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Columnista invitada / ¿Existe el instinto maternal?

Columnista invitada / ¿Existe el instinto maternal?

Por Gloria Hurtado C. /Psicóloga A raíz del asesinato del niño Esteban causado por su madre, Johanna Macías, a los 8 días de nacido, vuelve a surgir el int

Columnista invitada / ¿Existe el instinto maternal?
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20 de Agosto de 2009
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Por Gloria Hurtado C. /Psicóloga

A raíz del asesinato del niño Esteban causado por su madre, Johanna Macías, a los 8 días de nacido, vuelve a surgir el interrogante sobre la existencia del “instinto maternal”. Para la cultura, es inaudito que una mujer intente matar a su hijo, puesto que todas las mujeres llevan cosido a sus entrañas el amor por sus hijos. “Es natural” que la mujer quiera tener hijos y, por lo tanto, “es natural” que todas las mujeres los amen. La conducta contraria es casi un exabrupto, algo semejante a una aberración.

Por instinto se entiende algo que es connatural y por consiguiente, no es opcional. ¡Pero el llamado instinto maternal no existe, se aprende! No se trae cosido en la sangre el amor por nadie y el afecto es un proceso que se ‘cocina’ a través del diario vivir. ¿Cuántas mujeres, sin embargo, han desgarrado sus vidas a causa de la culpa, marcada por la cultura, por no sentirse normales, puesto que su inclinación por los hijos no era como se esperaba o como la sociedad lo consideraba ‘natural’.  Además, es fácil comprobar que existen mujeres que no han tenido hijos sin ningún trauma, sintiéndose felices y realizadas, siempre y cuando hayan podido enfrentar el embate de la cultura.

Y dado este paradigma social que se empecina en repetir y repetir esta creencia, se gestan cualquier cantidad de injusticias con la mujer que “rebota” necesariamente en sus hijos. Considero, y no sé si me equivoque, que a todos los hijos no se los quiere por igual.  Más aún, a un hijo no se lo tiene que querer por el solo hecho de que esté en el vientre de la madre. Es más, muchas mujeres, cuando comienzan su embarazo, temen que su bebé no llegue completamente sano y pueden presentar terrores por creer que puede tener algún defecto e, incluso, desarrollar un rechazo. No hay que olvidar que todos los seres no tenemos el mismo nivel de conciencia (independiente de nuestra inteligencia); de acuerdo con ese nivel de conciencia, se tienen concepciones sobre la vida, el amor, la pareja, la sexualidad, la familia, los hijos.

Entonces, esta mujer embarazada no tiene que querer a su hijo “desde ya”. Es difícil querer a alguien que no se conoce. Y más, como suele suceder, si esta mujer puede percibir abandono, poca autoestima, compañero mujeriego, etc.

La maternidad tampoco “gradúa” en bondad, generosidad o entrega. La idealización de la madre es causante de cualquier cantidad de conflictos emocionales y bien podría la cultura –es decir, usted, yo, su vecino– comenzar por revisar este concepto idealizante (y castrador) de mujer madre.

El facilismo de la cultura  es tasar una igualdad para todas las conductas. Para quienes lo importante son los resultados y los efectos, es vital la igualdad de comportamientos porque de esta manera se “uniforma” el castigo y “el rebaño marcha bien”. El respeto por la historia de cada quién –así sea un criminal– es un primer paso de “humanidad” hacia su vida, sin que ello implique que no tendrá que asumir las consecuencias de sus actos.

 

Psicoanálisis “instantáneo” para JohannaJohanna habló de dos hombres y una mujer que le secuestraron su hijo,  como explicación “elemental” de su crimen. En la descripción de la mujer secuestradora se proyectó ella misma. Los dibujos “hablados” son contundentes. Y de acuerdo con la información de los medios, su angustia se debió a que no vivía diariamente con su marido, no quería tener ese hijo y su esposo le solicitó prueba de ADN de la criatura. Parece obvio que para el marido existe un tercero. Entonces, son “dos hombres y una mujer” los que secuestran al niño. Al pie de la letra y en análisis instantáneo, allí estaba el triángulo que simbólicamente le impidió la vida a Esteban.

Ese niño no le importó nunca a Johanna porque estaba asociado a dificultades, rechazo y jamás logró “vincularidad” con él. Era un hijo no deseado. Además, no hay que olvidar que no se puede querer a quien no se conoce aún. De allí que la profesora Johanna fuera muy cálida y amable con sus alumnos, con quienes sí pudo crear vínculos a través de los días, los detalles, el contacto y la relación. Pero no con su hijo, que no fue deseado y en su inconsciente le traería problemas y complicaciones. Una persona, de acuerdo con su problemática personal, puede presentar “múltiples personalidades”, donde en cada una de ellas es honesta con lo que siente, pero la dificultad radica en que esas múltiples caras no le generan coherencia e identidad como persona.

Existe la enfermedad mental, pero creo que es la cultura la que más contribuye al desquiciamiento. Porque crea paradigmas ideales imposibles de alcanzar. Porque cree que con voluntad todo se puede (querer es poder).

Por ignorancia. Por la mirada patriarcal. Por creer que todos somos iguales. Porque le aterran el cambio y la apertura de pensamiento. Por todas las anteriores juntas. Se pide una mirada especial hacia el maltrato infantil, pero se acepta  maltrato para los maltratadores, sin auscultar las motivaciones de su conducta. Hay quienes rechazan la psicología porque consideran que “todo lo excusa y justifica”. Pero es que un ser humano sano, con conciencia, no lastima a nadie. Si existen conductas diferentes, obedecen más a falencias que hay que investigar, mejorar o reemplazar. Corregir agrediendo y censurando vuelve esto una espiral infinita. Es la cultura la primera que debe pasar al estrado para humildemente empezar a revisarse.

 

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