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Anemia, un problema causado por malos hábitos alimentarios

Anemia, un problema causado por malos hábitos alimentarios

En el ámbito escolar, tanto los padres como los profesores deben trabajar para que el niño se alimente de manera adecuada y, así, no genere futuras consecue

Anemia, un problema causado por malos hábitos alimentarios
Por: Redacción ABC del bebé
24 de Abril de 2009
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En el ámbito escolar, tanto los padres como los profesores deben trabajar para que el niño se alimente de manera adecuada y, así, no genere futuras consecuencias en su organismo.A nuestros hijos de

En el ámbito escolar, tanto los padres como los profesores deben trabajar para que el niño se alimente de manera adecuada y, así, no genere futuras consecuencias en su organismo. A nuestros hijos deseamos darles lo mejor; por ello, buscamos que la etapa del descubrimiento del mundo, los primeros años de vida, sea aprovechada al máximo; es esta una de las razones por las cuales llevamos a nuestros niños y niñas para que sean atendidos por profesionales de la educación inicial en los jardines infantiles.

El niño, como todo ser humano, es complejo e integral. No debemos olvidar que la asistencia al jardín no solo se limita a favorecer esa parte intelectual y de pensamiento; allí también se atiende y se conoce la salud, la formación de hábitos, la convivencia y la identidad, elementos que en su conjunto dan forma al bienestar y la felicidad.

Es importante tener en cuenta que el proceso de aprendizaje que tanto deseamos solo es posible a partir de ese bienestar, que tiene como uno de sus pilares la nutrición, la cual es bastante sensible en la infancia temprana; de esta manera, los problemas de la nutrición no sólo se refieren a la desnutrición, sino también a la malnutrición, la cual apunta a deficiencias específicas de micronutrientes y está muy vinculada a los hábitos alimenticios.

En países como Colombia, la deficiencia de hierro –que deriva en anemia- es la malnutrición más frecuente. Los pediatras y los nutricionistas han señalado como una de las principales causas de esta deficiencia el consumo de leche de vaca por parte de los niños menores de un año, pues tiene un bajo contenido de hierro y su consumo en infantes de esta edad puede producir pequeñas hemorragias estomacales y, por consiguiente, la pérdida de sangre y de hierro. Además, en los menores de 1 año el sistema digestivo no ha alcanzado la madurez necesaria para procesar una proteína tan compleja como la lactosa. Por otro lado, en los niños mayores la deficiencia de hierro se relaciona más con el tema de hábitos de alimentación, como es el consumo simultáneo de bebidas carbonatadas o con cafeína; es decir, la ingesta de gaseosas como sobremesa o acompañadas de comidas rápidas, pues estos componentes afectan también la provisión del hierro necesario para sintetizar la hemoglobina.

La anemia está asociada al retardo en el aprendizaje y a dificultades en el comportamiento; se manifiesta en permanente adormecimiento, disminución de apetito y falta de ganas de interactuar con los demás niños del jardín. Estos indicadores deben llamar la atención de las educadoras iniciales y comunicarlas a los padres, madres o cuidadores, para que el niño sea valorado y tratado por el pediatra.

Esa comunicación denota la sincronía de esfuerzos entre la familia, el jardín y el pediatra en procura del bienestar de los niños. Luego de que la condición fisiológica sea atendida por el profesional de salud, en el jardín infantil se debe reforzar el manejo de horarios para la construcción de hábitos, trabajar en el interés del infante por interactuar con los demás niños y estar en movimiento constante, y fortalecer la motricidad y la atención en procura de mitigar los problemas que la condición pueda dejar.

Es importante recalcar que la construcción de hábitos, sobre todo los de alimentación, no puede ser antagónica entre el jardín y la casa, pues de la colaboración entre los dos escenarios depende la prevención de otros trastornos de la alimentación, los cuales se pueden manifestar más adelante en el infante.

Consejos: - Conozca los menús del jardín. - Habitúe al niño a tres comidas fuertes y dos meriendas. - Prefiera las comidas naturales: la carne antes que las hamburguesas y los jugos de fruta natural antes que las gaseosas. - Lo ideal es la leche materna exclusiva durante los primeros seis meses del bebé; luego, el inicio de la alimentación complementaria y la leche de vaca para los mayores de 1 año. - Los granos como el fríjol y la lenteja, además de ser un gran alimento, son económicos. - Los huevos son una rica y económica fuente de proteína. - Enseñe a los niños y niñas a compartir a la hora de comer. Este es un momento de encuentro, no de soledad. - No convierta la comida en un premio o castigo. - Consuma y enséñele a su hijo a comer verduras. - Enseñe a sus hijos el amplio espectro de sabores; no los limite a dulce-salado o frío-caliente.

 

José Jair Murcia

Psicólogo UCC

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