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¿Es usted una embarazada hipocondríaca?

¿Es usted una embarazada hipocondríaca?

Ningún cambio en la gestacióm significa una enfermedad.

¿Es usted una embarazada hipocondríaca?
Por: Carlos F. Fernández*
02 de Enero de 2012
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El embarazo, así muchos digan lo contrario, está lejos de ser una enfermedad. Hay que admitir, claro está, que buena parte de las molestias normales que experimentan las mujeres en algunas etapas de este proceso se parecen mucho a los síntomas que se presentan en algunas enfermedades.
 La verdad es que no son sino el reflejo de los cambios naturales que sufre el cuerpo femenino durante su adaptación al nuevo estado.
 Hay que empezar por decir que el vómito que somete a algunas mujeres, particularmente en las primeras semanas de gestación, es causado por el influjo de las hormonas gonadotropinas, que solo se producen durante el embarazo y actúan sobre el centro de las náuseas en el cerebro.
 A pesar de que la sensación es molesta, poco a poco el sistema nervioso se va adaptando a la presencia de dichas hormonas, y más temprano que tarde las acepta por completo.

Más pesadas, más sensibles
Las mujeres deberían saber que desde la octava semana del embarazo, incluso antes, los estrógenos, otras hormonas específicas, empiezan a preparar las glándulas mamarias para la lactancia. Eso hace que se congestionen, se agranden y se pongan más pesadas, lo cual representa molestias para algunas.
 De otro lado, la progesterona, esa hormona que empieza a producirse en grandes cantidades en la placenta, hace que el estómago y los intestinos actúen con más lentitud. El tránsito de los alimentos demora un poco más, lo cual causa el reflujo que produce ardor en el centro del pecho; también hay estreñimiento y mal sabor en la boca.
Como es natural que el peso en el abdomen aumente, el cuerpo se adapta para soportarlo; por esa razón los músculos de la espalda tienden a contraerse con más fuerza, causando dolor; la columna se arquea y las articulaciones de las caderas y de las rodillas se flexionan para conservar el equilibrio.
Cabe anotar que si la mujer está fuera de forma, o ya tenía kilos de más antes del embarazo, lo más probable es que el dolor de espalda se acentúe; lo ideal es que las mujeres lleguen a esta etapa en su peso.
 Durante la gestación el corazón y los vasos sanguíneos también modifican su función; se manejan más líquidos y la tensión tiende a elevarse; llega un poco menos de sangre al cerebro, con lo que aparecen los dolores de cabeza y, por efecto de las hormonas, las arterias y las venas se vuelven un poco más tortuosas, con lo que también se incrementa el riesgo de desarrollar várices.
 Obviamente el útero aumenta progresivamente de tamaño, con lo que también crece la presión sobre los órganos del vecindario, entre estos la vejiga. En esta etapa es muy frecuente que las embarazadas sientan una necesidad imperiosa de ir al baño a cada rato.
 A eso hay que sumar el hecho de que, como el metabolismo cambia y las hormonas producen cierto letargo en el cerebro, muchas futuras mamás experimenten en las primeras fases un sueño y una modorra permanentes, que ellas mismas describen como una suerte de pereza constante.
A medida que la gestación avanza, el útero lleno presiona, cada vez más, a los pulmones dentro del tórax, afectando la respiración y haciendo que esta sea cada vez más rápida y menos profunda; la consecuencia lógica es la disminución relativa de la cantidad de oxígeno útil, que sumado a la pereza que ya traen y al efecto de las hormonas, hace que ellas experimenten fatiga y proyecten un estado de debilidad. En esta etapa las neuronas son más susceptibles al efecto de las hormonas, por lo que las mujeres se tornan lábiles, emocionalmente hablando. En otras palabras, que sean capaces de llorar hasta por la caída del dólar no quiere decir que estén deprimidas; se trata simplemente de que tienen la sensibilidad alborotada.
Como si fuera poco, las hormonas incrementan la pigmentación de la piel, lo que puede producir manchas en la cara; y también hay una relativa disminución de la hemoglobina, con lo que adquieren cierta palidez.
Como la naturaleza es sabia, entre los ajustes que el cuerpo hace con el ánimo de prepararse para el parto, están la mayor laxitud de los ligamentos y una predisposición de ciertas articulaciones a moverse, principalmente las de la cadera.
Por obvias razones, hay una percepción de aumento de volumen en el cuerpo.
Puede que a muchos les cueste creerlo, pero, por molestos que resulten, todos estos cambios son normales. Si se miran en conjunto, puede llegar a creerse que la persona está muy enferma, sobre todo si la embarazada tiene una base hipocondríaca o tiende a exagerar.
Lo que no puede perderse de vista es que son transitorios, y que lo mejor que debe hacerse es conocerlos de antemano, entenderlos y buscar la forma de atenuarlos; se valen desde los remedios caseros y las recomendaciones de la abuela, hasta las consultas regulares con el médico, que en casos extremos puede recomendar algún medicamento.
Aunque la ciencia ha avanzado, todavía es válido el concepto de que en el embarazo el mejor médico es la naturaleza, con la ayuda de una buena preparación, la actitud comprensiva de la pareja y del entorno y un riguroso control prenatal, por lo menos una vez al mes.
Conclusión: el embarazo no es una enfermedad; es una etapa natural y, para muchas, la mejor de su vida.

 

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