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Falta de afecto y abandono, principales causas de terapias infantiles con sicólogos y siquiatras

Falta de afecto y abandono, principales causas de terapias infantiles con sicólogos y siquiatras

Muchos padres no le dedican tiempo de calidad a sus hijos y pueden causarles problemas. Conozca cómo fortalecer el vínculo afectivo con ellos y cómo ayudarl

Falta de afecto y abandono, principales causas de terapias infantiles con sicólogos y siquiatras
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13 de Febrero de 2009
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Muchos padres no le dedican tiempo de calidad a sus hijos y pueden causarles problemas. Conozca cómo fortalecer el vínculo afectivo con ellos y cómo ayudarles a reconocer sus emociones. 

Desde recién nacidos, los niños sufren de diversos trastornos emocionales que han aumentado el número de consultas de los padres a sicólogos y siquiatras infantiles. Pequeños con ansiedad, agresividad, desobediencia o problemas escolares se reciben a diario en las terapias.

De acuerdo con los expertos, la principal razón es el abandono de los niños, que se da, aunque vivan con sus padres, porque se refiere a la ausencia en los momentos de juego, al hacer las tareas, a la hora de dormir y la autoridad mal entendida que llega a ser permisiva o autoritaria.

Entre los 0 y los 3 años. La gran mayoría de las ocasiones en las que los padres consultan a un terapeuta, las razones están relacionadas directamente con dificultades entre los padres: problemas de pareja, separación, enfermedad o muerte de algún miembro de la familia, señala la sicóloga familiar María Elena López.

María Carolina Sánchez, sicóloga clínica experta en la primera infancia, asegura que en esta edad es el pediatra quien remite a terapia a la familia por “trastornos de sueño, llanto profundo, reiterativo y sin causa aparente, dificultad para ejercer patrones de alimentación cuando no comen, vomitan y se han hecho exámenes que descartan los problemas físicos”.

La experta asegura que el 90 por ciento del lenguaje con el que le hablamos a los bebés es gestual y el 10 por ciento verbal; es así, como los pequeños absorben como esponjas los estados de ánimo de sus padres y si se tienen adultos angustiados, estresados o tristes, habrá bebés angustiados, estresados o tristes.

Otros motivos son orgánicos: enfermedades como autismo, retraso mental o psicosis infantil. Aunque, de acuerdo con el siquiatra infantil Christian Muñoz Farias, son menos comunes.

Entre los 2 y los 4 años. En este momento los que buscan ayuda son directamente los padres, porque la mayor dificultad se presenta en los patrones de crianza, no saben cómo y en dónde poner lo límites. Cuando los pequeños pierden el control de esfínteres, la mayor parte de las veces está relacionado con el ambiente y la situación emocional por la que está pasando el pequeño: un nuevo colegio, acoso de sus compañeros o la separación de sus padres. “No estoy en contra del divorcio -dice la doctora Sánchez-, el problema es cuando se maneja de forma inadecuada”.

Preescolares. Antes de los cinco años comienza el juego de poder entre padres e hijos; los padres no saben cómo establecer normas y acuden a su único referente: su infancia y lo aprendido en casa. Puede haber disputas entre los esposos por aplicar su propio método y viene la angustia que lleva a consultar.

Escolares. El remitente generalmente es el colegio, dice la doctora María Elena López. Los problemas suelen ser adaptación al sistema educativo, problemas de relación con otros (niños o autoridad) o trastornos de aprendizaje (déficit de atención con hiperactividad, inatención o impulsividad), conductas inadecuadas como agresividad, desobediencia, dificultad para aceptar normas y límites.

“Actualmente están consultando por depresión, estrés o ansiedad, adicciones al alcohol, drogas y cigarrillo, problemáticas que eran propias de los adultos”, dice la especialista.

Y agrega que “la problemática fundamental y retadora con la que tenemos que vivir los especialistas del área y que es doloroso para nosotros como sociedad es el abandono, que es válido desde los cero años hasta más allá de los 20 y no solo abandono físico, sino la ausencia emocional”.

El vínculo de los padres con sus hijos debe estar basado en el afecto, aunque se llegue cansado de trabajar, hay que dedicar por lo menos media hora a jugar, a preguntarle sobre sus actividades del colegio. “No puede ser que los papás separados, que ven a los niños el fin de semana, se lo dejen a la abuela los días que tienen destinados para compartir con los ellos”, dice el siquiatra infantil Christian Muñoz Farias.

Los papás deben ser el modelo en el que los niños depositen su confianza y los adultos deben saber cómo equilibrar sus papeles de pareja, padres y profesionales.

Los niños sí entienden

Un mito arraigado entre los adultos es que los bebés o niños no entienden lo que pasa alrededor. Si su hijo llora sin control, tiene problemas para dormirse, volvió a orinar la cama o no come, déle un vistazo al ambiente de su hogar y probablemente encuentre la respuesta. Los gritos, las malas actitudes, el desprecio y la indiferencia llegan al bebé aunque no entienda el concepto de divorcio, peleas y malos tratos.

“El modelo de familia convencional ha cambiado y eso hace que existan dificultades para establecer las pautas de crianza y aparecen en los niños las conductas oposicionales, desafiantes, los pequeños que hacen pataleta, son rencorosos, vengativos y dicen mentiras”, dice el siquiatra infantil Christian Muñoz. “He visto niños que en un supermercado les dicen a sus papás: “eres un cerdo” y ellos se quedan callados sin saber qué hacer”, dice María Carolina Sánchez.

Otras de las causas que derivan en los diversos problemas emocionales son la maduración cerebral y emocional de los niños, dificultades genéticas, los lazos de afecto en la familia que les permiten a los niños desarrollarse en sus distintas competencias a lo largo de la vida; incluso, influyen los medios de comunicación y obviamente, la adaptación en los procesos escolares.

 

La calidad del tiempo compartidoEl vínculo con los hijos debe basarse en valores como el respeto, la confianza, enseñarles a reconocer sus emociones y que puedan manifestar por qué están molestos o tristes.

Es importante que los niños tengan actividades extracurriculares que les permitan desarrollar adecuadamente sus habilidades sociales, pero no excederse. Hay quienes buscan que los pequeños tengan habilidades extraordinarias para la música, los deportes, la pintura y olvidan lo esencial en la infancia: “Los niños de hoy no tienen tiempo para jugar”, dice la sicóloga María Carolina Sánchez.

Ante la falta de tiempo de los adultos hay que privilegiar la calidad sobre la cantidad.Es importante también cuando se establecen los patrones de crianza hacerlo bajo las teorías del premio y el castigo. Cuando un niño hace las cosas bien, hay que reconocerlo, felicitarlo, abrazarlo, contarles a los demás el motivo del orgullo de los padres. Pero también, cuando los pequeños hagan algo indebido, debe regañárseles y aplicar, según el siquiatra Álvaro Franco, ‘la ley del silencio’ e ignorarlo un buen rato, para que sienta la molestia. “Si el niño pide disculpas, se aceptan, pero se sigue ignorándolo para que no manipule”. De esta manera se establece adecuadamente la autoridad.

 

Por Edna Juliana Rojas H.

Redactora ABC del bebé

 

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