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El origen de las enfermedades infantiles también tienen un componente emocional

El origen de las enfermedades infantiles también tienen un componente emocional

Los padres son los principales guías a la hora de promover un balance entre la salud física, emocional y mental de sus hijos. Los niños son como una esponja:

El origen de las enfermedades infantiles también tienen un componente emocional
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22 de Julio de 2010
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Los padres son los principales guías a la hora de promover un balance entre la salud física, emocional y mental de sus hijos.

Los niños son como una esponja: absorben todo lo que reciben del mundo externo desde que se encuentran en el vientre. Es así como adquieren una determinada personalidad que está condicionada por emociones y pensamientos. En este orden de ideas, algunos pequeños suelen enfermarse cuando estos dos últimos no tienen un balance positivo.

A esto se le llama somatizar. El diccionario de la Real Academia de la Lengua define esta palabra como la transformación de problemas síquicos en síntomas orgánicos. Si los padres prestan mucha atención, notarán que, por ejemplo, a sus hijos les dan fuertes dolores de estómago justo cuando papá y mamá están peleando, los gritan o hay tensión en la casa.

 

 “El niño refleja lo que está viviendo”, dice Clara Inés Sandoval, pediatra bioenergética, quien evalúa a cada paciente de manera global antes de hacer un diagnóstico. Es decir, considera el aspecto físico, el componente genético y el contexto familiar y escolar.

“Si un niño llega a mi consultorio con gastritis le doy un remedio homeopático para aliviar la molestia; pregunto cuáles son sus hábitos alimenticios y entrevisto a  mamá, papá, a la niñera y a todo aquel que intervenga en su educación, para conocer todos los factores que influyeron en la aparición de la enfermedad”, aclara.

 

De esta manera, además de descartar anomalías físicas en el organismo, se puede determinar si en el núcleo del hogar o en el colegio hay situaciones que desestabilizan la salud mental y emocional del infante o si los adultos que lo rodean le generan sentimientos de angustia, depresión, rabia o soledad.

 

Para Paula Bernal, sicóloga en desarrollo infantil, la gente tiende a creer que la niñez es perfecta y no hay problemas de verdad. “Los niños enfrentan retos tan duros o, incluso, más que los de un adulto, pues pierden familiares y amigos, encaran la llegada de un hermano y deben mudarse de casa, lo cual hace que sus emociones estén en constante cambio”, añade.

 

Sin embargo, de acuerdo con la especialista, un  pequeño saludable encuentra las estrategias para enfrentar el estrés y los problemas normales de la vida debido a que tiene una sensación positiva y equilibrada de sí mismo y está en capacidad de establecer relaciones sanas con los demás.

 

Para que exista un equilibrio entre la salud física, emocional y mental, los padres deben asumir su papel como educadores y modelos para seguir. Esto significa que necesitan dar ejemplo en el manejo positivo de las emociones y cuidar lo que dicen y hacen delante de los menores. “Adultos pesimistas formarán niños pesimistas”, anota Sandoval.

 

Cuando no hay una plena conciencia de la responsabilidad del adulto en este proceso, una emoción desbordada puede incidir en el origen de una enfermedad y, en algunos casos, ser un factor decisivo. En tal circunstancia, se requiere de la orientación de un profesional. 

“He visto menores con estreñimiento, diarrea, gastritis, infecciones, gripa, pérdida de apetito o exceso de él; cansancio físico, migraña, problemas de sueño y aumento o pérdida de peso. Estas dificultades se han activado con la presencia de muchos elementos estresantes que debilitan el sistema inmune”, agrega Bernal.

 

Cuatro afecciones con sentimientoSegún la medicina china, la salud está apoyada en circuitos humanos que hacen referencia al fuego, la tierra, el metal, el agua y la madera, los cinco elementos. Estos gobiernan los órganos que se alteran, entre otras cosas, por las emociones negativas.

Cada persona tiene una constitución representada por uno de esos elementos. En las personas cuyo diseño se orienta hacia el elemento fuego, predominan las enfermedades del corazón y del intestino delgado. Estas pueden desarrollarse con una tristeza.La tierra, por su parte, gobierna, entre otros, el páncreas, el estómago y las gónadas. Se pueden afectar con la manifestación de una obsesión. El metal, en cambio, rige el pulmón, el intestino grueso, el timo y la neurohipófisis. La melancolía los desequilibra. Entre tanto, el agua preside el riñón, la vejiga, el oído medio, la próstata y el útero. El miedo compromete  la salud de estos órganos. Por último, la madera maneja el ojo, la vesícula biliar y el hígado, cuyo equilibrio se perturba con la rabia. Con base en lo anterior, rescatamos cuatro de las patologías más comunes en la infancia, entre una extensa lista, en las cuales influyen las emociones.

 

1. Enuresis no orgánicaNormalmente entre los 18 meses y los 3 años, un infante aprende a controlar esfínteres. Sin embargo, después de superar esta etapa, algunos niños comienzan a orinarse de nuevo durante el día y la noche de forma repetitiva y sin aparente razón. Cuando esto ocurre, se debe consultar al pediatra, pues puede haber una enfermedad del riñón, de la vejiga o infecciones que produzcan la anomalía. Si después de practicar los exámenes de rigor y averiguar los antecedentes familiares, no se encuentra ninguna causa física, se concluye que se trata de una enuresis no orgánica.En este caso, el miedo prolongado es el detonante. Puede aparecer desde el vientre si la gestante transmite esta emoción a su hijo no nacido durante el embarazo. “Hay miedos del adulto que repercuten en el menor”, dice Sandoval. Por supuesto, para que se transformen en enfermedad, quien los siente debe tener una constitución regida por el elemento agua.

 

2. Asma bronquialEs una enfermedad inflamatoria de los bronquios que genera dificultades en las vías respiratorias. Se origina por diversas causas, aunque el factor emocional repercute en su aparición afectando a quienes son regidos por el elemento metal.La tristeza y la melancolía son sus peores enemigos. Por eso, algunos pequeños entran en crisis de asma cuando sus padres se están divorciando, hay discusiones en el hogar o se sienten abandonados. La percepción de estas circunstancias varía según la edad.Existe el asma del lactante, en menores de cinco años, y el de los que superan esa edad. En cualquiera de los dos casos, el abandono suele ser un detonante. De ahí que sea tan importante hablarles siempre a los hijos cuando los padres se vayan a ausentar, bien sea por periodos cortos o largos. Actualmente hay formas de reducir el impacto de una separación con las tecnologías de información, entre las que se encuentran el chat y la videocámara.

 

3. Obesidad Es la marca de este siglo, incluso, en el mundo infantil porque detrás de esta patología muchas veces se esconde una profunda tristeza, ansiedad y rabia que comienza cuando el que alberga estos sentimientos, pretende compensarlos a través de la comida. Esta enfermedad, habiendo descartado causas de tipo orgánico, tiene un contexto emocional importante en el que predominan la tristeza y la angustia, entre un cúmulo de sensaciones. Pero hay que aclarar que no todas las personas que sienten angustia o tristeza terminan por ser obesas, pues, de acuerdo con la medicina china, estas emociones se somatizan en obesidad cuando el afectado tiene una constitución orientada hacia el elemento fuego. En él, juega un papel primordial la hipófisis: glándula que controla la tiroides.La recomendación es evaluar todos los factores que inciden en la enfermedad, analizar qué emociones se manejan en el hogar y recibir tratamiento pronto.

 

4. GastritisSe define como un proceso inflamatorio de la mucosa gástrica que sufren desde lactantes hasta adultos. A los primeros les da por angustia y estrés cuando, por ejemplo, son hospitalizados. Intervienen también la alimentación y el contexto mental.Siguiendo la línea de los cinco elementos, el estómago pertenece a la tierra y se desequilibra cuando se desarrolla una obsesión enmarcada en el terreno de la angustia y la ansiedad. El caso típico es el de un infante que quiere ser el número uno en el colegio y, al no lograrlo, siente zozobra.   En consecuencia, se alteran las hormonas y las enzimas. “Cuando un niño somatiza esa obsesión, porque su constitución es del elemento tierra, los padres requieren hacer una buena higiene mental y considerar el ambiente que lo rodea, incluyendo el colegio, con el cual debe haber una comunicación permanente”, concluye Clara Sandoval.

 

Por: Diana Bello Aristizábal

Redactora ABC del bebé

 

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