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Al año: prefiere jugar que dormir

Al año: prefiere jugar que dormir

El pequeño explorador estará atento a cualquier estímulo y es posible que no quiera ir a la cama.

Al año: prefiere jugar que dormir
Por: Lizeth Salamanca Galvis
15 de Abril de 2016
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¿Come solo?, ¿nombra y señala objetos conocidos?, ¿no para de moverse?, ¿camina, trepa, sube y baja escaleras; lanza pelotas; se agarra de muebles…? Si tu bebé ya tiene entre 12 y 24 meses, lo más seguro es que hayas notado que tienes a todo un explorador en casa.

Atrás quedó ese bebé que dormía la mayor parte del día y le dio paso a un pequeño aventurero que tiene los ojos bien abiertos ante cualquier estímulo y movimiento. Por eso, los expertos señalan que este es el momento ideal para fijar límites en su comportamiento y establecer pautas en los hábitos de sueño, pues estos no solo influyen en la maduración neurológica y su desarrollo psicomotor sino que están estrechamente relacionados con el temperamento del niño, sus niveles de concentración, y su crecimiento físico y emocional, como lo explica la médico pediatra del Instituto de Ortopedia Infantil Roosevelt, Adriana María Escobar.

Así las cosas, entre los 12 y los 24 meses, tu hijo debería dormir hasta 12 horas diarias, de las cuales, aproximadamente, 10 serán de sueño nocturno ya que en esta etapa la duración y la calidad de su reposo empiezan a fortalecerse en las noches, mientras que en el día tendrá un par de siestas de más o menos una hora. Por su parte, la pediatra y especialista en sueño Sonia María Restrepo aclara que en esta edad también inician los problemas para ir a la cama debido al entusiasmo que despierta en los niños el desarrollo de sus nuevas capacidades, lo que les dificulta conciliar el sueño porque no quieren perderse de nada. “El bebé hará todo lo posible para continuar en estado vigilante.

Por ello es indispensable que los padres refuercen la enseñanza de rutinas pues, como el niño está ‘sobreexcitado’, es necesario calmarlo antes de acostarlo”, afirma Restrepo. Por eso, al igual que en la etapa de 6 a 12 meses, es esencial que continúes planificando las dinámicas diarias de tu hijo en horarios preestablecidos, de modo que tu niño comprenda que para cada actividad hay un momento indicado. (Te puede interesar: El bebé debe dormir boca arriba)

Hora de ir a la cama

Además, es importante que no abandones el ‘ritual’ de sueño que venías realizando en los meses anteriores, pues de esta manera tu hijo comprenderá que se acerca la hora de descansar. A su vez, los especialistas recomiendan que el cuarto (que para esta edad ya debe ser su propia habitación) tenga una temperatura adecuada, sea silencioso y esté oscuro, para que el niño aprenda a diferenciar el día de la noche. “Debe ser acostado cuando aún esté despierto y evitar estímulos visuales fuertes como televisores encendidos, luces, móviles muy llamativos y otros distractores”, aconseja la doctora Escobar.

¡Se salió de la cuna!

Una de las dificultades propias de esta edad, sobre todo entre los 18 y los 24 meses, tiene que ver con la capacidad que desarrollan los niños para levantarse y salirse de la cuna o la cama, lo que puede ponerlos en riesgo de accidentes por caídas. Ante esto, los especialistas recomiendan dejar varias almohadas y otros protectores blandos en el piso y retirar juguetes, muebles y elementos con los que se puedan lastimar.

Así mismo, aconsejan no reaccionar dándoles demasiada atención y por ningún motivo permitir que se metan a la cama de los padres, ya que pueden adquirir esa costumbre y repetirla. Por el contrario, debes regresarlo a su cama, e indicarle con firmeza y tranquilidad que debe permanecer ahí, para que comprenda que se trata de una regla que debe respetar.

Otro factor a tener en cuenta es que en esta etapa los patrones de sueño de tu hijo empiezan a regularse. De hecho, algunos estudios sugieren que, entre el primer y el segundo año, el sueño del niño se compone en 75 por ciento de sueño profundo y 25 por ciento de sueño ligero o movimientos oculares rápidos (REM, por sus siglas en inglés).

En este último se pueden dar los sueños pues su cerebro continúa organizando información y asimilando imágenes, recuerdos y pensamientos, mientras que las pesadillas se presentan a partir de los dos años. “Usualmente son de fácil control, transitorias y ocurren en el último tercio de la noche. Se asocian con estrés y ansiedad de los niños, a veces relacionados con el temor a separarse de sus padres”, explica la médica Adriana María Escobar.

¿Trastornos de sueño?

En esta etapa, si bien es normal que los niños duerman toda la noche, es posible que algunos que ya dormían por tiempos prolongados empiecen a despertarse. Esto puede ocurrir por tres razones: la primera, porque al niño le cuesta dormir, lo que, según expertos, se debe más a fallas en la educación comportamental impartida por los padres que a patologías relacionadas con el sueño.

La segunda razón tiene que ver con eventos ocurridos en la noche como ronquidos, movimientos anormales, despertares confusos o pesadillas. Una tercera razón aduce que el niño duerme excesivamente en el día. Algunos síntomas que te pueden indicar el desarrollo de un trastorno de sueño en tu hijo pueden ser, durante el día, el aumento de hiperactividad, la aparición o incremento de agresividad e irritabilidad, el sueño persistente en la jornada diurna, y el incremento de accidentes como tropezones y caídas.

En la noche, los factores se asocian con que tu hijo tarde más de media hora en dormirse, llore, se despierte varias veces, respire por la boca y tenga dificultad para despertar en las mañanas o lo haga con excesiva irritación. En estos casos, debes consultar a un especialista. (Puedes ver y leer: Consejos prácticos para que tu hijo tenga dulces sueños [video])

 

 

 

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