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Indigestión, cómo tratarla en los niños

Indigestión, cómo tratarla en los niños

Conozca algunas pautas para controlar los males estomacales de sus hijos.

Indigestión, cómo tratarla en los niños
Por: Karen Johana Sánchez
21 de Enero de 2015
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La indigestión, llamada médicamente dispepsia, se caracteriza por la sensación indefinida de malestar en la parte superior del abdomen (entre el ombligo y la parte inferior del esternón) que acontece durante una comida o después de comer, manifestándose como llenura y/o calor, ardor o dolor, según la definición del Instituto de Salud de EE. UU. (a través de MedlinePlus). 

El sistema digestivo se puede inflamar, dice la pediatra y médica bioenergética Clara Inés Sandoval, por algún alimento, una toxina, o por algún elemento químico que lleve el alimento. 

Se puede presentar, incluso, en los bebés, cuando la alimentación no es la adecuada. Incluso, con la leche materna, por ejemplo, si la mamá consume tóxicos, como comida ‘chatarra’, fuma, o toma alcohol o café, agrega la especialista. 

Las causas de la indigestión son múltiples y se enfocan generalmente en el exceso de alimentación, en especial de la artificial, pero se pueden clasificar acorde con la edad del niño. (Ver recuadro). 

Los síntomas también pueden variar. En general, se da una queja formal, cuando el pequeño ya puede expresarse, del dolor de estómago, de sensación de llenura, de que se le devuelve la comida, entre otras, explica Silvana Dadán, nutricionista dietista, magíster en nutrición clínica con entrenamiento en nutrición clínica pediátrica. 

Otras señales generales son: regurgitación (se devuelve la comida y se escurre de la boca como si fuese digerido), vómito, distensión abdominal (hinchazón), rechazo por la comida, saciedad precoz, eructos, meteorismo o flatulencia más de lo normal, muy fétidos (olorosos), diarrea. 

Los síntomas también se dan según el lugar donde se presente la inflamación –explica la pediatra–. Si se inflama el estómago, el niño puede tener náuseas, eructos, vómitos, agrieras. Si es más pequeño, puede presentar hipo o aumento de hipo. Si está afectado el intestino delgado, puede haber diarrea, gases, dolores de estómago. Si es el colon, la parte terminal del sistema digestivo, se puede presentar diarrea o incluso estreñimiento, gases con mal olor, distensión y dolor abdominal. 

Principales causas

Silvana Dadán, nutricionista dietista, coordinadora en nutrición clínica de la Unidad de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica Gastronutriped, explica algunos factores y situaciones que generan la indigestión: 

 - Bebés y lactantes: exceso de tomas de leche materna y/o complemento con fórmula. 

 - Al iniciar la alimentación complementaria, se mantiene la misma cantidad y tomas de leche materna y/o fórmula, con la sumatoria de nuevos alimentos. 

 - Desde la alimentación complementaria y especialmente en la etapa preescolar y escolar, un exceso en la ingesta y provisión de jugos (naturales o no) y bebidas azucaradas, como gaseosas, agua de panela y otras, aumentan el azúcar y la concentración en el intestino. 

 - También en la alimentación complementaria y en los primeros años de vida (etapa preescolar), puede sumarse un exceso de compotas de frutas, especialmente industrializadas y con adición de azúcar, panela o fructuosa. 

 - En etapas preescolares, los niños comen muy ansiosos, rápidamente, casi sin masticar, porque quieren terminar rápido e irse a jugar. O bien, sufren de indigestión porque comen muy estresados por la presión de los papás o cuidadores o tutores en el colegio. 

 - En etapas escolares y adolescentes, puede ocasionarse por exceso en el consumo de panes, harinas, tortas, galletas, paquetes; comidas rápidas como perros, hamburguesas con salsas, pizza, combinados o no, con bebidas azucaradas como jugos de caja, de botellón, naturales, gaseosas, agua de panela, entre otras. 

 - En fiestas y piñatas, o fechas especiales, como las novenas, o al ir a cine, los niños consumen exceso de dulces tales como gelatina, helados, gomitas, bombones, torta o ponqué, maíz pira, chocolates, con o sin la combinación con gaseosas, jugos, etc. 

Medidas preventivas y curativas 

Para evitar la indigestión, la doctora Silvana Dadán traza algunas medidas, según la edad de los niños: 

 - En los menores de seis meses se recomienda la lactancia materna a libre demanda; sin embargo, aunque solo son alimentados con esta leche y/o fórmula infantil, los padres deben estar ‘alertas’ si el bebé presenta hinchazón estomacal, regurgitación, vómito al moverlo, para descartar una sobrealimentación. Y estar muy pendientes de la indicación del pediatra respecto a la cantidad, tiempo, presencia de gases,  y/o cuando se necesite, del apoyo (en volumen-cantidad) de fórmula. 

 - En los niños mayores de seis meses, establecer un esquema alimentario; es decir, respetar horarios, independiente de que estén en vacaciones o en fin de semana. Darles comidas y refrigerios cada 3 horas.

 - En mayores de un año en adelante, especialmente en etapas preescolar, escolar y en el adolescente, evitar ‘picar’. Deben darle preferentemente el seco, o los alimentos con más textura, y luego los alimentos o bebidas líquidas (sopa, caldo, leche, yogur). Evitar jugos y bebidas azucaradas, especialmente para pasar los alimentos sólidos. 

 - No comer en exceso y a diario, alimentos como dulces, golosinas, arequipe, chocolates o derivados, productos de panadería con cremas dulces y/o con chocolate (donas, pasteles, milhojas, etc.), paquetes, carnes frías (jamón, salchichas o similares), alimentos fritos o comida rápida, pan o harinas en exceso (galletas, tortas, ponqués), comidas muy condimentadas o con picantes o grasosas, entre otras. 

Ahora, si se presentan algunos síntomas, lo mejor es acudir al pediatra para que el niño sea valorado, dice la doctora Sandoval, quien señala que existe un plan de emergencia, recomendado por la Organización Mundial de la Salud, y consiste en que, cuando el pequeño vomita y tiene diarrea, los padres pueden administrar suero oral; la cantidad aproximada es media onza por cada kilo, cada media hora, mientras el niño es valorado. Teniendo en cuenta que no se deben sobrepasar las cuatro onzas. 

El médico pediatra es el único que debe valorar y dar una indicación. Sandoval dice que las medidas varían según el estado del paciente. Además, cabe anotar que el nivel de deshidratación varía de acuerdo con la edad del niño, pues los bebés pierden líquidos más rápidamente que los niños más grandes. 

A medida que se desarrollan las células del cuerpo, va disminuyendo la cantidad de agua en este, y aumenta la cantidad de masa de estructura del tejido. Por eso los bebés se deshidratan más fácil y por eso es más peligroso. A un bebé de dos meses con dos vómitos hay que llevarlo a urgencias. Si tiene seis años, se le pueden dar unas gotas y mirar a ver qué pasa, dice la experta. 

“Si hay vómito persistente que le ha ocasionado deshidratación, la prioridad es hidratarlo, dejarlo en reposo intestinal; hay niños que con solo dejarlos en este reposo, una vez empiezan a comer ya toleran bien la vía oral. Hay niños que, por ejemplo, no tienen vómito, pero sí agrieras, dolor de estómago, entonces simplemente se les mantiene una hidratación con suero, líquidos orales, alimentación suave, libre de productos refinados, colorantes, saborizantes, etc.”, añade Sandoval. 

También existen medicamentos homeopáticos que pueden ayudar a reestablecer el sistema digestivo, pero solo deben ser prescritos por especialistas en el tema. 

Finalmente, ante una molestia, se aconseja evitar los excesos de cualquier alimento, consumir productos naturales, evitar productos refinados y artificiales, con colorantes y saborizantes artificiales. 

Señales de alarma 

Ante alguno de estos síntomas, se debe acudir, de inmediato, al servicio de urgencias: 

 - Vómito y/o diarrea incontrolable, que puedan condicionar la deshidratación del niño y poner en riesgo su salud. 

 - El niño no recibe líquido y está adormilado. 

 - Dolor abdominal incapacitante; el niño se acuesta, agarra su estómago, llora, el dolor no cede al tomar agua o aromática, o yendo al baño, por ejemplo. 

 - Fiebre que no cede (no baja).

 

 

 

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