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Antes de dormir, el mejor momento para aprender

Antes de dormir, el mejor momento para aprender

Los niños podrían recordar más y mejor información.

Antes de dormir, el mejor momento para aprender
Por: Astrid López
06 de Mayo de 2015
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Teorías y estudios relacionados con la forma como los seres humanos aprenden hay muchos, y dentro de estos existen trabajos que se ocupan del conocimiento cognitivo, y otros de tipo psicológico y neurológico muy avanzados, como la neurociencia. 

Dentro de cada línea, los bebés y los niños ocupan capítulos importantes, pues en la edad temprana, según Amador Suescún Pico, psicólogo social, “es cuando la capacidad de aprender está a flor de piel y el poder de grabar información es muy alto y sensible”. 

Precisamente, en días pasados, un grupo de estudiosos del Departamento de Psicología de la Universidad de Sheffield, en colaboración con investigadores de la Universidad Ruhr - Bochum, ambas en Alemania, dieron a conocer los resultados de un estudio sobre la capacidad de los bebés para recordar habilidades recién aprendidas. 

El hallazgo 

La investigación concluyó que un momento oportuno para que los niños aprendan es justo antes de tomar una siesta, y no tras descansar un periodo considerable de tiempo. Este estudio resulta novedoso, pues confronta otras investigaciones al respecto que indican que cuando la vista y la mente han estado en reposo es más fácil grabar información, pero para los autores de este trabajo no lo es. 

La experiencia evaluó a 216 bebés, cuyas edades estaban entre los 6 meses y el año de edad, y la práctica consistía en realizar unas simples rutinas con títeres, los investigadores los movían y luego dejaron que los pequeños jugaran con ellos y repitieran las acciones. Esto se dio por cuatro horas y dentro de estas un grupo de niños de la muestra tomaron una siesta de al menos 30 minutos y los otros bebés no durmieron a lo largo de las 4 horas. 

El hallazgo fue contundente, los pequeños que pudieron dormir recordaron con facilidad y destreza las rutinas de juego con los títeres, mientras que los que no durmieron no recordaron nada. 

¿Qué pasó? 

No es un secreto que pasamos la tercera parte de la existencia durmiendo, y esto en los primeros meses y años de vida se duplica. “Además, el sueño es una de las rutinas más benéficas del ser humano, y en el caso de los bebés está más que comprobado que dormir alimenta y activa el desarrollo y el crecimiento. 

Por ello, anota el experto Amador Suescún, que no resulta extraño que ese sueño reparador ayude a que los conocimientos se afiancen y se activen la recordación y el aprendizaje. Igualmente, comenta el psicólogo, “en los primeros años se aprende por repetición y los niños imitan, así que la experiencia con los títeres les dio la oportunidad de realizar una actividad divertida que guardaron en su cerebro”.  

Para el doctor Jane Herbert, de la Universidad de Sheffield e investigador participante en el estudio, “las siestas frecuentes en los días en que los bebés tienen una gran cantidad de información nueva les ayuda a digerirla y procesarla mejor”. 

Por su parte, Clemencia de La Espriella, magíster en Psicología Clínica y docente de la Universidad de La Sabana, sostiene que la respuesta de los bebés que pudieron dormir se podría explicar basándose en otros estudios de “neurociencia que afirman, a partir de investigaciones con animales principalmente y algunas con humanos, que durante una etapa específica del sueño, la REM, los procesos de memoria se consolidan, lo que permite que la información se almacene a largo plazo”. 

Al respecto, Yohana Lorena Fajardo, licenciada en pedagogía infantil de la Pontificia Universidad Javeriana, dice que, “durante el sueño, los bebés y los niños en edades tempranas realizan varios procesos relacionados con su desarrollo cognitivo. Por tal razón, tomar una siesta larga después de que han sido expuestos a una situación de aprendizaje aporta muchísimo, ya que en ese periodo de tiempo su cerebro cumple funciones relacionadas con el almacenamiento de la memoria a largo plazo, lo que favorecerá la asimilación de nuevos conceptos”. 

“El cerebro nunca descansa ni siquiera cuando dormimos. Las neuronas se mantienen en una febril actividad, y así lo han demostrado estudios, a través de los pulsos eléctricos sincronizados que viajan continuamente en la superficie cerebral, y mantienen conectada la actividad neuronal, por lo que es fácil entender que los pequeños pudieran grabar aquello que para ellos fue su última actividad antes de descansar, indica Suescún. 

La lúdica: canal de recordación 

Leer un libro, escuchar música relajante, como el famoso ‘Efecto Mozart’, narrar una historia con voces y dramatizaciones e, incluso, bajar las luces, son actividades y acciones que abren el camino hacia un buen descanso de los niños, pero al parecer, según los expertos, también podría influir en la forma como aprenden. 

Para la doctora Clemencia De La Espriella, estímulos como los enumerados, sumados a la misma voz de mamá o del cuidador, “pueden llevar al niño a un estado de bienestar y confort, pero lo que permite que se almacene la información que reciben es definitivamente el sueño”. 

Sin embargo, añade la psicóloga, actividades como la lectura de cuentos, la música y la lúdica en general “pueden hacer que se activen zonas del cerebro que permiten almacenar y recordar con mayor facilidad lo aprendido”. 

Por ejemplo, dice la pedagoga Fajardo, “queremos enseñar a nuestro bebé los estados de ánimo y buscamos un cuento que aborde el tema, lo complementamos con gestos y sonidos y esto lo hacemos justo antes de la siesta; muy seguramente ese aprendizaje pasará a su memoria de largo plazo, lo que permitirá que lo recuerde de forma más permanente pero, además, las acciones lúdicas, como la música o la lectura, se recomiendan mucho para crear hábitos y ayudar a los padres a desarrollar vínculos afectivos con sus hijos”. 

Finalmente, insiste Fajardo, es muy importante ofrecer a los niños entornos de aprendizaje en donde, desde la cotidianidad, sean expuestos a situaciones que les generen curiosidad y empiecen a familiarizarse cada vez con un nuevo conocimiento. “En el caso del aprendizaje de un idioma, uno de los primeros pasos es habituar el oído a sus diferentes sonidos, por ello resultaría oportuno utilizar el sueño como estrategia teniendo en cuenta sus beneficios, obviamente, con niños grandecitos”. 

Descanso y memoria 

Para entender el porqué, en el estudio internacional el proceso de recordar se activó en los bebés que durmieron; hay que definir que la memoria es la función cerebral mediante la cual el ser humano registra, codifica, consolida, almacena, recupera y evoca información y experiencias pasadas, dicha información se traduce en memoria de corto o largo plazo. 

En la memoria a corto plazo se almacena la información nueva, ya sea verbal o visual, en un proceso que toma unos segundos, pero lo importante es que dichos recuerdos solo se consolidan si se envían a la memoria a largo plazo, de ahí que hay que darle un rango de prioridad a lo que debe quedarse en la memoria y desechar aquello que no sirve. 

En el caso de los niños, los investigadores del estudio recomiendan que, “si un bebé está dormido de camino a casa después de un divertido día en el parque, puede ser beneficioso dejarlo dormir, aunque rompa con su rutina normal de sueño. Ese tiempo puede ser un potencial". 

¿Cómo soñamos?    

Usualmente, cuando se duerme se pasa por cinco etapas: 1, 2, 3, 4 y el sueño REM (movimiento rápido de los ojos), estas progresan cíclicamente de la 1 a la REM y vuelven a empezar con la etapa 1. Un ciclo de sueño completo toma de 90 a 110 minutos. En el caso de los bebés, ellos pasan casi el 50 por ciento de su tiempo en sueño REM, “que es el estadio de los sueños vívidos, en este punto si se despierta es probable que recuerde fragmentos de sus fantasías o de las imágenes del sueño. 

Según el estudio, esta sería la fase clave para que los niños grabaran, por lo que podrían recordar sus experiencias al despertar. “Cuando se es adulto, al dormir se pasa cerca de la mitad del tiempo en la etapa 2, un 20 por ciento en REM, y el otro 30 por ciento se divide entre las otras etapas, puntualiza el profesor Suescún. 

 

 

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