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Cuando la confianza es un riesgo

Cuando la confianza es un riesgo

Prevenir es mejor que lamentar. Sin embargo, los adultos piensan que las tragedias no los van a tocar. ?Resulta muy frecuente oír frases como: ?A mí eso nunca

Cuando la confianza es un riesgo
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04 de Octubre de 2007
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Prevenir es mejor que lamentar. Sin embargo, los adultos piensan que las tragedias no los van a tocar.

“Resulta muy frecuente oír frases como: ‘A mí eso nunca me ha pasado’. Esto significa que creemos que la forma de prevenir una eventualidad es mirando al pasado y teniendo en cuenta que como no ha ocurrido antes, no es posible que suceda en el futuro”, comenta José Murcia, sicólogo especialista en salud pública.

Estas frases evidencian que la certidumbre y la confianza de que nada va a suceder impide que se tomen las medidas de seguridad apropiadas para prevenir accidentes; olvidando así que, en su gran mayoría, los siniestros ocurren solo una vez y se caracterizan principalmente por aparecer súbitamente; es decir, sin dar aviso previo de los riesgos latentes que existen. En cuanto a la prevención de contingencias con niños, Murcia amplía algunos factores que se deben tener en cuenta:

El ambiente

Cada uno de los lugares en los que se desarrolla el niño tiene unas características y elementos particulares que entran en contacto con él por el hecho mismo de que el pequeño está apropiándose de su medio.

“Por ejemplo —dice Murcia—, si un niño está jugando y tiene la autonomía de gatear y de encontrar un gancho, muy seguramente en el lugar en el que se encuentra hay una toma de corriente, que los adultos hemos dejado sin protección. De esa forma, el niño tiene la autonomía de meter el gancho en el enchufe”.

Es decir, el factor ambiental que genera peligro es que exista la toma de corriente, la cual es necesaria y por el hecho de que haya un niño presente no se puede eliminar, pero sí proteger con tapas plásticas”.

Riesgo moral

Según Murcia, un gran porcentaje de los accidentes que sufren los menores de 5 años ocurre cuando están bajo el cuidado de un adulto, quien generalmente se confía y cree erróneamente que por ser una persona mayor, su simple presencia garantiza la seguridad del niño y fácilmente lo desatiende, pues realiza otra actividad simultáneamente.

Un ejemplo claro y común de este aspecto es que cuando un niño juega en una piscina, el adulto a cargo está leyendo, conversando, durmiendo, hablando por celular o viendo televisión, lo cual no constituye una supervisión efectiva.

Aspectos legales

“Hoy en día vemos cómo los conjuntos residenciales, los edificios y los gimnasios construyen piscinas para atraer más clientes, pero no se preocupan por tomar las medidas de seguridad necesarias. Cuando se les pregunta a los responsables por estas, siempre se excusan con argumentos estéticos, porque un cerramiento, por ejemplo, le resta atractivo a la piscina, o económicos, pues tomar medidas de seguridad implica costos adicionales que nunca se contemplan. Afortunadamente el tema ya ocupa un lugar en las agendas públicas. Recientemente se aprobó un proyecto de ley para prevenir el ahogamiento infantil.”, comenta Murcia.

El especialista en salud pública concluye que si los adultos tienen presentes los elementos anteriormente descritos, podrán mantener un estado de alerta permanente.

El niño es explorador

Los menores de 5 años se caracterizan porque están desarrollándose; esto significa que hay un desequilibrio entre la autonomía y el desarrollo sicomotor, es decir, el niño aprende a caminar, a gatear, tiene cierta libertad para moverse y explorar su entorno, pero aún no reconoce los riesgos que hay en él.

Elementos ergonómicos

Para el especialista, el error está en creer que como el niño no ha intentado meter previamente un gancho en el enchufe, nunca se le va a ocurrir hacerlo; por eso, no se toma ninguna medida preventiva.

“Esto hace que nos acostumbremos a vivir en el peligro e ignoremos los elementos ergonómicos; estos son aquellos que se han creado con el fin de evitar accidentes, como los tapacorrientes, los cinturones de seguridad y las puertas plásticas para que los niños permanezcan en un espacio seguro, entre muchos otros”, agrega Murcia.

Condicionantes de conducta

Otro factor que incide en la falta de prevención es que si bien los accidentes ocurren con mucha frecuencia, no son un evento que genera interés porque no todos llegan a los servicios de urgencias, solo los más graves y cada uno de manera independiente. “Si los percances ocurrieran y se registraran de la misma manera que una epidemia de gripa, las alarmas se dispararían, pero el reporte de los incidentes llega de forma aislada y no se suman; entonces, nadie los tiene en cuenta; esto genera más confianza en la gente, porque parece como si no ocurrieran y no se necesitara prevenirlos”, explica el especialista.

Melissa Serrato RamírezRedactora ABC del Bebé

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