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Premiar o castigar con alimentos es un error

Premiar o castigar con alimentos es un error

Los alimentos no deben estar relacionados con recompensa ni castigo.

 Premiar o castigar con alimentos es un error
Por: Redacción ABC del bebé
04 de Julio de 2014
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Cuando se trata de alimentar a los niños, las estrategias son tantas aunque por lo general se repite la misma: premiar o reprender con frases como ‘si te comes todo, te compro un helado’ o ‘si no terminas el almuerzo, también vas a comer verduras en la cena’.

Aunque parecen expresiones simples, son errores que cometemos los cuidadores de los niños, desde que ellos empiezan a conocer nuevas comidas. La razón, alimentar a los menores no es cuestión de premios o castigos, es una actividad que debe estar guiada por la paciencia, la dedicación y conocer la importancia que tienen los alimentos.

Así lo reconoce Pilar Serrano Galvis, nutricionista dietista, especialista en alimentación funcional, quien asegura: “que un niño cumpla con el consumo de una porción o disfrute con un alimento nuevo no es un éxito de él, es del cuidador; aunque no es común verlo así, los malos hábitos en un niño menor de dos años son un indicador directo del tiempo de dedicación, la paciencia y la conciencia del cuidador alrededor de la importancia de modular un proceso fisiológico en desarrollo”.

Serrano agrega que en esta etapa el niño aún no sabe que no comer es una forma de manipulación, pero es donde se puede crear este mecanismo si se generan premios o castigos al momento de alimentarlo. Además, un castigo relacionado con los alimentos genera una asociación negativa con los mismos.

Establezca horarios

Por tanto, el ideal es que el momento de alimentar a los niños sea parte de una rutina con horarios establecidos y en un ambiente propicio. Para Diana Lince, psicóloga especializada en formación y desarrollo de valores para niños, la alimentación está relacionada con la vida, desde que el bebé es lactante. Esta es la razón por la que al momento de comer el ambiente debe ser tranquilo, en un espacio adecuado, como el comedor, y sin afanes.

“Los padres tienen que manejar este proceso con cariño, pero también con autoridad. Son ellos quienes introducen al niño en la alegría de vivir, a través del alimento. Debe ser un momento en el que el adulto le explica al niño la importancia de los alimentos, para que aprendan a valorarlos y a la vez a valorar su cuerpo”, dice Lince.

Asimismo, es importante que el niño se siente en la mesa con los adultos. Como lo aconseja la nutricionista dietista Joyce Almeda, “el menor necesita aprender buenos hábitos alimentarios de los adultos”.

Otra recomendación es que el tiempo de comer debe ser un momento de juegos en la mesa y no corriendo por toda la casa, de canciones, de cariños y de cuentos relacionados con la comida, para que el niño empiece a entender el valor de la misma y no la relacione como mala o indeseada. Todo esto, con mucha paciencia, perseverancia y dedicación. Bien concluye Serrano, al afirmar que: “los buenos hábitos alimentarios son una herencia que el cuerpo agradecerá toda la vida”.

 

 

 

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