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Gregorio Pernía, Mauro Urquijo y el cirujano plástico Ernesto Andrade revelaron sus experiencias como padres

Gregorio Pernía, Mauro Urquijo y el cirujano plástico Ernesto Andrade revelaron sus experiencias como padres

Los tres famosos nos contaron cómo recibieron la noticia de ser papás, cómo se sientieron antes de que sus hijos nacieran y cuáles han sido los momento más

Gregorio Pernía, Mauro Urquijo y el cirujano plástico Ernesto Andrade revelaron sus experiencias como padres
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20 de Junio de 2009
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Los tres famosos nos contaron cómo recibieron la noticia de ser papás, cómo se sientieron antes de que sus hijos nacieran y cuáles han sido los momento más importantes que han compartido junto a ellos.

Gregorio Pernía

“A Emiliano lo bautizamos en el mar, con Marcela (se refiere a la actriz Marcela Mar, la madre del pequeño). Estábamos en Miami y él tenía unos siete meses. Nos preparamos para eso, esperamos la Luna llena, nos vestimos de blanco, nos fuimos a la playa, lo bañamos en el mar y se lo entregamos a Dios, a la Luna y al mar”, recuerda con nostalgia el actor.

“Emiliano es un producto del amor”, añade Pernía. Por eso,  no tuvo ningún reparo en consentirlo, cambiarle el pañal, darle el tetero, sacarle los gases y todas las actividades propias de la crianza. Compartió con él cada día de su vida hasta los cinco años, cuando terminó su relación con Marcela.

“Esta etapa fue de absoluto engranaje y confabulación”, dice, y aunque ahora no lo ve a diario está seguro de que ha sido un buen padre con el poco tiempo que se tiene para adaptarse y aprender a hacerlo.

No obstante, cada vez que están juntos, la vida es un derroche de felicidad para ambos. “Vamos a la playa, jugamos, le cocino y ahora está demostrando su vena artística, pues está aprendiendo a tocar guitarra y tiene sus clases aquí, en la casa”. Precisamente, el actor recuerda que hace unos pocos días le dijo a Gregorio: “Me encantan estas canciones de Umberto Tozzi y empecé a cantarle el estribillo de: ‘Gloria, faltas en el aire...’ y de ‘Te amo, morena te amo’. Entonces,  sacó la fotocopia de las notas. Luego, lo encontré tocándolas y me paré a cantarlas con él”.

 

- La Luna de sus ojosDespués de que había llegado a su fin la relación con Marcela, un 7 de mayo (el día del cumpleaños del actor), Gregorio conoció a Erika. Vivieron juntos un par de años en una casa frente al mar y fue entonces cuando  se enteraron de que venía en camino una niña. Era Luna del Mar Brisa de los Ángeles, un nombre inspirado en la fascinación que siente por la naturaleza. “Con la Luna tengo mucho contacto. Cada vez que está llena pido muchas cosas, me hago baños de Luna y siento que me transforma de una forma u otra. Por su parte, el mar es el 72 por ciento del planeta, sinónimo de Dios, de vida y es muy grande. Cuando estás en frente de esa inmensidad es que caes en cuenta de que tienes que caminar y no levitar, porque ves lo pequeño que eres al lado del mar, eres solo un punto”, comenta. Gregorio es un fiel creyente de la familia, pues considera que esta es la base de la vida, muy importante para desarrollarse como ser humano. Por eso, confiesa que le encanta llegar a su casa, sentir el olor a comida y poder arruncharse con sus hijos.

- Para toda la vida La relación de Emiliano y Luna es muy especial. Él la consiente cada vez que tienen la oportunidad de compartir y encontrarse. Esto lo llena de satisfacción, porque sabe que aunque no comparten el mismo techo, siempre se tendrán el uno al otro. Aunque confiesa: "A Dios le pido siempre: 'Dame un poquitico más de vida porque no quiero dejar a mi hijos ahorita, porque no los quiero desproteger, quiero estar a su lado un poco más, cubriéndolos bajo un manto divino y poder trascender y evolucionar con ellos un poco, sin importar lo que quieran ser. Lo esencial es que no tomen la decisión de las drogas, de la prostitución, que no vendan su dignidad ni su cuerpo. El resto no importa: sus opciones sexuales, su profesión; pueden terminar en la Nasa o en la casa, no importa, yo voy a estar ahí con ellos. Lo que realmente me interesa es que tengan carácter, personalidad definida, cosas bonitas que me dieron en mi infancia y que deben continuar, como el legado que me dejó mi papá". Un legado que él trata permanentemente de heredarles, a pesar de que los tiempos de grabación a veces son muy exigentes, algo a lo que los niños le han encontrado el gusto. De hecho, Luna se da cuenta de que se acercan en la calle para saludar a su papá y Emiliano lo llama para decirle: “Mira, papi, te voy a pasar a mis amigos que te quieren saludar".

Mauro Urquijo“Mis hijos logran derretirme.No hay nada que me dé más felicidad y satisfacción que sentir un abrazo de Gregorio o un besito de Lucas”, dice el actor.Y es que confiesa que si algo le ha dejado la paternidad es la convicción de que el hombre debe romper con todos los esquemas machistas que existen en torno a la manera como el padre debe criar a sus hijos. “No tengo ningún inconveniente en ofrecerles a mis hijos  ciertas cosas que yo hubiera querido recibir en mi infancia: besos, caricias, palabras dulces... No hay que creer que como a uno lo educaron así, uno debe hacer lo mismo y menos aún por tratarse de hijos varones. Prefiero pasarme al otro extremo y ser meloso, con tal de que crezcan con mucho amor”. En ese sentido, Mauro cuenta sin ningún tipo de pudor, y más bien con todo el orgullo del que es capaz, que es absolutamente maternal. Sabe con exactitud cambiar unos pañales, acomodar correctamente a los niños para darles el tetero, bañarlos, cortarles las uñas, vestirlos y, más que nada, amarlos. “En mi caso es algo que ha surgido de manera muy natural, soy muy tranquilo, no me da miedo involucrarme en la crianza y me siento a gusto haciéndolo, pues a su lado se me alborota todo el cariño, es sencillamente inevitable, pues ellos me enternecen, me comprometen, me hacen ser realmente un papá”.

 

- Dos bendicionesAunque hace cinco años Mauro y Adriana, su esposa, no estaban planeando todavía ampliar la familia, la noticia de la llegada del primer hijo los tomó por sorpresa, pero el pequeño se fue haciendo un lugar en sus vidas  desde mucho antes de nacer de una manera muy dulce y sutil. “Adriana tenía unos cuatro meses de embarazo y un día —recuerda Mauro— se despertó y me dijo: ‘Anoche lo vi en un sueño y se llama Gregorio’. Algunos días después, yo estaba meditando y también lo vi, y me dijo: ‘Hola, soy Gregorio’”. Cuando este pequeño nació, Mauro planeaba no tener más hijos, pues ya tenía a Valentina, una niña de un matrimonio anterior, así que pensó que con ellos ya era suficiente. Sin embargo, un  buen día, Adriana le dijo que se sentía mal; entonces, fueron al médico, a ella le practicaron una serie de exámenes de laboratorio y mientras esperaban juntos los resultados, sin mayores explicaciones, él le dijo: “Se llama Lucas”. En ese momento  llegó una enfermera y les dijo: “Están embarazados”. “Esos han sido momentos definitivos en mi vida —sostiene el actor—, pues ser padre hace que uno experimente un amor muy diferente: el de la madres es incondicional, el del padre es el del ejemplo, el de los hermanos y los amigos es filial, el de la pareja es profundo y pasional, pero experimentar el que se siente por los hijos es una bendición, porque es inagotable, infinito, absorbente y siempre va estar ahí”.

Momentos que dejan huella... "Hace un tiempo, Gregorio se despertó en la noche muy asustado por una pesadilla. Entonces, yo llegué a su habitación y me dijo: 'Papi, hay monstruos'. Yo le expliqué que se trataba de las sombras y jugué un rato con él para que se tranquilizara. Luego, apagué la luz y cuando iba saliendo de su habitación, me dijo: 'Papi, cuando sea grande quiero ser un niño como tú'". En otra oportunidad, me preguntó qué debía hacer con algo que le estaba pasando en el colegio y me dijo: "Oye, tú siempre tienes buenos consejos, eres el mejor papá del mundo”.

 

Ernesto Andrade“Cuando vi en la ecografía que iba a ser una niña, duré un par de meses aburrido, porque yo quería un niño de primeras, pues tenía una serie de teorías erradas con respecto a las mujeres. Siempre había pensado que nacieron para sufrir porque la vida las pone frente a situaciones más exigentes que a los hombres”, cuenta el cirujano plástico Ernesto Andrade. Se trataba de Gabriela, la pequeña que llegó al mundo hace 5 años y quien se encargó de romper los paradigmas que tenía su padre, porque no solo lo enamoró con su manera de ser –muy similar a la de él–, sino que además, le hizo darse cuenta de que la experiencia de la paternidad era maravillosa, sin importar el sexo del pequeño que viniera en camino. “Al nacer Gabriela, la alegría fue enorme. Se fue volviendo un personajito con un carácter y una personalidad muy fuertes, que me conquistó”, asegura Andrade mientras le sonríe con complicidad a la pequeña Gabriela. Unos años después nace María, quien se roba definitivamente el corazón de su papá. “Es que María es la antítesis mía, porque yo soy muy seco en mis expresiones; en cambio, ella es el ser más dulce del mundo, me coquetea, me acaricia, me coge a besos, me cela... Es toda una ‘recocha’”.

 

- La pareja idealEl doctor cree que a pesar de que hay una idea  generalizada según la cual lo ideal es tener la parejita de hijos; es decir, un niño y una niña, él considera que cuando esto ocurre, lo que se tiene es “un par de impares”. “La relación de hermanos hombre y mujer es muy complicada. He ido descubriendo que las verdaderas ‘parejitas’ están conformadas por dos hombres o dos mujeres. Por ejemplo, mis hijas no son gemelas, pero se visten igual, van al mismo colegio y seguramente van a ser muy amigas”, dice el cirujano.  Esta ha sido la enseñanza más grande que ha marcado su papel de padre, pues siempre había soñado con tener un varón y, aunque las cosas no se dieron como lo había soñado toda su vida, no cambia por nada a “este regalo de Dios”, como él mismo las llama.  Otra de las pequeñas lecciones que ellas le han dado se basa en que está convencido de que, contrario a lo que sucede con los varones, las mujeres siempre son muy cercanas al hogar, lo cual lo tranquiliza y le hace pensar que sus hijas permanecerán a su lado independientemente de que al crecer formen sus propias familias. Sin embargo, confiesa que a veces siente preocupación por ellas, porque “no quiero que mis seres queridos sufran. Pero también creo que, como seres humanos, todos hemos ido evolucionando y entendiendo que parte de la vida es sufrir. Es necesario, o si no nunca vas a ser gente, a crecer, a ser humano, a entender el dolor ajeno”.

 

- Anécdotas que no olvidaGabriela aún era muy pequeña cuando María llegó a su vida y, contrario  a lo que muchos piensan con respecto a los celos entre hermanos, ella se vinculó de manera muy especial con el nacimiento de su hermana. "Fue muy interesante su actitud, su amor a María y a nosotros. Su responsabilidad en este momento me impactó mucho. Si la decisión hubiera estado en sus manos, habría entrado al parto, pues estaba demasiado comprometida con ese momento". Aunque María ha compartido muchos momentos especiales y anecdóticos con su padre, hay una parte del día que él no concibe sin ella. Cada mañana, cuando se levantan (ambos son muy madrugadores) él la saluda desde la puerta de su habitación y ella, que casi siempre ya está despierta, lo espera con una sonrisita juguetona, que anticipa la fiesta de cosquillas de la que ambos disfrutan por un largo rato. Andrade recuerda muchas más anécdotas junto a sus hijas, tantas que se ha sentado a escribirlas para que no se le olviden. "Son muy jocosas y tienen mucho significado, demuestran la inteligencia de mis niñas y las guardo con mucho cariño y nostalgia, porque han sido instantes que ya nunca se repetirán". Los viajes son los espacios que más disfrutan en familia, pues pasa 24 horas del día junto a Gabriela y María, sin que nada ni nadie los interrumpa.

 

Por Karen Johana Sánchez y Melissa Serrato Ramírez

Redactoras ABC del bebé

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