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El consumo y cuidado del agua debe ser un tema pedagógico para los niños

El consumo y cuidado del agua debe ser un tema pedagógico para los niños

Acostumbrar a su hijo a tomar agua después del sexto mes de vida debe ser parte del proceso educativo dirigido al cuidado del cuerpo humano y de los recursos

El consumo y cuidado del agua debe ser un tema pedagógico para los niños
Por: Redacción ABC del bebé
25 de Agosto de 2008
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Acostumbrar a su hijo a tomar agua después del sexto mes de vida debe ser parte del proceso educativo dirigido al cuidado del cuerpo humano y de los recursos naturales.



Cerca del 70 por ciento del cuerpo humano está compuesto de agua que diariamente se pierde en la orina, el sudor, las heces y a través de los pulmones o la piel. Por eso, es importante ayudar al cuerpo en la recuperación de todo lo que utiliza en las actividades normales de asimilación y eliminación de residuos del metabolismo celular.



Para Adriana Salamanca, especialista en metabolismo y nutrición, el hecho de que el cuerpo esté compuesto en su gran mayoría por agua hace que no se pueda sobrevivir si no se ingiere en las cantidades adecuadas.



Pero ese no es el único uso y beneficio del líquido por el cual el mundo se debate en su cuidado. La experta afirma que “el agua ayuda a limpiar el cuerpo de toxinas y de elementos que deben expulsarse. Además, sirve como coadyuvante en los procesos de deglución y metabolismo de los alimentos y es importante para evitar el estreñimiento”.



Los niños también hacen parte de ese conglomerado de beneficiarios que representa el mineral, pues aunque las cantidades de consumo para ingerirse son diferentes, los resultados en el cuerpo son los mismos. Pero ¿cuánta agua debe consumir un niño? Según Adriana Salamanca: “los bebés desde el nacimiento hasta los dos años deben beber de tres a seis vasos de agua por día; y desde el segundo año hasta los 12, la recomendación es de cuatro a ocho vasos”. La compensación del agua en el organismo debe ser proporcional al gasto que se genere. Por eso, es fundamental incrementar su consumo cuando se practican ejercicios físicos, la temperatura ambiente es elevada, el pequeño presenta fiebre o, por ejemplo, tiene un cuadro de diarrea.



El agua que toma el pequeño debe estar, en lo posible, a temperatura ambiente y no fría, pues esta última puede producirle distensión abdominal.



Hay muchos niños a los que el agua pura no les gusta y por eso evitan su consumo. La buena noticia es que la especialista en metabolismo y nutrición dice que lo importante es beber líquidos; por lo tanto, se pueden utilizar zumos de frutas o jugos para hacer más agradable el sabor.



De igual forma, Salamanca agrega que el agua también se obtiene a través de las bebidas y alimentos líquidos, tales como sopas y leche (la cual también puede ser presentada como malteadas o batidos). Asimismo, mezclar el mineral puro con frutas o en preparaciones como helados o frappes es una buena estrategia para que los pequeños ingieran las cantidades necesarias y recomendadas.


 


Para tomarla hay que cuidarla
Hoy, en todo el mundo se habla de la contaminación ambiental, el calentamiento global y el efecto que esto produce en la cantidad de agua que hay y habrá en el planeta. Es así como las naciones y diferentes organizaciones tienen dentro de sus objetivos de desarrollo la conservación del líquido vital. Como todo empieza por casa, al mismo tiempo que a un niño se le enseña a tomar ciertas dosis del agua, también se le debe educar sobre su cuidado.



Cecilia Zuleta, sicóloga especialista en desarrollo infantil, afirma que el método educativo más eficaz es el buen ejemplo: “si los papás generan una cultura de cuidado del agua en casa, los hijos lo van a aprender. A los pequeños les gusta jugar con el líquido; entonces, es importante ponerles límites y supervisar cómo lo utilizan cuando van al baño”.  



Para la especialista el proceso educativo de cuidado empieza desde el nacimiento del niño. “Cuando ellos están pequeños, quienes manipulamos el agua que ellos consumen o utilizan para el aseo somos los adultos. Después, cuando comienzan a pedir cosas o a usarlas, porque hay más posibilidad de movimiento, es el momento de dejarles saber qué esperamos de ellos y supervisar su cumplimiento”, afirma la psicóloga.



Así, la experta hace las siguientes recomendaciones a los padres:
- Usar un reloj para saber cuánto tiempo va a estar el niño bañándose.
- Enséñarle que cuando se cepilla los dientes o se aplica el champú debe cerrar la llave. 
- Si necesita esperar a que el agua se caliente, poner un balde y utilizar ese líquido para actividades como regar las matas o lavar los platos. 
- Por medio de letreros, recordarle las enseñanzas impartidas sobre el cuidado del agua.
No debe olvidarse que el comportamiento de un niño viene de imitar modelos vistos en casa o en los lugares que frecuenta. Entonces, conviértase en el gran ambientalista que su hijo necesita.


 


¿Cuándo tomarla?
Para que el consumo sea ordenado, Adriana Salamanca sugiere que un niño activo beba agua de la siguiente manera:


- De una a dos horas antes de jugar: entre 10 y 14 onzas (un vaso y medio).    
- De 10 a 15 minutos antes de jugar: 10 onzas (aproximadamente un vaso y cuarto).
- Durante el juego: entre tres y cuatro onzas cada 15 minutos (medio vaso).
- Después del juego: uno a dos vasos.


 


Mitos y verdades sobre el agua
- El agua del grifo tiene un buen proceso de purificación; por tanto, se considera apta para el consumo humano y no es necesario hervirla, excepto en sitios donde las condiciones sanitarias no son adecuadas. En este caso, se puede recurrir al agua envasada. 
- Beber agua antes de las comidas produce sensación de llenura y disminuye la necesidad de alimentarse. Por eso, se dice que el agua adelgaza. La recomendación es darles primero a los niños los alimentos sólidos para garantizar una mejor ingesta de nutrientes.
- No se les debe dar agua cuando tienen algunas enfermedades del sistema renal (glomerulonefritis y síndrome nefrótico), pues se puede presentar retención de líquidos. Al igual cuando existen patologías coronarias como la insuficiencia cardiaca congestiva.


 


 

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