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Cuando están enfermos y no comen

Cuando están enfermos y no comen

Existen enfermedades que pueden impedir que tu hijo coma ciertos alimentos. Pero estas no son el único motivo. También los pueden rechazar por sus texturas, p

Cuando están enfermos y no comen
Por: Catalina Gallo Rojas
06 de Noviembre de 2015
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Existen enfermedades que pueden impedir que tu hijo coma ciertos alimentos. Pero estas no son el único motivo. También los pueden rechazar por sus texturas, pueden solo querer tomar líquidos, sufrir de colon irritable e incluso rechazar a primera vista los nuevos alimentos.

Entre las enfermedades más frecuentes para que ello se presente, según Silvana Dadan, nutrióloga pediatra y profesora asociada de la Universidad de El Bosque, están: reflujo gastroesofágico, gastritis, síndrome de intestino irritable, diarreas prolongadas, enfermedad celiaca; alergia al gluten que es la proteína del trigo, estreñimiento, sobrepeso u obesidad, enfermedades inflamatorias intestinales, patologías renales, diabetes, hipoglicemia o errores innatos del metabolismo, que afectan el aprovechamiento de ciertos nutrientes.

Cada una de ellas tiene un manejo específico que, en términos de alimentación, debe ser liderado por un experto especializado en nutrición pediátrica; así se colabora de manera apropiada con la mejoría de los síntomas, y al tiempo, se promueve el crecimiento y el desarrollo de tu hijo.

Por ejemplo, en el caso de diarreas prolongadas, deben restringirse bebidas azucaradas como jugos, y la adición de miel, azúcar y panela, así como todos los alimentos con algún tipo de endulzante como ingrediente o aditivo.

Puede haber riesgo de desnutrición en algunos de estos casos, especialmente si no cuentas con la guía de un nutricionista especializado en pediatría, por ejemplo en los trastornos de la conducta alimentaria, en el síndrome de intestino irritable, en enfermedades inflamatorias intestinales, en patologías renales, entre otras.

De allí que sea muy importante que consultes al pediatra, al gastroenterólogo pediatra y al nutricionista especialista en pediatría, quienes guíen la alimentación y aseguren que, a pesar de las restricciones, cuando estas son necesarias, no se afecte la cobertura de nutrientes y, de manera concomitante, el crecimiento y el desarrollo de tu niño.

En ocasiones, se necesita el apoyo de otras especialidades como fonoaudiología, psicología, psiquiatría, terapia ocupacional, para ayudar a superar aversiones o para lograr que tu hijo reciba una alimentación balanceada acorde a sus necesidades y restricciones.

Manejo en casa

Es claro que la medicina y los especialistas ofrecen soluciones para estos problemas; sin embargo, es cierto que las dificultades pueden surgir en la casa cuando llega el momento de restringir el alimento. Eso sí, lo más importante es que tu como mamá sigas las indicaciones de los especialistas.

Cuando tu hijo es bebé, seguir la dieta no es tan difícil, porque él no ha probado ciertos alimentos, no los pide porque no los conoce y es más fácil crear hábitos alimenticios. Lo que sucede es que en ese momento de vida del pequeño, como hasta ahora se están introduciendo ciertos alimentos, no se sabe a ciencia cierta qué le puede generar problemas y qué no. Podría decirse que es un descubrimiento.

Cuando tu hijo ya come todo, también resulta fácil manejar la dieta en casa, porque allí se le preparan todos los alimentos y no se le ofrecen los que no puede comer. Y si se trata de diarreas o enfermedades temporales resulta más sencillo, pues es temporal y basta con explicarle a tu niño que dentro de unos días su dieta volverá a la normalidad. Si le explicas que cierta comida puede enfermarlo, él lo entenderá. A nadie le gusta sentirse mal.

Ahora bien, si la situación exige algo más difícil como el manejo de problemas con el azúcar o del trigo, por ejemplo, es fundamental le expliques a tu hijo que él no puede comer ciertos alimentos. Es hacerlo responsable desde muy pequeño de su alimentación.

Existen algunos trucos para ayudarlo; por ejemplo, si tu hijo no puede comer dulce y va a una fiesta infantil, que lleve su propio trozo de torta para diabéticos, asegurándose de que pueda comerla al tiempo que los otros niños y así no se sienta excluido. Lo mismo puede hacer con otro tipo de alimentos y de circunstancias.

Ten en cuenta que durante la infancia se crean los hábitos alimenticios y si tu niño crece conociendo sus restricciones, se acostumbrará a ellas muy pronto y no tendrá dificultades.

Es importante que cuando existan restricciones permanentes o temporales avises al jardín infantil o al colegio y le expliques las consecuencias que podría traer para el niño el consumo de los alimentos prohibidos. También debe informarles a los abuelos, tíos y familiares que en algún momento puedan ser los responsables de alimentar al niño.

Siempre, explícale a tu hijo que esto les sucede a muchos niños y que él es responsable de su propia salud. No hagas de esto un problema familiar, ni lo conviertas en tragedia o drama, para que el niño crezca con la noción de que esto no le afectará su vida diaria.

En algunos casos, los pediatras le solicitan a toda la familia cuidar la dieta del niño o, por lo menos, no poner al alcance del niño los alimentos que no pueda consumir. O, con todas las alternativas que existen hoy en día, puede resultar muy bueno comprarle al niño alimentos sustitutos que pueda consumir al tiempo que lo hacen los demás miembros de la familia, como los productos sin azúcar o sin gluten.

 

 

 

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