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Espante los miedos de los niños

Espante los miedos de los niños

Los temores en los pequeños son una señal de alarma hacia el peligro, pero si son excesivos se pueden convertir en una barrera para enfrentar algunos retos en

Espante los miedos de los niños
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31 de Mayo de 2007
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Los temores en los pequeños son una señal de alarma hacia el peligro, pero si son excesivos se pueden convertir en una barrera para enfrentar algunos retos en la vida.

Asustar a alguien, puede ser solo un juego; sin embargo, para los niños este tipo de bromas generan traumatismos de por vida. Claro que en ocasiones son muestra de que se están desarrollando adecuadamente.

Esos temores empiezan desde el nacimiento. El primero se conoce como la pérdida de sustentación. Los pediatras tienen al bebé sobre las dos manos y si retiran una, el bebé entra en pánico: abre las manos, la boca y sufre taquicardia por el susto que tienen de quedar sin soporte.

El siguiente ocurre a los ocho meses de edad, según Bertha Gamarra, sicóloga especializada en sicoanálisis infantil, miembro de la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis. Este síntoma es considerado como “la angustia de los ocho meses, que se manifiesta cuando el menor muestra rechazo ante los extraños. Sorpresivamente es una actitud positiva que indica que el bebé está aferrado al amor, a la protección de los padres y a las primeras reacciones ante el peligro”, indica la especialista.

Aunque algunos progenitores consideran que estas reacciones no son normales, los expertos creen que son la mejor señal de que emocionalmente todo está funcionando bien.

El tratamiento

En la mayoría de los casos la solución está en las manos de los padres quienes debencrear una metodología que les disipe totalmente los temores que agobian a los niños. Existen estrategias como abrir la ventana para sacar todos los ‘monstruos y fantasmas rapidito’. O decirle al menor que haga un monstruo más fuerte que lo defienda de los otros. Los niños entienden que los monstruos no existen hasta después de los 6 años.

Si ninguna de las técnicas anteriores funcionan, debe recurrir a un profesional queayude a su hijo a superar los miedos. Liliana Zambrano, sicóloga clínica, egresada de la Universidad de la Sabana, Máster en programación neurolingüística y miembro de Asesores en Excelencia Integral (ASEIA), considera que todos los miedos en el ser humano son adquiridos y que se registran a través de los cinco sentidos.

El objetivo de la programación es producir cambios en las personas y mejorar la utilización de sus capacidades de comunicación, aumentar la creatividad y, la más importante, curar las fobias y los miedos para que los menores recuperen la confianza.

“La metodología que aplicamos es por medio de lo que llamamos ‘colapso’, que consiste en borrar lo negativo a través de lo positivo”, afirma Zambrano.

Un ejemplo claro fue el caso de una niña que temía a los perros de peluche. En la sesión, le pusieron sobre el hombro derecho su juguete preferido, una muñeca. Durante unos minutos la niña interactúo y demostraba la felicidad que le daba la ‘herramienta’. Después se la cambiaron por el perro de peluche, y en la confusión de las emociones, le recordaban la muñeca. Gracias a la confusión de sentimientos logró que lo bueno borrara lo malo y terminó diciendo que el perro ya no le daba miedo. Después de la terapia, la niña superó sus temores y recuperó la confianza que había perdido a algunos juguetes.

“El ser humano es tan sensible a las emociones que desde los cuatro meses en el vientre de la madre puede percibir los temores de su progenitora y a la vez adquirirlos”, afirma la sicóloga.

Para la especialista, el 90 por ciento de los miedos en los niños son transmitidos por los padres y recomienda que antes de que califiquen al niño se hagan una autoevaluación para definir si ellos crearon el problema.

Los más comunes

Entre el primer y segundo año aparecen los que podrían denominarse los temores médicos. Y es que con solo ver una bata, los niños empiezan a llorar, porque la asocian con vacunas y dolor.

A los 3 o 4 años, los fenómenos naturales los atemorizan. Por ejemplo, es muy frecuente que se aterren con los truenos. Pero el ‘campeón’ es la oscuridad. “Muchos niños pedirán dormir con la luz encendida. Incluso, este temor lo conservan muchos adultos”, aclara el especialista. Con la oscuridad pueden aparece los monstruos y fantasmas.

Otro temor frecuente es a los animales.

Después de los 6 años, llega el miedo a la muerte de sus parientes y seres queridos o incluso a la de ellos mismos.

Fobia a los payasos: la reacción del niño es refugiarse donde más seguro se siente, normalmente, al lado de sus padres. Para enseñarle a manejar esta situación, los expertos recomiendan que el señor que va a disfrazarse lo haga delante del niño mientras que los padres le van explicando cada paso de la transformación. De esta manera entenderá que la pintura en el rostro hace parte del juego y que no hay por qué temerle. Terror nocturno: consiste en que el infante tiene pesadillas al dormir; sin embargo, no se despierta y al otro día no recuerda nada de lo que pasó. La mejor terapia en estos casos es consentirlo y darle seguridad al pequeño cada vez que lo sienta tenso o preocupado, según recomienda la psiquiatra Ph. D. en Neurodesarrollo, Olga Albornoz. A la comida: algunos menores desarrollan temores muy específicos, como lo son el miedo a morder o tragar la comida. Es importante que el padre le demuestre de una manera vivencial –comiendo- que no existe riesgo alguno. Este miedo se puede identificar cuando el menor tiene preferencia por los alimentos blandos, como la pasta, las frutas o las gelatinas. Miedo de perder el control: cosas tan simples como aplicarse el champú al bañarse, usar el inodoro, escuchar el sonido de la licuadora o la aspiradora son situaciones que alteran el sistema nervioso en ellos, porque creen que al cerrar los ojos cuando se bañan, pueden ahogarse con el agua, o en otro de los casos, como el sanitario, perciben que los va a succionar. Lo más recomendable en estas situaciones es que el padre que esté en ese momento maneje la situación mostrándole, pausada y detalladamente, cómo funciona cada cosa que le genera pánico. Ansiedad de separación: los especialistas coinciden en que es el temor que más cuidado merece. Se da cuando los padres se divorcian o en escenas de pelea o disgustos debido a que los pequeños ven a sus progenitores como los héroes reales; por ello esperan protección constante e incondicional. Es el caso que más traumatismos sicológicos genera, porque sienten que el mundo se les va a acabar.

Esta vivencia se da de una manera tan simple como cuando la madre se va a otra habitación de la casa y el niño lo interpreta como si no fuera a volver nunca. Se supera cuando el menor pasa los 5 años. Si después de esta edad el problema persiste , es mejor consultar a un profesional.

Por Oscar PatiñoEspecial para ABC del bebé.

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