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Cálculo renales y embarazo: riesgos para madre y feto

Cálculo renales y embarazo: riesgos para madre y feto

La presencia de cálculos en los riñones no disminuye la posibilidad de quedar en embarazo, pero las molestias derivadas de estos sí pueden alterar el curso n

Cálculo renales y embarazo: riesgos para madre y feto
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03 de Agosto de 2007
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La presencia de cálculos en los riñones no disminuye la posibilidad de quedar en embarazo, pero las molestias derivadas de estos sí pueden alterar el curso normal de este.

Durante la gestación, afirma el médico urólogo Gabriel Moyano, existen factores que aumentan la posibilidad de desarrollar cálculos urinarios, principalmente el aumento de los niveles de progesterona en la sangre y el crecimiento progresivo del feto, especialmente en el tercer trimestre (lo que presiona los uréteres contra la pelvis ósea), que disminuyen la velocidad del flujo a través de las vías urinarias, desde el riñón hasta la uretra.

Según el ginecoobstetra Pablo Andrés Victoria, la presencia de cálculos en los riñones o incluso en la vesícula biliar (muy diferentes a los del riñón) no son factores que contraindiquen el embarazo, pero es conveniente tratarlos antes de la mujer concepción, por el riesgo de manejo quirúrgico y tratamientos complementarios que se puedan necesitar.

Durante el embarazo, los uréteres suelen dilatarse ligeramente por efecto de la progesterona. Por acción de esta misma hormona, el vaciamiento de la vesícula se hace más lento, y en caso de que allí existan cálculos, la mujer puede experimentar aumento de los dolores y de los síntomas que incluso pueden requerir cirugía, explica el ginecoobstetra Pablo Victoria.

¿Qué son y cómo se tratan?

Los cálculos renales, explica el doctor Moyano, son cúmulos de cristales minerales (calcio, oxalatos, fosfatos, ácido úrico, cistina y otros) que al compactarse forman una estructura sólida cuya dureza depende de los componentes, ubicación y tiempo de permanencia en este.

“En condiciones normales, la orina que produce el ser humano contiene agua y diferentes sustancias, entre las cuales están los minerales mencionados, en forma de cristales de tamaño microscópico que se expulsan sin darnos cuenta. Debido a condiciones propias del riñón, enfermedades metabólicas y a factores externos, estos cristales se pueden acumular, formar arenillas y luego cálculos dentro de los conductos urinarios”, señala el urólogo Moyano.

El tratamiento es específico para cada caso e incluye el aumento de la cantidad de líquido que se ingiere (para que haya micción frecuente), cambios en la dieta y en algunos casos observación médica permanente y procedimientos externos como cirugía endoscópica, laparoscópica o abierta.

La gran mayoría de los cálculos en la vía urinaria se eliminan con la orina sin que la persona lo sepa y otras veces sólo con intervención médica. La presencia de dolor severo o prolongado que no cede con medicamentos, el riesgo de deterioro de la función renal, la sospecha de infección urinaria o la persistencia del cálculo en un sitio de riesgo son causas para decidir una intervención quirúrgica.

En la embarazada: si ya tenía los cálculos renales, debe ser tratada por un urólogo, quien seguirá su caso durante los nueve meses. En ocasiones, estos pueden permanecer sin molestias pero en otras, generar complicaciones.

Comúnmente, explica el ginecoobstretra Pablo Andrés Victoria, se tratan los síntomas con analgésicos y antiespasmódicos. A quienes no responden a este tipo de manejo se les pueden prescribir medicamentos más fuertes. Si el problema persiste y se agudiza, se contempla la posibilidad de una cirugía.

“Cuando se requiere intervenir a una mujer en embarazo, aparte de las consideraciones usuales de la enfermedad, se toman en cuenta la edad gestacional (entre más avanzado, mayor dificultad), las restricciones en el diagnóstico médico (en los posible no se deben tomar radiografías), los recursos médico-tecnológicos disponibles de la clínica u hospital, o la posibilidad de remisión a un sitio donde se encuentren, y los riesgos propios del tratamiento para la madre y para el feto”, explica Moyano.

Luego de un análisis riesgo-beneficio hecho de manera conjunta entre el obstetra y el urólogo, se escoge la alternativa que represente menos riesgo para solucionar el problema de la gestante.

Aquí cuenta también la opinión de la embarazada y su pareja que, en lo posible, deben conocer con detalle su situación en particular y cuáles serían los riesgos de cualquier decisión tanto para la salud de la madre como la de su pequeño hijo.

Cómo afecta al feto

Tener cálculos en el riñón o en la vesícula no afecta directamente al feto ni su desarrollo. Tampoco le producen malformaciones. El riesgo fetal se presenta frente a la posibilidad de un parto prematuro en caso de requerirse una intervención quirúrgica.

Una forma indirecta en la cual el bebé pudiera verse afectado, señala el obstetra Pablo Victoria, sería si un cálculo renal obstruyera la vía urinaria. El riñón de la embarazada sufriría un proceso de deterioro progresivo hasta volverse casi inservible.

Según el urólogo Gabriel Moyano, hoy en día la mayoría de los casos de cálculos renales asociados con el embarazo se solucionan satisfactoriamente, “pero no se debe olvidar que las posibles complicaciones asociadas con la enfermedad o el tratamiento pueden afectar la salud de la madre y del feto, incluyendo la pérdida de este o un parto prematuro”, concluye el especialista.

Síntomas y factores de riesgo

Con frecuencia, el diagnóstico de cálculos renales se asocia a la presencia de dolor severo, pero a veces son prácticamente imperceptibles o generan molestias leves. Sin embargo, pueden llegar a causar infecciones, daño en los riñones o en los conductos urinarios.Hay varios factores que aumentan el riesgo de la enfermedad, como tener problemas metabólicos, endocrinos o digestivos, los cuales favorecen la eliminación exagerada de los minerales en la orina o la pérdida aumentada de líquidos.

Es importante recalcar, como lo señalan los expertos en el tema, que se debe mantener una buena hidratación corporal, especialmente quienes ya han tenido cálculos anteriormente. No hacerlo es una conducta que favorece su aparición.

Por Andrea Linares G. Redactora ABC del bebé.

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