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¿Cómo se vive con trastorno de ansiedad y depresión en el embarazo?

¿Cómo se vive con trastorno de ansiedad y depresión en el embarazo?

A veces, no medicar podría ser más nocivo para el bebé. Tratamientos.

embarazada triste
Por: Karen Johana Sánchez
17 de Agosto de 2012
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Solo tenía momentos tranquilos cuando estaba dormida: esa fue la realidad de Sandra García durante sus dos embarazos.
 “Sentía mucho miedo. Si me decías a qué, yo no sabía. No podía estar sola. La gente me decía: ‘¿qué pasa si tienes un hogar, un esposo y estás bien económicamente?’ Una cantidad de consideraciones que tenía claras, pero que no me quitaban el miedo”, cuenta Sandra.
En el primer embarazo, la tristeza también le imposibilitó disfrutarlo. Era complicado ir sola a una tienda, al supermercado; a las reuniones con amigos iba con su esposo. Y mientras él trabajaba, ella permanecía con sus padres.
Meses después de haber nacido su hija, hace 9 años, se sintió mejor y retomó su vida. Por eso, no creyó necesario pedir ayuda.
Pero en el segundo embarazo, Sandra sintió enloquecerse y estar padeciendo un infierno: “Las manos me temblaban toda la mañana, podía controlarlas hasta la tarde; pero la sensación de angustia nunca pasaba, a menos de que lograra dormir”.
Los síntomas normales del embarazo, para Sandra, pasaron a otro plano; eran casi imperceptibles. Debía estar acompañada siempre; para llevar a la niña al jardín, lo hacía con su esposo, luego se iba a casa de sus padres. “No podía estar sola con la niña; yo pedía que la retiraran de mi lado porque ella no podía verme angustiada y llorando. Fue duro, porque antes de estar embarazada éramos muy unidas”.
A los 3 meses pidió ayuda. Intentó sanarse con un curso de metafísica o de poder mental, aconsejada por su padre. Aunque los síntomas disminuyeron, no fue suficiente para controlar el problema. Finalmente, acudió a la psiquiatra. El diagnóstico que le dio: trastorno de depresión preparto.
Asistió a terapias con la psiquiatra, pero era tanto su desasosiego que optaron por la medicación. Su esposo tenía temor de que afectara al bebé, por información que había encontrado. Por eso, dice ella, “me daba un poquito de angustia saber qué problemas podía traer para el bebé la medicina, pero confié en la doctora y en las dosis que me daba”.
Sandra dice que los medicamentos le permitían sobrevivir y dormir, pero no arreglaron su problema sustancialmente; aún estaba sufriendo y no desaparecían el miedo ni la tristeza. Su esperanza más cercana, entonces, era que naciera su bebé para superar completamente el trastorno, pero tampoco fue así. Siguió el tratamiento durante el posparto y se disminuyó la dosis de su medicación, para poder amamantar a su bebé.
Algunos fármacos pueden pasar a la leche materna y producir efectos nocivos en el recién nacido, dice el doctor Tito Antonio Rosan, médico psiquiatra, exdocente de la Universidad de Buenos Aires y coautor del estudio “Uso de psicofármacos en embarazo y lactancia”. El bebé puede tener alteraciones cognoscitivas, irritabilidad, somnolencia o mal dormir.
 Para esto, dicen los expertos, hay métodos de control: se cambian o suspenden las dosis, según el diagnóstico. Y se le informa al pediatra para que monitoree al niño.


El estrés del embarazo
La gestación es una experiencia impactante; la mayoría de veces, positiva. Sin embargo, también puede generar ansiedades normales en una mujer embarazada: “Es una experiencia fuerte, biológicamente intensa. El cuerpo experimenta una serie de fenómenos que impactan la parte física. A nivel psicológico, hay muchas expectativas de tener hijos, de saber cómo serán, de si ella es capaz de desempeñar el papel”, explica el médico psiquiatra y psiconalista Efraín Noguera Alfonso, especialista de la Fundación Santafé de Bogotá.
Incluso, añade Rocío del Pilar Barrios, médica psiquiatra, experta en temas relacionados con la mujer y la ginecobstetricia de la Clínica Reina Sofía, la gestación es un estado de alerta en el mundo interno femenino, porque implica esfuerzos a nivel psíquico importantes para “construirle un lugar y un significado en el mundo interno a ese hijo y
adaptarse a un nuevo papel en la vida que va a ser trascendente”.
Según un estudio, el primero y tercer trimestres de la gestación se caracterizan por generar mayores niveles de ansiedad en las mujeres. El primero, por adaptarse a una nueva situación. El segundo, por la impaciencia de concluir el embarazo y conocer al niño.
Pero siempre hay un límite entre las ansiedades normales y los trastornos de salud mental: cuando esa ansiedad y tristeza producen alteraciones en la vida de una mujer, ya sea en el ámbito laboral, social, familiar o conyugal, como por ejemplo imposibilidad de salir de paseo con los niños, incapacidad
laboral permanente o peleas constantes y extremas con la pareja, relacionadas con el tema.
Generalmente, esto ocurre en mujeres con antecedentes personales y/o familiares directos de depresión o bipolaridad, afirma el doctor Tito Rosan.
El embarazo, como es un evento estresante, puede reactivar estos síntomas ansiosos o depresivos, que son los más frecuentes. Funciona como un disparador que también tiene un ingrediente hormonal y genera vulnerabilidad emocional.
Las mujeres también son susceptibles de un trastorno, especialmente depresivo, cuando se ven sometidas a un episodio triste; embarazadas son más vulnerables.
El libro Psicopatología de la mujer indica que “en las últimas décadas se ha demostrado repetidamente que entre el 30 y 40 por ciento de las gestantes presenta síntomas depresivos y/o ansiosos inespecíficos”.
La presencia de los trastornos depresivos “fluctúa entre un 10 y 16 por ciento”, según la publicación. Estos se reconocen por dos grandes síntomas: tristeza permanente durante casi todo el día y con duración de, por lo menos, dos semanas seguidas, y la dificultad para obtener gozo o placer. En cuanto al primer síntoma, dice el doctor Noguera, “la paciente no siempre se da cuenta de que está triste; a veces, otros lo notan. Y esta señal puede estar asociada o no con llanto”.
Aparte, se pueden presentar ideas de muerte, suicidas, minusvalía, desesperanza, pereza, decaimiento físico. O, a veces, lo contrario: inquietud, acompañada siempre con tristeza; pérdida o aumento exagerado de apetito y peso, dificultad para dormir o ganas de dormir todo el tiempo. Cada circunstancia en extremo.
“Para el diagnóstico de un trastorno depresivo se tienen que presentar uno de los dos primeros síntomas, y por lo menos cuatro de los demás”, añade el médico.
Por otro lado, están los trastornos de ansiedad. Estos ocurren dos o tres veces más a menudo en mujeres que en hombres, y generalmente aparecen  durante su periodo fértil, según datos de la publicación Psicopatología de la mujer.
Los síntomas son: miedo, angustia, temor al ‘no sé qué’. Se tienen pensamientos negativos y catastróficos. “En el embarazo normal, los pensamientos ansiosos no son generalizados y se relacionan con la seguridad de la madre y el hijo”, indica el libro.
Entre las manifestaciones físicas se encuentran la sudoración excesiva en las manos o en todo el cuerpo, temblor, especialmente en las manos. Taquicardia, palpitaciones, aumento de la frecuencia respiratoria, mareo, desvanecimientos, vértigo, náuseas, vómito, dolores abdominales, diarrea, ganas de ir al baño con mucha frecuencia.
Cabe anotar que, como los síntomas de estas patologías son tan parecidos a los de la gestación, por lo general el ginecobstetra ayuda en el diagnóstico.  


¿Cómo tratarlos?
Los trastornos de depresión y ansiedad se manejan con terapias psicológicas y medicamentos psiquiátricos.
Otra opción es el Tecar (terapia electrocombulsiva con anestesia y relajación muscular). Se usa  en pacientes con trastornos depresivos que no responden a las terapias anteriores o con alteraciones severas. “Siempre se deja como última opción.
Aunque es muy buena y no deja secuelas, no hay conocimiento de que se lo hayan hecho a una mujer embarazada en Colombia”, dice Noguera.
El objetivo de las psicoterapias es optimizar la salud mental de la gestante y minimizar los riesgos para el feto. “La idea es reforzar el vínculo con el hijo. Empoderar y calmar a la mujer en un momento de tensión, decirle por qué está ansiosa y por qué no puede controlarlo. Hacerle caer en la cuenta de que no es mala por eso”.
La psicoterapia la realizan un psiquiatra o un psicólogo entrenado.
Por otro lado, se encuentran los fármacos. La decisión de usarlos es individualizada y se prescriben tras hacer un balance y un análisis entre los riesgos y beneficios que tienen para el paciente y su bebé.
Al respecto, el doctor Rosan dice que esta indicación solo debe hacerse en aquellas situaciones en las que el trastorno mental de la madre ponga en peligro su salud integral (y por ende la de la criatura) o, incluso, su vida. De ser posible, corresponde hacer un seguimiento médico y psicológico de contención, intenso y frecuente, hasta que la mujer pueda ser medicada.
Medicar o no a la paciente también depende de si ha tenido crisis anteriores sin estar en embarazo, pérdidas (abortos, a repetición o asociados), de cómo son sus relaciones de pareja y afectivas, su vida laboral y el apoyo familiar.
Ningún tratamiento en psiquiatría es la panacea, enfatiza el doctor Noguera. Generalmente se usan combinaciones de la psicoterapia y los psicofármacos. Tanto en los trastornos de ansiedad como en los depresivos se usan los mismos medicamentos: los antidepresivos.
La doctora Barrios dice que estos tienen un efecto sobre la ansiedad y el ánimo, no causan dependencia y, contrario a lo que se cree, no es medicación para ‘locos’ ni es de alto riesgo en el embarazo. “Solo hay una o dos familias de antidepresivos que han causado labio leporino o algún problema, pero esos ya no se prescriben”, añade.
En el embarazo, los medicamentos se restringen especialmente en el primer trimestre, pues es el periodo de embriogénesis del feto; es decir, la etapa de la formación de órganos del bebé y la de más riesgos de sufrir una pérdida.
El tratamiento lo define el psiquiatra y hay evidencias científicas que demuestran que hace más daño que una madre esté deprimida o ansiosa durante el embarazo, a nivel biológico para el bebé, a que tome medicamentos.
Esto “porque lo que altera a una madre no es solo el hecho de que no se pueda vincular psíquicamente con su bebé, sino cómo vive bajo tensión. Es decir, hay unas sustancias que aumentan bajo estrés, van al útero, alteran los metabolismos en la placenta y disminuyen la posibilidad de neurogénesis del bebé. Es decir, el crecimiento de neuronas. Por eso, pueden nacer niños irritables y con dificultad para relacionarse con el entorno”, explica la médica psiquiatra Rocío Barrios.
Esta situación, a nivel físico, también afecta la función placentaria pues se disminuye el flujo sanguíneo y se produce la irritabilidad uterina.
En cuanto a conductas que pueden hacerle daño a la madre, el psiquiatra Tito Rosan explica que “las afecciones psíquicas de la madre no afectan per se al niño en gestación. Sin embargo, puede ocurrir que una embarazada presente
alteraciones que dañen de algún modo su organismo, por ejemplo pérdida acentuada del apetito”.  
Además, cuando una mujer no se trata es más susceptible de sufrir depresión posparto. “Una mamá deprimida o ansiosa no es buena mamá”, dice el doctor Noguera. No está en la capacidad mental de ejercer bien su papel, y esto podría repercutir en el vínculo afectivo y en su estado emocional. Entonces, es importante protegerla emocionalmente para que se
sienta mejor tras el parto, una etapa fundamental para el desarrollo neuroafectivo del niño.
Generalmente, las mujeres son medicadas entre 6 meses y un año, y el tratamiento termina tras el posparto.
De hecho, las madres logran llevar embarazos normales y a feliz término. Según la psiquiatra Barrios, “si se trata tempranamente y se da un apoyo emocional, psicoeducación a la familia y manejo del entorno, estas mujeres podrían llegar al parto súper tranquilas y podríamos suspender la medicación unas semanas antes. Todo depende de cada mujer”.

 

 

 

 

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1 Comentarios

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Comentarios (1)

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sofia746812
Hace 1 año
hola mi nombre es sofia hace 4 años nacio mi hermosa nena sarah cuando tenia 5 meses me inicio un episodio de ansiedad y depresion sin ningun motivo, tuve en realidad una mala psiquiatra al principio que me tuvo a punta de agua de lechuga que porque lo mio era de niña mimada sin embargo yo no estaba de acuerdo, pedi la segunda opinion de otro psiquiatra que me dianostico con depresion preparto, me dio a tomar sertralina de 100 y clonazepam lo cual me ayudo mucho mi pregunta es quisiera volver a tener un bebe solo que me da miedo volver a padeser de lo mismo puede ocurir
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