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Aprender a hablar es trabajo de familia

Aprender a hablar es trabajo de familia

El lenguaje es mucho más que palabras, también es interactuar y establecer una comunicación.

Aprender a hablar es trabajo de familia
Por: Catalina Gallo, especial para ABC del Bebé
31 de Mayo de 2016
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El verdadero desarrollo del lenguaje en los niños no se mide solo porque el pequeño tenga un repertorio muy amplio de palabras o porque pronuncie muy bien todos los sonidos. Es fundamental que este sirva para establecer una verdadera comunicación; esto es, una en la que haya diálogo, en la cual el niño se interese por el otro, y responda al lenguaje verbal y no verbal de las demás personas. Así lo explica Rocío Bautista, fonoaudióloga y educadora, quien afirma, además, que el desarrollo del lenguaje es un proceso.

Según Bautista, “en la medida que un niño esté inmerso en una lengua y en unos sonidos que implican una comunicación, el cerebro va desarrollando esa opción de poder reproducirlos en un sonido oral y en unir un sonido con otro para producir palabras”.

Lo primero que un niño desarrolla son los sonidos guturales, que salen como desde adentro. Es un juego del bebé con su garganta: hace ‘grg’ y tiene una sensación agradable; como el bebé pasa la mayoría del tiempo acostado, la posición de la garganta también ayuda para que él haga tales sonidos.

Después, cuando empieza a sentarse, y en la medida que le hablan y él oye que todo alrededor tiene sonidos, aparecen otros sonidos: ‘ma’ y ‘pa’. No obstante, no son estos porque él quiera decir ‘mamá’ o ‘papá’, sino porque lo primero que se juntan son los labios y el sonido de esa unión coincide con el de las sílabas de ‘mamá’ y ‘papá’. Mientras que tu bebé va chupando, tomando seno o tetero, desarrolla fuerza en los labios hasta conseguir que se junten lo suficiente para producir los sonidos de ‘ma’ y ‘pa’.

Hay una cronología de aparición de los sonidos en tanto los niños crecen. Primero suelen aparecer los de la ‘g’ o los de la ‘j’ y al final los más difíciles, como la ‘r’ o la ‘t’. Hay otros que aparecen inicialmente, desaparecen luego y regresan, como los de la ‘d’ o la ‘k’. La última letra en aparecer suele ser la ‘r’.

Bautista explica que, neurológicamente, el sonido de esta letra tiene plazo hasta cuando el niño cumpla los 6 años, aunque el bilingüismo la está presionando para ser pronunciada antes. Sobre ello, la experta considera que el cerebro puede no estar maduro para esa tarea y por eso es necesario esperar a que el proceso sea natural.

En términos de la compresión del lenguaje, se espera que los niños vayan desarrollando un sentido de esa comunicación en tanto son estimulados, mirados a la cara y tocados, así como mientras sienten y ven los sonidos en la cara de quien les habla.

La comprensión empieza más o menos a los 9 meses, con la aparición y desaparición de objetos. En ese momento, el niño responde a indicaciones como “toma” y “dame”, a su propio nombre, a la representación visual de elementos como la foto de los abuelos, por ejemplo. Las primeras palabras deben aparecer al año, aunque esto depende un poco del género biológico y de la estimulación.

Las niñas desarrollan generalmente el lenguaje más rápido que los niños, pero también depende mucho del contexto, de qué tanto el medio les pida comunicarse. A los niños se les estimula hablándoles, mirándolos a la cara, mirando libros en los cuales puedan asociar imágenes con palabras o leyendo cuentos; lo más importante es que todo lo que haga el adulto tenga una significación para el niño. (Lee: Habilidades y comportamiento del bebé desde los seis meses hasta el año)

Así, no se trata de hablarle de las prendas de ropa mientras que lo vistes y él está jugando con un muñeco. En ese caso, háblale del muñeco. Los niños deben ser estimulados de acuerdo con sus intereses.

Bautista explica que motivar a las madres a hablarles mucho a sus hijos sin que la conversación tenga relación con la atención del niño o con lo que él está haciendo es un error muy común en varios centros de estimulación. Hablar por hablar no estimula.

Las primeras palabras que aparecen en el vocabulario del niño son las palabras que significan todo, como ‘pio’, ‘mu’ o ‘guau’ para los animales, o ‘pa’ y ‘ma’ para las personas. También, sonidos que se aproximan a palabras, como ‘te’ para tetero o ‘aua’ para agua.

Para desarrollar variedad de palabras, es muy importante hablarles bien y repetirles las palabras correctas. Si el niño dice “eta” para referirse a la ‘galleta’, el adulto debe decirle: “quieres una galleta”. Así mejora su pronunciación. Tal vez, el niño no diga ‘galleta’ sino ‘aeta’, pero su cerebro ya le ha indicado que omitió unos sonidos y buscará adquirirlos.

Las frases

Desde lo sintáctico, es decir, cómo debe ser la oración que debe aparecer en el lenguaje de los niños, ellos pasan de una palabra que significa todo, como ‘nene’ para decir que quiere pintar un nene, a juntar palabras como ‘ese’ y ‘mamá’ hasta hacer una frase sencilla: “quiero ese, mamá”.

Una frase simple debe pronunciarse a los dos años y después de los tres debe hacer frases completas. Las subordinadas, aquellas que se unen por ‘entonces’, ‘porque’ u otras, suelen llegar a los tres años y medio años de edad.

Los niños empiezan a cometer todo tipo de errores como “un casa” en vez de ‘una casa’ o “tirejas” en lugar de ‘tijeras’. También une dos palabras e inventa una, como decirle a un bicho “cucaraña”, resultado de las palabras ‘cucaracha’ y ‘araña’.

El adulto debe corregir, a pesar de que suene muy lindo, esta formación de palabras. En el ambiente escolar, las profesoras lo hacen todo el tiempo porque el niño debe aprender a hablar bien.

Por último, es muy importante entender que el lenguaje “no es solamente hablar clarito”, dice Bautista: es interactuar, mantener una conversación, mirar a los demás a la cara, que el otro genere una curiosidad en el niño.

Actualmente, hay pequeños que hablan de manera rimbombante o que pronuncian palabras muy complejas, pero en ello no hay necesariamente comunicación porque el interlocutor no existe. En estos casos, es muy importante consultar con un experto, que para este caso puede ser un fonoaudiólogo.

Comer tiene que ver con hablar

Todo lo que hace un bebé con su boca, los juegos con los labios, las palabras, los sonidos, es un entrenamiento para mover luego a voluntad los labios, la lengua y producir sonidos; de allí que el desarrollo de la alimentación sea paralelo al del lenguaje. Es importante introducir los alimentos blandos y luego los sólidos, dejar que el niño mastique y coma solo, y que ejercite sus músculos cuando come. (Puedes leer: Aprender a comer bien sí tiene que ver con el buen desarrollo del lenguaje)

Para prestarle atención

El primer profesional que puede darse cuenta de si existe un problema con el desarrollo del lenguaje del niño es el pediatra. Luego, los maestros en el jardín infantil o en el colegio. Estos suelen remitirlos a terapia o valoración auditiva.

Es muy útil que hoy día a los bebés se les realice un tamizaje al nacer, con el cual les revisan la vista y el oído; se trata de un examen médico completo. Las señales a los que los padres les pueden prestar atención es si pasados los tres primeros meses el bebé no produce ningún sonido; también, cuando esté más grande el niño, si no mira a los padres cuando lo llaman, si no sigue una instrucción sencilla, hace un esfuerzo muy grande por hablar y no logra sacar un sonido.

Es importante consultar cuando el niño usa sonidos muy distintos para decir algo, por ejemplo si la madre dice "galleta" para que su hijo repita y este dice algo como “oa”. En este caso, es posible que no reconozca los sonidos.

Cuando los niños necesitan terapia del lenguaje, esta suele funcionar, pero para ello debe tener un objetivo claro, y los padres y los profesionales les deben entregar reportes a los padres con informes sobre resultados, porque no se trata únicamente de estimular. (Te puede interesar: Terapias de lenguaje: ¿cuándo llevarlos?)

 

 

 

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