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Niños con síndrome de Asperguer tienen problemas sociales, pero pueden llevar una vida normal

Niños con síndrome de Asperguer tienen problemas sociales, pero pueden llevar una vida normal

Buena memoria, alto desarrollo intelectual y ansiedad son algunos de los síntomas que tienen los pequeños que lo sufren. Cuando a Juanita le dijeron que su pe

Niños con síndrome de Asperguer tienen  problemas sociales, pero pueden llevar una vida normal
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21 de Noviembre de 2008
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Buena memoria, alto desarrollo intelectual y ansiedad son algunos de los síntomas que tienen los pequeños que lo sufren.

Cuando a Juanita le dijeron que su pequeño hijo Pablo tenía síndrome de Asperguer, sintió que el mundo se había desmoronado sobre ella. Él se entendía a las mil maravillas con su hermanita; su ternura y dulzura tenían enamorados a todos en su familia; su carita, no solo era hermosa; también, perfecta; es decir, en sus facciones no había ni la más mínima señal de que Pablo fuera autista. Fue su comportamiento, al comenzar el jardín, lo que llevó al diagnóstico.

“El Asperguer es un trastorno que probablemente se hereda, es un subgrupo del autismo, que se conoce como autismo con lenguaje y alto rendimiento, pues los niños que lo padecen presentan un trastorno severo de la vida social, el cual les produce un sinnúmero de dificultades para relacionarse con los demás, pues generalmente no se comunican con los de su edad; de esa manera, son marginados. Es un síndrome permanente, ya que no hay una cura para él. Sin embargo, quien lo padece crece, se desarrolla y se convierte en una persona perfectamente funcional, con capacidad para estudiar, trabajar y valerse por sí mismo”, explica el siquiatra Rafael Vásquez, del Hospital de La Misericordia.

En otras palabras, el problema central radica en que los pequeños carecen de interacción social, por eso es que el síndrome se hace evidente principalmente en el momento en que los niños ingresan al colegio, pues los profesores empiezan a notar que el menor es más bien solitario y lo califican de “aislado”, “callado” y “serio”, teniendo en cuenta que para la vida del niño en el colegio, las amistades son esenciales.

 

Otras manifestacionesEl Asperguer va acompañado de otros síntomas:  - Ansiedad. Según el especialista, estos niños suelen ser ansiosos, porque como sus relaciones sociales son pobres, no conocen los protocolos para resolver cada una de las situaciones que les plantea la vida cotidiana; entonces, se enredan con mucha facilidad y experimentan con frecuencia e intensidad la sensación de que algo malo puede pasar sin que ellos lo puedan controlar. - Desarrollo intelectual. Estos niños poseen un excelente y altísimo desarrollo intelectual, que contrasta con un desarrollo emocional bajo, justamente por su poca integración a los grupos. “Eso produce una distorsión en el niño, porque en la imagen social que refleja a los demás es visto como un ‘nerdo’ y un gran perfeccionista. Es un niño con una cabeza enorme y un corazón chiquito y la idea es que estén balanceados y ese balance no se produce”, dice Vásquez.- Memoria. Su capacidad para memorizar es admirable. Pueden retener con facilidad y exactitud las conversaciones que sostienen sus padres o los diálogos de un programa de televisión, porque eso corresponde a un desarrollo intelectual superior. - Microintereses. Tienen gustos específicos y muy puntuales. Por ejemplo, saben más que cualquiera de serpientes, dinosaurios o aviones bombarderos de la Segunda Guerra Mundial, cuyos motores tenían tales y tales características. “Hacen ese tipo de enfoques microscópicos por el temor al contacto social, lo cual hace que se refugien en la vida intelectual”, asegura Vásquez. 

 

Detección tempranaEl siquiatra asegura que la detección temprana facilita en gran medida que el niño pueda ganar más habilidades para compensar las discapacidades que tiene. “Los padres pueden empezar a darse cuenta de que su hijo tiene Asperguer porque desde antes de los 36 meses parece sordo, porque no localiza con la vista a quien le habla o lo llama. No produce mucha comunicación inicial con los ojos, no sonríe ni se emociona cuando su mamá lo llama. Sus manifestaciones de emoción están muy matizadas, son como bajitas de expresión y de colorido. En ese caso, los adultos deben consultar al pediatra y comentarle lo que están percibiendo para remitirlo donde el especialista, que es el único que puede dar un diagnóstico acertado”, subraya Vásquez. Después de los 3 años, cuando el pequeño comienza a ir al jardín, el niño Asperguer, a diferencia de los demás, no tiene esa natural afinidad con otros de su edad. Además, si logran entrar en un juego, ellos no toman iniciativas y generalmente desempeñan roles secundarios. Por ejemplo, si juegan al bus, él no es el chofer ni la monitora, es el que abre la puerta.

“El diagnóstico no tiene una gran certidumbre sino hasta los 4 o 5 años —añade el especialista—. Antes de esa edad, lo que hay es sospecha. En ese sentido, el diagnóstico debe realizarse, manejarse y comunicarse a los padres con mucho cuidado, porque las familias se van a someter a un gran peso al saberlo”.  El siquiatra sostiene que uno de los factores que hacen más complicado el tratamiento de este síndrome es que quien lo padece no se da cuenta de lo que le ocurre. Es decir, los padres, los médicos, los terapeutas pueden intentar argumentarle y explicarle al niño de mil maneras distintas que es mejor tener interacción social que no tenerla, pero él no es capaz de hacerlo. “Cuando uno está enfermo de algo, está involuntariamente enfermo de ello. Eso implica que al tratarse de dificultades que repercuten de manera directa  en el comportamiento, la gente tiene la fantasía de que uno tiene control completo sobre su comportamiento, y no es verdad. Estos muchachos no pueden mejorar su interacción ni su convivencia por su propia voluntad”, afirma Vásquez.

 

¿Cómo se trata?No existe ningún tratamiento para curar este síndrome, pero sí es posible enseñarles a los niños estrategias para optimizar sus relaciones y habilidades sociales.

- Terapia de grupo. A raíz de un estudio que se hizo en el país, los padres crearon una asociación de niños con Asperguer, que resulta clave, porque entre ellos se pueden ayudar, pues se cuentan y comparten muchas formas de resolver problemas cotidianos que se les presentan con los niños. 

-Terapia individual. El seguimiento interdisciplinario con médicos, rehabilitadotes y especialistas en el área alivia un poco las dificultades y los ayuda de acuerdo con la particularidad de cada caso.

- Medicamentos. Eventualmente se usan para el control de la ansiedad.

Soporte de familiaNo se puede ignorar que recibir este diagnóstico es muy duro para los padres. “Es necesario que ellos no sientan que fueron ‘de malas’ y les correspondió el único niño con este síndrome. no. tienen que saber que hay otras personas que también tienen a estos niños y, sobre todo, que hay personas adultas con este síndrome que han desarrollado habilidades y destrezas para resolver esos problemas”, concluye Vásquez.

 

Por Melissa Serrato Ramírez

Redactora ABC del bebé

 

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