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Inapetencia y obesidad se deben al desconocimiento de las necesidades de los niños

Inapetencia y obesidad se deben al desconocimiento de las necesidades de los niños

La preocupación por inapetencia es la que atienden los pediatras en casi el 30 por ciento de consultas anuales, según la Academia Colombiana de Pediatría.

Inapetencia y obesidad se deben al desconocimiento de las necesidades de los niños
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22 de Agosto de 2008
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La preocupación por inapetencia es la que atienden los pediatras en casi el 30 por ciento de consultas anuales, según la Academia Colombiana de Pediatría.

 

Fernando Gómez, coordinador del grupo de puericultura de la Universidad de Antioquia, dice que las mamás consultan angustiadas, especialmente a partir del segundo año de vida del niño. El experto explica que en ese momento la velocidad de crecimiento en los niños disminuye notablemente, por lo que las necesidades de alimentación también se reducen.

No son necesarios los juegos para que los pequeños reciban la comida, mucho menos el chantaje, la amenaza con correa o la súplica. Para él, esos mecanismos le niegan al niño la posibilidad de crecer en un ambiente favorable, de amor y respeto.

Cuando un ser humano está angustiado, no disfruta el acto de alimentarse. Por eso “insistirles o perseguirlos es lo peor que puede hacer la mamá”, afirma Pilar Serrano, nutricionista dietista y experta en alimentación funcional. Seguramente estos errores se cometen con los hijos por temor a una posible desnutrición o por las permanentes críticas de personas allegadas cuando ven a los niños delgados. Por eso lo aconsejable es conocer las diferentes etapas de la infancia (con lecturas, educación, conferencias…). El pediatra explica que después de los dos años de vida, perder el interés por la comida es un hecho normal, debido a que en esta edad ya el crecimiento no es acelerado porque los niños disminuyen sus necesidades.

 

Gómez dice que, durante el primer año, un bebé puede aumentar hasta 7 kilos; mientras que durante el segundo, solo 2 kilos. En cuanto a la talla, crecen un promedio de 25 centímetros durante el primer año y solo 10 centímetros en el segundo.

 

EstrategiasDaniela tomaba la inapetencia de Santiago como un problema grave. Cuenta que sufría mucho, hasta que consultó y le explicaron que el niño no se iba a morir de hambre y que podía pensar en opciones novedosas para lograr que se alimentara.

Desde entonces se ha vuelto experta en hacer platos que lograron lo que parecía imposible: alimentar a su hijo.  Como a él no le gusta ni el pollo, ni el pescado, ni la carne, entonces la mamá le hace hamburguesa con forma de carita feliz; así puede incluirle tanto alguna de las carnes, como verduras. “Con las zanahorias le hacía pelo, con las papas orejitas, y los ojos con mayonesa”, cuenta. Su recursividad también la ha inspirado a colorear el arroz con espinaca, darle auyama en jugo (“la cocino, le hecho naranja y banano para que sepa rico”).

 

Unos sin apetito y otros muy comelonesPara Natalia Restrepo, el problema con su hijo nunca ha sido de inapetencia, por el contrario, “Nicolás come de todo”, comenta. Pero en especial ‘comida chatarra’. Al niño de séptimo grado le encantan las gaseosas, las papitas y las hamburguesas.

“Los papás somos así, no tenemos por ejemplo la costumbre de las frutas... es culpa mía también”, reconoce la mamá.  Al respecto, Gómez cita una reflexión de Louis Althuser: “Cuando el hombre nace, nace viejo: tiene todos los años de la familia que lo recibe”. Esto, para expresar que la madre alimenta al hijo de acuerdo con sus valores, creencias y costumbres, y que las prácticas alimentarias de los padres tienen gran influencia en el desarrollo de los hábitos de un menor, especialmente en los primeros seis años de vida.

Más tarde,  en la preadolescencia, el principal problema es el bajo consumo de frutas y la preferencia por comidas rápidas y paquetes. Serrano habla de una tendencia al sobrepeso altísima en esta etapa. Por una parte, debido a porciones más grandes y por otra, los jóvenes empiezan a ser más selectivos. Serrano dice que la presión de grupo puede hacer cambiar de gustos a niños que comen verduras; porque en el colegio los otros les muestran que son feas y dejan de consumirlas.

“Lo importante es que en el hogar se conserven los hábitos saludables. Tener el espacio, así sea por la noche, para reunirse todos y que no se les permita esa selectividad en la casa”, propone Serrano. La preocupación de los expertos son los niños entre los 10 y 12 años con problemas de obesidad; por eso advierte: “Lo que a esa edad no se corrija se puede instaurar como enfermedad de triglicéridos altos, colesterol alto, incluso en la infancia”.

Las madres, por hacerlo más sencillo, incluyen dulces y carbohidratos (excesivos) en las loncheras de los pequeños, y realmente, unas onces saludables deben incluir –en el concepto de la nutricionista– un lácteo (kumis, yogur o queso), fruta, y puede ser un paquete de galletas. Aunque los productos poco saludables no se les pueden restringir. Según la especialista, es mejor darles a conocer todo en la casa, porque pueden querer tomar lo prohibido apenas salen. Se les puede dar un paquete de vez en cuando, o vincular la gaseosa solo a fechas especiales y por ejemplo, el fin de semana que sea para comer helado.

Si no se quiere ver al niño comer delante del televisor, ni con otros malos hábitos, es fundamental el ejemplo de quienes los cuidan.  “Tener una alimentación saludable en la casa es la forma más fácil de aprender.

Cuándo preocuparseAunque es normal que el apetito de los niños disminuya después del primer año, hay  otros tipos de inapetencia a los cuales se debe estar atento:Antes del primer añoSi el bebé no toma tetero y no quiere recibir ningún alimento durante sus primeros doce meses, es prudente llevarlo al pediatra para que determine qué puede estar generando la inapetencia. Podrían ser problemas infecciosos en los riñones, en los pulmones o gastrointestinales.  Si solo come golosinasSi los antojos del niño son poco alimenticios y no se le ha inculcado el consumo de proteínas y carbohidratos necesarios para el buen desarrollo de su organismo, los padres deben asesorarse de profesionales en pediatría o nutrición para corregir esos malos hábitos con una dieta saludable. El ejemplo de los padres es fundamental para crear hábitos saludables de alimentación en los niños. 

Por Beatriz García Nova

Especial para ABC del bebé

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