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Celos entre hermanos

Celos entre hermanos

Cuando Federico, de tan solo 14 meses, se dio cuenta de que a su vida había llegado un hermanito, empezó a cambiar su forma de ser. Exigía más de lo normal

Celos entre hermanos
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09 de Enero de 2007
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Cuando Federico, de tan solo 14 meses, se dio cuenta de que a su vida había llegado un hermanito, empezó a cambiar su forma de ser.

Exigía más de lo normal y quería que su madre concentrara su tiempo en él. Además, pedía a gritos que lo cargaran y hacía cualquier pataleta con el fin de que sus familiares lo consintieran.El diagnóstico de la profesional en sicología era uno solo: celos de hermano.

Elizabeth, su madre, recuerda que la primera señal fueron las marcas de unas pequeñas uñas en los brazos de Cristóbal, su hermano meno en ese entonces, de dos meses–.Sin duda, eran las de Federico.

La agresión correspondía a un estado normal entre hermanos. Federico sentía que Cristóbal había llegado para quitarle el amor, la entrega y, sobre todo, el tiempo que sus padres le dedicaban.

Sus celos, como lo manifiestan la mayoría de los niños, los exteriorizó con acciones físicas. Paula Bernal, sicóloga en desarrollo infantil, asegura que otras de las agresiones que los niños expresan con sus hermanos son: meterle comida indebida a la boca, ponerle una almohada en la cara, pellizcarlo, morderlo o, simplemente, hacer todo lo posible para llamar la atención de sus padres y así evitar que ellos observen constantemente al menor de los hermanos.

Sin embargo, esta rivalidad es normal, tanto que si se promueve sanamente, se obtienen grandes beneficios para el desarrollo personal y social de los menores.

Para que esto se logre, los padres deben ser los facilitadores y educadores en el proceso. Además, tienen que comprender que cada hijo es distinto y que, por ende, cada uno tiene sus propios gustos y necesidades de ser escuchado y observado por sus padres.

Pasos a seguir

El caso de Federico con su hermano no es el único. Según Paula Bernal, esto le sucede al 90 por ciento de niños que tienen que enfrentar la llegada de su hermano.

Sin embargo, Federico contó con la colaboración de sus padres, quienes se detuvieron para hacerle entender que por más que llegara otro integrante a la familia, cada uno contaba con afecto por igual.

Para Elizabeth fue difícil esa situación. “Aunque tratábamos de explicarle a Federico, él no entendía y, por el contrario, siempre se ofuscaba cuando veía que yo tenía cargado a su hermano. En ese momento, decidí dividirme el tiempo con mi esposo para que cada uno compartiera espacios distintos con ellos”, recuerda.

El temor de Elizabeth era que estos celos se convirtieran en un problema más serio. Y para que esto no sucediera, su amiga y sicóloga le confirmó que este problema lo vive la mayoría de los padres.

Le explicó los pasos que debía seguir para solucionar el conflicto, empezando por hacer partícipe al hijo mayor con las actividades del menor. El fin es que el mayor se sienta respaldado por los padres y no desplazado. Es decir, que se sienta importante y no relegado.

“Lo que hice –agrega Elizabeth– fue darle el papel de secretario a mi hijo mayor. Lo encargué del cuidado de la pañalera cada vez que salíamos de la casa”.

Así como Elizabeth, el resto de padres deben comprender que los hermanos no se tienen que adorar desde el principio. “La relación de ellos, como todas, se construye y las personas adultas son las encargadas de fomentar y afianzar esa relación” asegura la sicóloga Paula Bernal.

Sin embargo, lo más importante, según la especialista, es solucionar las rivalidades, aun con el paso de los años.

No deje salir los celos

* Cuando usted llegue a casa, salude primero a su hijo mayor. El bebé puede esperar. De esta manera, el más grande no se sentirá desplazado.

* Como mínimo, una vez a la semana dedique tiempo por separada a cada uno de sus hijos. Así les enseña que existen los turnos.

* Antes de salir de la casa, explíquele al niño mayor que la gente siente curiosidad por los bebés, y muchos adultos saludan primero al pequeño; sin embargo, esto no tiene importancia.

* Entienda que cuando los pequeños tienen edad similar, la rivalidad es mutua, porque el más chico quiere ser igual al grande y el grande quiere jugar con los niños de su misma edad.

* Es importante que usted les enseñe a sus hijos a compartir con sus juguetes y con sus demás propiedades. Adviértales que como cada uno tiene diferente edad, los juguetes y el trato también son diferentes.

* Deje que los niños se peleen. Esto ayuda a que se conozcan más y aprendan a resolver sus inconvenientes. Si ve que su agresión atenta contra la salud, intervenga.

* Exprese sus dificultades de buena manera; de este modo, su hijo lo entenderá mejor.

* Nunca compare a sus hijos. Cada uno tiene virtudes y defectos.

Haga y evite

* Cree espacios para cada uno de sus hijos. Ellos tienen distintos gustos y necesidades.

* No se sienta culpable por la rivalidad entre los niños. Esta es normal y lo único que requiere es control.

* Entienda que cada uno tiene temperamento distinto y por eso se deben criar con estrategias diferentes.

*Exprese las cosas de buena manera; de este modo, sus hijos lo entenderán mejor y responderán igual.

* Nunca diga: su hermano es mejor, él sí se porta bien, usted no sirve para nada.

Si sigue estas recomendaciones, no tendrá que manejar los celos crónicos ni sufrir con las consecuencias que este trae, como:

* Se convierten en personas defensivas al pensar que el resto de seres humanos que lo rodean le quieren quitar lo que le pertenece.

* Son más egoístas, posesivos y no aceptan ninguna crítica ni sugerencia.

* No aprenden a respetar la individualidad del otro.

* Creen que en el mundo nadie puede superarlos.

Mónica ToroRedactora ABC del bebé

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