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Explorar, la actividad preferida por el niño de un año

Explorar, la actividad preferida por el niño de un año

Después del primer año de edad, el bebé tiene avances muy importantes en su desarrollo: aprende a caminar y a hablar y su control corporal mejora. La estimu

Explorar, la actividad preferida por el niño de un año
Por: Juan David Cárdenas
06 de Agosto de 2007
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Después del primer año de edad, el bebé tiene avances muy importantes en su desarrollo: aprende a caminar y a hablar y su control corporal mejora. La estimulación ayuda a optimizar estos procesos.

Los niños son como un motor en constante movimiento y no paran de crecer y desarrollarse. El periodo entre los 12 y los 24 meses no es la excepción. Durante este año pasan de gatear a caminar, tienen sus primeros tropezones y, además, empiezan a decir algunas palabras. La estimulación es fundamental para permitir un adecuado progreso cognoscitivo y motriz.

Al cumplir un año, el bebé asciende un escalón neurológico y empieza una nueva etapa de crecimiento. En este momento sus funciones sensoriales, vestibulares y sicológicas van evolucionando y poco a poco se perfeccionan.

La estimulación desde los meses iniciales de vida propiciará que el niño llegue a esta edad con las capacidades para recibir nuevos conocimientos, empezar a desplazarse, aprender a agarrar objetos, adquirir lenguaje y comprender el mundo a su alrededor.

“Cuando el bebé tiene un año, es una etapa bellísima. Se les llama pequeños exploradores, porque ya están caminando y quieren conocerlo y manipularlo todo. Además, si ven algo que les llama la atención, van por él. Se desplazan solos y obtienen mayor independencia”, comenta María Clara García, enfermera pediatra y coordinadora académica de Gymboree.

Es apropiado dejarlos inspeccionar los diferentes lugares de la casa y llevarlos a espacios abiertos, para que puedan saciar su curiosidad, gasten energía y se diviertan. Esto, obviamente, obliga a los padres o al adulto encargado del cuidado a estar más atentos del pequeño.

Según Julio Doná, licenciado en educación física y experto en kinesiología, director del centro de estimulación La Academia, afirma: “En este año el niño empieza a desarrollar sus funciones físicas, como equilibrio, coordinación, fuerza, agilidad y velocidad. De esta manera, entre más movimiento tenga, su dominio corporal y su control neurológico van a mejorar”.

La estimulación durante estos 12 meses es muy importante, porque los niños deben lograr el desarrollo de su pensamiento, con el objetivo de tener un mejor aprendizaje, que se verá reflejado en la parte académica.

Así mismo, es imprescindible que aprenda a seguir y ejecutar órdenes, de acuerdo con sus capacidades, para fomentar su memoria y crear más conexiones neuronales. Esto potencia su concentración, pensamiento y aprendizaje.

Para correr, hay que caminar

“Cada área del desarrollo se debe estimular, es decir, los diferentes canales que el niño tiene para recibir la información como los ojos, los oídos, el lenguaje y el cuerpo”, afirma la pediatra experta en desarrollo infantil Aura Sofía Rico.

Sin embargo, es importante tener claro que el pequeño no va a ser más inteligente porque se le esté estimulando correctamente. “Él tiene un coeficiente intelectual inmodificable y no se puede acrecentar. Aunque si se estimula mal, sí se puede provocar que el niño utilice menos del que tiene”, asegura Doná.

Tampoco se puede hablar de que el bebé debe hacer determinada actividad en un momento específico, pues cada niño es único y avanza a su propio ritmo. “Los papás tienden a comparar y a asustarse porque su hijo no hace algo a la edad que les dicen, y muchos no comprenden que los pequeños van subiendo escalones a su manera”, opina García.

En cada edad se deben hacer ciertas actividades de estimulación, que correspondan con los ciclos evolutivos del niño, para no forzarlo a realizar tareas imposibles que puedan desmotivarlo y hacerlo sentir incapaz.

En el primer año es necesario darle independencia y seguridad al menor, con el objetivo de que aprenda a caminar solo y a desarrollar otras habilidades. No es indicado sobreprotegerlo.

Por ejemplo, los primeros pasos se pueden propiciar si los padres sujetan al pequeño de la espalda o le dan la mano para que logre equilibrio. A medida que comienza a caminar, el niño necesita objetos para apoyarse como camas, sillas, mesas o paredes.

Cuando ya aprende a hacerlo solo, es bueno ofrecerle juguetes para que los alcance. También es adecuado enseñarle a pararse sin ayuda y para ello, es indicado sentarlo en el primer escalón de las escaleras y hacerlo levantar.

Otra forma de estimular al niño es ponerlo a caminar sobre superficies con texturas, sin usar zapatos.

En este proceso, los padres deben ofrecer todas las condiciones de seguridad para el pequeño, evitando tener lugares con muchos obstáculos y objetos puntiagudos. Además, siempre debe estar bajo supervisión. “Cuando el niño camina, hay un cambio neurológico en el cerebro, al desarrollarse su función de equilibrio. Además, la visión, la audición y su estructura también evolucionan porque aparece una nueva perspectiva del mundo y se puede conocer más”, explica Julio Doná.

El rango promedio en que los niños empiezan a dar sus primeros pasos es entre los 10 y los 18 meses de edad. En general, lo hacen cuatro meses después de haber gateado. Según Doná, con la estimulación adecuada el pequeño, al cumplir los 2 años, podrá caminar, saltar, subir y bajar un plano inclinado y treparse en lugares altos.

Juegos y juguetes

Para esta etapa, los juguetes más indicados son aquellos que muestran una causa y efecto, como en los que se oprime un botón y suena o se abre algo. También son fundamentales los que sirven para insertar figuras geométricas.

A partir de los 18 meses se vuelve importante el juego simbólico, es decir, los que representan de alguna forma la realidad, como muñecas, carros o casas en miniatura. Esto ayuda al niño a entender cómo funciona el mundo.

También el pequeño debe tener contacto con juguetes sensoriomotrices; es decir, que incentivan los sentidos.

Se caracterizan por tener olores, colores y desplazamiento.

Los juegos para armar y construir, como los bloques o los rompecabezas, sirven para estimular la motricidad fina.

Los crayones, las pinturas o la plastilina deben usarse comúnmente porque propician la creatividad. En general, los juguetes para este periodo no deben ser pequeños, para evitar que el niño se atore. Además, es mejor que tengan colores llamativos, sean de texturas suaves y suenen.

Palabras y frases

En estos 12 meses, el lenguaje tiene cambios notables.

Cuando cumple un año, el pequeño generalmente ya dice monosílabos y unos meses después pronunciará sus primeras palabras. Se estima que a los 2 años acumula 50 vocablos y puede articular frases con dos o tres términos.

“La mejor forma de estimular el lenguaje es a través del mismo lenguaje. Por eso, hay que hablarles constantemente”, explica la sicóloga en desarrollo infantil Paula Bernal.

En este proceso, es ideal incentivar la parte comprensiva y enseñarle a relacionar los objetos con las palabras. Por eso, es adecuado que tenga contacto con juegos en los que se vincule el sonido o la imagen de animales y objetos con su nombre.

Ejercicio es salud

Los niños desde esta etapa deben ser activos. Por eso, es fundamental darles la oportunidad de entretenerse y estimularse a la vez. Una forma es ‘disfrazar’ las actividades para que las vean como un juego. Trepar escaleras, gatear por un túnel, saltar desde diferentes alturas o hacer rollos; dan al niño agilidad física y mental.

También se deben fomentar los juegos en los que se meten y sacan figuras geométricas, se encajan aros en una barra o se arman torres con bloques, pues sirven para adquirir la coordinación entre las manos y los ojos (visomanual).

 

 

Por Juan David Cárdenas P.Redactor ABC del bebé.

 

 

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