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Las diferencias entre el amor paterno y el materno

Las diferencias entre el amor paterno y el materno

Cada uno aporta una visión particular de la vida. Foto: Fotolia

Las diferencias entre el amor paterno y el materno
Por: Redacción ABC del bebé
07 de Junio de 2013
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Aunque hay aspectos comunes en la relación que las mamás y los papás tienen con sus hijos, como, por ejemplo, la disciplina, el autoestima, el respeto y el deseo mutuo de educar y formar seres útiles para la sociedad, cada progenitor trae consigo una información única y diferente propia de su género, información que resulta fundamental en el desarrollo de niños sanos y equilibrados mentalmente.

Y es que basta mirar la forma en que una madre se comunica con su hijo: es dulce, sutil, cariñosa y tierna, en la mayoría de los casos; los padres, en cambio, son más directos, simples, concretos y parcos. Esto no quiere decir que uno quiera más que el otro, se trata, sencillamente, de que cada uno tiene una lectura del mundo distinta y la expresa de forma diferente. En palabras más sencillas, la madre mira el entorno en relación con el hijo, mientras que el padre mira a su hijo en relación con el entorno.

En este sentido, Zulma Gómez Salgado, terapeuta de familia y de pareja, recalca la importancia de entender que si bien existen disparidades, estas están dadas exclusivamente por cuestión de género y por esta razón no se puede decir que una relación es mejor que la otra. “Simplemente ambas son necesarias, ambas se construyen desde las experiencias personales, las historias de vida y las motivaciones intrínsecas y extrínsecas. Esto es lo que realmente las hace tan valiosas e imprescindibles en una crianza ideal”.

Para comprender mejor las características de uno y otro afecto vale la pena citar a Erich Fromm en su obra ‘El arte de amar’, en donde explica que “Las actitudes del padre y de la madre hacia el niño corresponden a las propias necesidades de este. El infante necesita el amor incondicional y el cuidado de la madre, tanto fisiológica como psíquicamente. Después de los seis años, el niño comienza a necesitar el amor del padre, su autoridad y su guía. La función de la madre es darle seguridad en la vida; la del padre, enseñarle y guiarlo en la solución de los problemas que le plantea la sociedad particular en la que ha nacido”.

Así, entonces, cada cual proporciona elementos significativos en la formación de la persona, cada cual tiene ingredientes exclusivos de su ser que deben complementarse para lograr un desarrollo estable y armónico.

El amor de ellas…

El afecto maternal se caracteriza por un impulso natural de amar y proteger a un hijo. Es una relación emocional e intuitiva, y está determinada por el vínculo que se tuvo con el bebé desde el vientre durante nueve meses en los que, entre otras cosas, se compartió la misma unidad y se logró establecer una conexión única.

Martha Galindo Salom, psicóloga clínica y directora de Prevenpsic (psicología preventiva), dice que el amor de la mamá es fundamental, especialmente en los primeros años de vida, porque fortalece la confianza del niño a través de la satisfacción de sus necesidades básicas: alimento, abrigo, compañía y protección, principalmente. “Se crea un ‘apego’ que permite el desarrollo de un infante tranquilo y seguro de sí mismo en sus futuras relaciones afectivas”, comenta.

Por su parte, Luisa Díaz, una madre de familia, describe su amor como desmedido, desinteresado, cómplice, incondicional y definitivo. “Amas a tus hijos porque son tus hijos, no importa cómo sean, qué hagan, qué decisiones tomen, los amas desde el vientre y los amarás el resto de tus días”. Una descripción que la psicóloga Viviana Obando califica como precisa y acertada, aunque aclara que no es única pues pueden presentarse variaciones.

En palabras de Fromm, nuevamente en su libro ‘El arte de amar’, “La madre es el hogar de donde venimos, la naturaleza, el suelo y el océano…”. Siempre estará allí para sus hijos, ellos no tienen que hacer nada para ganarse su amor, sus caricias, su entrega; por el contrario, ella lo adorará incondicionalmente, aun cuando este sentimiento no sea igualmente correspondido.

El amor de ellos…

El afecto paternal, en cambio, es más lógico y racional y está asociado a una figura de sustentador y ejemplo de vida. El padre enfatiza en hacerle entender al pequeño las consecuencias de sus actos, es el que establece autoridad y respeto, el que hace que se cumplan los deberes que plantea el sistema familiar y social. 

Y aunque su relación con el menor durante sus primeros años de vida es más distante, si se compara con el vínculo materno, no se puede desconocer que contempla otros aspectos esenciales en el ser humano. “El mundo del pensamiento, de las cosas hechas por el hombre, de la ley y el orden, de la disciplina, los viajes y la aventura. El padre es el que enseña al niño, el que le muestra el camino hacia el mundo”, Erich Fromm.

Él le enseña a través del juego, fomenta el deseo de ganar, de triunfar, de competir, de liderar, de ser un individuo independiente. Él busca mostrarle continuamente los límites y las reglas para que jamás los pase ni las quebrante, es juez y, en el buen sentido de la palabra, verdugo.

En conclusión, las contribuciones del padre y de la madre son diversas y justamente esa diversidad es lo que las hace imprescindibles en la crianza, la formación y la educación de los hijos. Es así como los progenitores, sin importar las circunstancias, tienen la responsabilidad de permitir que tanto el uno como el otro participen activamente en dichos procesos. “Cuando el infante es formado bajo una figura de autoridad complementaria, se trabajan las concepciones intuitiva y emocional, así como también la lógica y el razonamiento; en cambio, cuando por alguna razón se presenta la ausencia de cualquiera de los dos, la psicología de esos niños se ve perturbada y esto genera inestabilidad, entre otras huellas emocionales complejas”, argumenta Mauricio González Montero, psicólogo cognitivo.

Una crianza con ausencias

La especialista Galindo Salom afirma que “una madre o un padre ausente suele desencadenar conflictos de autoridad y resentimientos en los hijos, porque se tornan confusos los límites que se deben respetar. Amor y respeto no siempre van de la mano, el amor es flexible, la autoridad no y para el progenitor que está solo esta disyuntiva genera una carga emocional extra que, en la mayoría de los casos, termina desbordándose por la falta de apoyo de una pareja, entonces aparecen los niños con comportamientos agresivos, desvalorización, baja autoestima, sentimientos de profundo dolor, inapetencia, falta de atención, introversión, insomnio, problemas escolares y rebeldía, por mencionar algunos inconvenientes”.

En el caso específico de una madre ausente, por ejemplo, el niño puede crecer con resiliencia, es decir, que carece de capacidad para sobreponerse a situaciones de dolor emocional, traumas y adversidades; tiene, además, dificultades para adaptarse a los cambios y tiende a ser inseguro. En el caso del padre distanciado, los menores suelen ser oposicionistas, desafiantes, irrespetuosos y generalmente terminan rompiendo las reglas y sobrepasando los límites.

Tipos de ausencias

Las ausencias pueden presentarse por abandono parcial o total y por fallecimiento. Las dos primeras, que se traducen en carencias afectivas voluntarias, tienen efectos más nocivos en los niños que cuando el progenitor no está porque ha fallecido.

Según el psicólogo González Montero, para una madre o un padre siempre será más ‘fácil’ explicarle a su hijo la ausencia por defunción que por abandono y, de igual forma, el niño comprenderá mejor lo primero que lo segundo puesto que, aunque los dos representan una pérdida, la elaboración del duelo se da de forma diferente.

Cuando se trata de muerte, el menor la concibe como un hecho ineludible, pero natural, mientras que si se da por abandono es más probable que el infante tenga sentimientos de rabia y frustración debido al rechazo. La diferencia, entonces, radica en la representación interna que queda en el niño entre la concepción de repudio y menosprecio o pérdida y duelo.

Existe también la ausencia emocional y moral, que es aquella en la que pese a que los padres están presentes de manera física, nunca tienen tiempo para compartir con sus hijos debido a las cargas laborales, los compromisos sociales, los problemas, las aficiones y demás ocupaciones.

En cualquier caso será responsabilidad de quien está presente en el hogar hacer que estas ausencias no afecten de manera significativa a los más pequeños. “Esto se logra con el fortalecimiento de las relaciones afectivas con otros familiares, las menciones respetuosas y libres de todo tipo de resentimientos con respecto al progenitor ausente y la especial atención emocional del menor”, advierte Clara Navas Jiménez, psicóloga clínica infantil y juvenil.

Bajo ninguna circunstancia se le debe ocultar información al niño sobre el padre o la madre que no está, como tampoco se les debe mentir o indisponer en contra de los mismos. En cambio, sí se les debe hablar de ellos así se haga de manera ocasional con frases como “tu papá se sentiría orgulloso de ti” o “¿qué crees que pensaría tu mamá sobre la decisión que has tomado?”, etc. Este tipo de expresiones que involucran al otro así no esté físicamente hacen que se cree un estado de seguridad emocional necesario en el desarrollo del infante.

En consecuencia, lo más importante será ofrecer a los hijos, sea cual sea el caso, la posibilidad de contar con los aportes de mamá y papá. “Ni la rabia, la tristeza o el dolor que rompan una relación de pareja pueden estar primero que los hijos. Ellos son seres independientes que no pueden tomar partida en una pelea ajena pues, si entran en el ‘campo de batalla’, terminarán gravemente heridos”, subraya la psicóloga Gómez Salgado.  Asimismo, agrega que, cuando se trata de ausencias, lo apropiado es mantener la honra de quien no está, independientemente de las razones por las que haya partido.

Otra forma de minimizar los efectos nocivos que dejan este tipo de situaciones es la búsqueda de redes de ayuda y apoyo, bien sea con amigos, familiares o incluso especialistas, con el fin de alivianar la carga extra y lograr crear una atmósfera familiar equilibrada.

 

 

 

 

 

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5 Comentarios

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Comentarios (5)

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julian681084
Hace 2 semanas
Tengo dos hermosos hijos, hembra y varón, pero mi novia no quiere que yo los frecuente .Por favor que hago, son dos sentimientos distintos.
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Blau
Hace 1 año
Buen articulo, tanto la figura materna como la paterna son importantes e irremplazables, sobretodo para esas mujeres que se creen madre y "padre", eso es imposible, quieran o no ese niño por su cuenta buscara su propia figura paterna y en el caso de las niñas incluso puede ser peligroso. Con las parejas gay sucede lo mismo, el niño/adolescente inconcientemente siempre tiende a buscar lo que le falta. Tambien se sabe que a algunos afecta más que a otros, incluso se puede crear un vacio imposible de llenar durante la vida adulta y vejez.
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andreshinji
Hace 2 años
Que asco de artículo sexista.parece que lo escribieron las hijas del procurador. Que pasa entonces con las madres solteras. Los que nos crian nuestros padres. Y los millones de hijos de parejas gay que reconocidos o no por la ley existen y sin criados perfectamente. O es que los hijos bastardos que discriminaban en los 80 tienen deficiencias por la crianza o por la gente. Ademas hay cientos de estudio que demuestran que con una base sólida de un solo padre hay niños exitosos. ...y al que dice de las parejad lgbti no pueden tener hijos entonces porque putas las parejas heterosexual que defienden acá arriba tienen hijos gay.... ojala que todos los que dicen que no algún día tengan un hijo gay a ver si lo defienden o lo hacen a un lado
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rojitas52
Hace 3 años
Este buen artículo deberia ser colgado en el congreso para ser leido en voz alta cuando se soliciten los derechos de los ligt, porque es imposible creer que un niño pueda ser bien educado en un entorno torcido como son dos gay o dos lesbianas. Triste
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dragoniante
Hace 3 años
Totalmente de acuerdo con lo razonable dicho por las sicólogas. Lo que hace falta a veces es que mamá y papá se entiendan en su concepto. Una cosa es el "pollito" otra de ahí para arriba.
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