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Cuando le dé hambre, comerá

Cuando le dé hambre, comerá

Por Carlos Francisco FernándezAsesor médico Casa Editorial EL TIEMPO No se haga el gringo y empiece por entender que lo niños no son clones de fábrica. Por

Cuando le dé hambre, comerá
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15 de Abril de 2010
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Por Carlos Francisco FernándezAsesor médico Casa Editorial EL TIEMPO

No se haga el gringo y empiece por entender que lo niños no son clones de fábrica. Por lo tanto, así como no deben comportarse de la misma forma, tampoco tienen ni las mismas ganas ni los mismos gustos en materia de comida.

Lo digo porque seguro tendrá que escuchar en la casa la eterna queja materna por la “falta de apetito del nené” o la preocupación por el desgano que muestra frente al plato, comparada con la voracidad de algún primito o compañerito de jardín.

Como el kit de papá parece venir sin los genes para responder y colaborar en este aspecto, cuando el problema aflora usted simplemente se hace el sordo. Pues ya es hora de que se baje de la nube y, sin mayores aspavientos, aprenda que hay niños que por naturaleza, y sin que medie ninguna enfermedad, son quisquillosos con la comida.

Métase en la cabeza que las complicaciones de verdad sólo empiezan cuando el chiquilín se niega a comer por completo, tanto lo que le gusta como lo que no. Lúzcase con la suegra y gánese el corazón de su señora memorizando este dato: si la inapetencia en los niños (incluso en aquellos que comen poco) se mantiene por más de un día, eso es sinónimo de enfermedad. Así de clarito. En este caso, apresúrese y busque un termómetro y acomídase a tomarle la temperatura, échele ojo a ver si se muestra indiferente o quejumbroso, si está irritable o si deja de hacer cosas que antes hacía. Ése es su papel… ¡Y al médico!

Ahora, si la criaturita está bien, y aun así le huye a la comida, el asunto cambia de color. Revise si está durmiendo bien, si de pronto no ha tenido suficiente actividad, si algo lo está asustando o si simplemente está llamando la atención para que le paren bolas o insinúa que le devuelvan el “pechiche”, que hace rato no le dan. Revise… En todo caso, no se agite ni pierda la calma. Tranquilito.

Voltee a mirar a su señora, respire profundo y repitanse en coro: “Cuando tenga hambre, comerá”. Recuerden que si en el comedor se salen de los chiros, con eso no se consigue nada y la comida le caerá mal a todo el mundo… ¡Ni de vainas griten ni amenacen! Tampoco lo sobornen. Nada de “si te comes todo te doy un helado”. Eso es peor. Tampoco le ponga tiempo para retirarle el plato y mucho menos le ruegue que coma; no se desespere, déjelo. Si el niño está bien, no ha perdido peso y se muestra activo, fresco.

Le insisto: voltee a ver a su señora y repitan en coro: “Cuando tenga hambre, comerá”.

 

 

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