumplió. Mi hijo ya tiene 7 años. Anualmente envía con su madre no más de 150.000 pesos, hace tres años lo llevó una vez al colegio y lo llamó por teléfono el día de su cumpleaños, una vez fueron a cine y se han cruzado un par deveces en la calle.

Aunque mi papá ha hecho muy bien la tarea de ser abuelo y padre, supongo que a mi hijo le ha hecho falta jugar un partido de fútbol, recibir un abrazo o un beso de su papá.A mí me duele no tener respuestas cuando mi hijo me pregunta: ¿por qué mi papá no me quiere?, ¿en qué me parezco a mi papá?, ¿qué he heredado de él? Y él sale con frases como “no te conozco”, “él no necesita porque sus papás le dan comida y dormida”, “métalo en un colegio distrital donde no hay que pagar y así le saldría todo gratis”. Crecer sin un padre no es tan normal como dicen. Yo no soy mamá y papá a la vez, solo una madre fuerte, de carácter, noble y amorosa que me esfuerzo día a día por darle lo mejor a mi hijo, porque lo amo por encima de todo. Sé que no eran ni el papá ni el momento, pero el niño es mi vida.A cada joven a quien puedo dar un consejo le digo que piense las cosas, reemplazar un día de estudio, bicicleta, rumba, amigas o ir de viaje por cambiar pañales y preparar teteros, no es tan atractivo como parece. A menos que sea una decisión en pareja, donde haya un verdadero apoyo y compromiso, estabilidad emocional y económica, entre otras cosas”.

En Colombia

Aunque se dice que las cifras de embarazo en las adolescentes han descendido en la mayoría de los países en desarrollo durante los últimos 20 años, la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS 2010) reveló que una de cada cinco mujeres de 15 a 19 años ha estado alguna vez embarazada; de ellas, el 16 por ciento son madres y el 4 por ciento está esperando su primer hijo.

Tal y como lo revela el informe, “los embarazos a muy temprana edad forman parte del patrón cultural de algunas regiones y grupos sociales, pero en las grandes ciudades generalmente no son deseados, y se dan en parejas que no han iniciado una vida en común”.Bogotá fue la ciudad donde se registró mayor proporción de adolescentes gestantes.Esteban Caballero, director regional del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa), aseguró para la Agencia Pandi, “tenemos una cultura en la que no se quiere admitir que los adolescentes se inician en la sexualidad relativamente temprano, que son seres sexuados”.Por su parte, Tania Patriota, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en Colombia, afirmó “el embarazo en la adolescencia es causa y consecuencia de grandes desigualdades socioeconómicas y un obstáculo para el desarrollo en la región, pues reduce las posibilidades de que las madres adolescentes culminen sus estudios, se vinculen al mercado laboral y tengan condiciones de vida dignas”.

Estudios recientes revelan que existen factores que aumentan la posibilidad del embarazo precoz, como por ejemplo la violencia intrafamiliar y el limitado acceso a la educación y a los métodos anticonceptivos. Colombia ha asumido el compromiso de disminuir el embarazo adolescente a un 15 por ciento, como un Objetivo de Desarrollo del Milenio.Según Caballero, el embarazo adolescente está estratificado. El porcentaje aumenta de manera relevante en los sectores más pobres, y esta diferencia podría ser hasta tres veces mayor que en los estratos más altos de la población. Por cada año adicional de escolarización, las tasas de fecundidad se reducen entre un 5 y un 10 por ciento. De esta manera, la educación sobresale como un factor protector para que las mujeres tengan la capacidad de planear su vida.

Así, pues, la muerte materna está íntimamente relacionada con el embarazo adolescente, ya que se cree que las jóvenes tienen al menos cuatro veces más probabilidades de morir que las mujeres mayores de 19 años. En América Latina y el Caribe, la primera causa de muerte para las mujeres entre 15 y 19 años está relacionada con el embarazo. Anualmente, por cada 100.000 nacidos vivos se registran 80 muertes. Las complicaciones del embarazo y el parto son las principales causas de fallecimientos, y la ausencia o mala dotación de centros de salud para brindar toda la atención que requiere una madre gestante.Ahora bien, muchos de estos embarazos terminan en abortos practicados por personas empíricas y en condiciones inadecuadas, poniendo en peligro la vida de la madre, reveló la encuesta.

Otro factor preocupante del embarazo adolescente son los abortos inseguros. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se producen 22 millones de ellos, que provocan la muerte de alrededor de 47.000 mujeres en el mundo. Un aborto inseguro es un procedimiento para finalizar un embarazo no deseado, realizado por personas que carecen de la capacidad necesaria o que se lleva a cabo en un entorno donde se carece de un estándar médico mínimo, o ambos. Asimismo, aseguraron que el aborto inseguro es una causa importante de mortalidad materna que puede, y debe, prevenirse mediante la educación sexual y la planificación familiar. 

 

 

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