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Miedo al pediatra, un asunto del pasado

Miedo al pediatra, un asunto del pasado

La seguridad, la confianza y el conocimiento de lo que va a pasar son herramientas clave que debe tener un niño a la hora de enfrentar nuevas situaciones. Tod

Miedo al pediatra, un asunto del pasado
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28 de Agosto de 2007
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La seguridad, la confianza y el conocimiento de lo que va a pasar son herramientas clave que debe tener un niño a la hora de enfrentar nuevas situaciones. Todo comienza por los padres, pues de ellos depende que un temor sea parte normal del desarrollo del infante o se convierta en un trastorno a futuro.

En otras palabras, la manera como los adultos respondan a la ansiedad del menor frente a circunstancias como la visita al pediatra o al odontólogo, facilitará o no su adaptación. Entre los 18 y los 24 meses de edad, los niños entran en una etapa conocida como ‘ansiedad de separación. Aquí, explica el siquiatra infantil Christian Muñoz Farías, comienza a ser consciente de sí mismo, de su independencia y esto le genera angustia.

“Descubre que es un ser autónomo y cuando interactúa con otras personas piensa que lo van a dejar abandonado”, señala el especialista. Como la consulta médica es muy frecuente en los primeros años de vida, aparece el miedo al pediatra, que no es más que el temor a una persona extraña. Los padres deben explicarle al niño a dónde se dirige, qué va a encontrar y qué le van a hacer, de manera que despejen su incertidumbre.

Hay que hablarle con palabras sencillas, acordes con el pensamiento del infante, para minimizar el temor; decirle lo que va a ocurrir con un tono emocional y lenguaje adecuados, evitando expresiones agresivas o rudas, recalca Muñoz Farías.

Visita agradable

Según la pediatra Sandra Besada-Lombana, es importante que los niños sientan que su médico es un amigo que alivia. Hay que explicarle al niño que el médico vela por su salud y está pendiente de su desarrollo físico y social.“Los padres deben familiarizar al pequeño con su pediatra llamándolo por su nombre: ¿te acuerdas de Sandra? Te mandó saludos y que te espera muy pronto”, indica la especialista. Es clave nombrarlo con frecuencia.

Así mismo, es una buena estrategia comprarle el kit de médico, de manera que el niño aprenda, a través del juego, todo aquello que sucede en una consulta de rutina y experimente con sus padres, hermanos o muñecos.

Cuando el niño llegue a la cita, es ideal que el pediatra no utilice bata porque el pequeño notará algo diferente. Si, además, tiene recuerdos negativos recientes de vacunas aplicadas y en su mente existe una persona de bata blanca que se las aplicó, es posible que la asocie con dolor.

“El consultorio debe ser un ambiente cálido y tranquilo, con elementos atractivos como tableros y mesas infantiles para colorear. No se recomiendan muchos juguetes porque el niño los puede chupar y, al retirárselos, crea distanciamiento con el pediatra”, señala Besada-Lombana.

Los padres deben llegar tranquilos y puntuales a la cita; ante todo, el médico del niño debe ser de su agrado porque la seguridad que esa persona les genere es la misma que le van a transmitir al pequeño. Hay que animarlo a sentarse en las piernas del profesional e interactuar un rato con él antes del inicio de la valoración.

Luego, aconseja la pediatra Sandra Besada-Lombana, hay que abordarlo despacio: desvestirlo gradualmente, ojala que lo haga la mamá, y revisarlo con las manos tibias (el fonendoscopio también debe estar caliente para que no lo rechace); es clave permitirle que juegue con los aparatos y examine a sus padres, al pediatra y al muñeco que lleve a la cita (se le debe permitir llevar juguetes).

Revisar su boca y garganta es una parte difícil de la consulta. Para ello, ya existen en el mercado bajalenguas de sabores que facilitan un poco esta tarea.

¿Y el odontólogo?

También hay formas de hacer agradable esta primera consulta. El odontopediatra Francisco Hernández ofrece los siguientes consejos:

Nunca hablar enfrente del niño acerca del temor que los adultos sienten por el odontólogo.  Cuando el niño llegue al consultorio, debe hacerlo caminando y no alzado. Fomentar en casa la buena higiene oral para que el día de la cita el niño permita que el especialista revise y trabaje en su boca. Refuerzo positivo. Felicitarlo cada vez que se cepille por sí mismo.  Si el niño tiene un apodo de cariño, es clave que el odontopediatra también lo utilice para dirigirse a él.  En la consulta, asignar nombres agradables a cada instrumento que se vaya a utilizar (pistola de agua, lámpara mágica, etc.).  El niño debe llegar puntual a la cita para que no se aburra.  Todo aquello que se le vaya a hacer al niño, realizarlo primero con sus padres para que observe que no existe peligro alguno.  En el consultorio deben haber espacios para pintar y jugar, pero sólo hacerlo antes o después de la consulta, pues trabajar en la boca del niño estando distraído puede dificultar cualquier procedimiento.  Vale la pena recordar que cada seis meses, como mínimo, el infante debe tener un control odontológico.

Errores más frecuentes

En ningún momento se debe respaldar un mecanismo de defensa inadecuado: si el niño dice “no quiero ir al médico”, en lugar de acceder a su petición se le debe preparar y respaldar para que acuda a su cita. No utilizar al pediatra o al odontólogo como un castigo cada vez que el infante sea desobediente. No transmitirle angustia ni inseguridad. Es erróneo exagerar o expresar cosas que no correspondan a lo que realmente va a experimentar el niño. Inventar cosas que no van a ocurrir, le genera ansiedad.  No condicionar la visita al médico con un premio: ‘si vamos a la cita te doy un dulce o un regalo’. Nunca amenazar al pequeño con que el doctor ‘se va a disgustar’.

Andrea Linares G.Redactora ABC del Bebé

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