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Anemia, un mal que también afecta a los niños

Anemia, un mal que también afecta a los niños

La que es causada por falta de hierro se puede prevenir.

Anemia, un mal que también afecta  a los niños
Por: Karen Johana Sánchez
08 de Septiembre de 2011
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La anemia es la disminución de la hemoglobina, proteína que se encuentra en los glóbulos rojos de la sangre. Esta necesita hierro para su formación y tiene una función muy importante para el organismo: transportar el oxígeno necesario para el buen funcionamiento de todos los tejidos del cuerpo.


Los parásitos intestinales, el consumo de la leche de vaca, las infecciones crónicas, la deficiencia de vitamina B12 y/o ácido fólico, la intoxicación crónica por plomo y los medicamentos también pueden ser promotores de este mal, pero la principal causa de su aparición en los niños es la deficiencia de hierro (anemia ferropénica).


“Su carencia puede ser el origen de falta de energía, así como también puede afectar el desarrollo del cerebro y sus funciones, tales como la visión, la audición, el lenguaje, la memoria, entre otras”, explica el gastroenterólogo pediatra Wilson Daza Carreño, magíster en Nutrición Clínica, director de la Especialización en Gastroenterología Pediátrica de la Universidad El Bosque.


Según la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia (Ensin) 2010, uno de cada cuatro niños, entre los seis meses y los cuatro años de edad, presenta anemia. Entre los pequeños de 5 a 12 años, solo el 8 por ciento.


Aunque es una enfermedad que siempre ha existido, ahora se le da mayor importancia porque se conocen las consecuencias de la disminución del hierro en el cuerpo. Los bebés entre los 4 y 6 meses de edad son más susceptibles a la deficiencia de hierro, que puede ocasionar la anemia. Esta fase de riesgo se puede extender hasta los 18 y 24 meses de edad, asegura el especialista.

 

Prevención a tiempo
Según la nutricionista y dietista Liliana Marcela Torres Lizarazu, directora científica del Centro Colombiano de Nutrición Integral (Cecni), el primer paso para prevenir la anemia infantil es asegurar que las madres gestantes no la padezcan, ya que es un grupo poblacional en alto riesgo de sufrirla: “Los niños de madres que durante la gestación presentaron anemia tienen tres veces más riesgo de presentarla en el primer año de vida”.


Por eso, estas mujeres deben alimentarse con dietas que contengan hierro suficiente para el momento del parto.


Por su parte, el niño nace con un valor alto de hemoglobina, que va descendiendo durante los primeros meses de vida. Evitar la aparición de esta enfermedad depende sencillamente de mantener una alimentación adecuada desde que el niño nace. En este sentido, se debe asegurar la práctica de una lactancia materna exclusiva (0– 6 meses). “El hierro contenido en la leche materna tiene mejor biodisponibilidad. En los casos de alimentación con fórmula infantil, por ley, todas las marcas deben incluir hierro”, dice la nutricionista. El tercer paso es garantizar una alimentación complementaria adecuada que incluya alimentos fortificados con hierro y alimentos fuentes de este, según la edad. (Ver recuadro). No existe nada mejor para evitar la anemia que una variada y adecuada dieta. Se pueden encontrar hierro, vitamina B12 y ácido fólico en alimentos como la carne de vaca, pollo y pescado, las vísceras, la yema de huevo, las hortalizas y las frutas.


Otra medida importante es descartar periódicamente, con supervisión del pediatra, la existencia de parásitos intestinales. Y tomar un examen de hemograma y ferritina, al año de edad, para saber si es necesario dar algún medicamento para evitar las consecuencias de la anemia ferropénica.


Dependiendo de la severidad de la anemia, el niño puede tener sensación de frío, cansancio o palidez. Cuando la anemia es más severa, aparece pérdida total de apetito, aumento de la frecuencia de los latidos cardiacos (taquicardia) e irritabilidad.


“La palidez no se detecta en el color de la piel o del rostro, sino en el de la mucosa conjuntival (parte interna de los párpados) y del lecho ungueal (‘raíz’ de las uñas)”, asegura la  nutricionista.


Existen otros síntomas como: somnolencia (sueño excesivo), hiporexia (disminución del apetito), apatía, decaimiento, disminución del rendimiento escolar o del trabajo intelectual, fatiga física y mental, insuficiencia cardiaca, hinchazón de las manos y los pies, dificultad respiratoria (en los casos de anemia severa) y  mayor riesgo de mortalidad, en caso de infecciones respiratorias importantes.


Las últimas investigaciones han revelado la estrecha relación existente entre las cifras de hemoglobina y el funcionamiento del cerebro de los niños –señala Marcela Torres–. El hierro es necesario para que se den las conexiones neuronales, así como para el funcionamiento de los neurotrasmisores (sustancias químicas que se encuentran en el cerebro y permiten la transmisión de la información y actividad eléctrica). En el caso de los niños anémicos, esta alteración o deficiencia provoca bajo rendimiento intelectual, dificultades del aprendizaje, disminución en su desempeño cognitivo y, por ende, fracaso escolar.


En la anemia ferropénica se puede presentar, según el doctor Daza, retraso en su desarrollo psicomotor, alteraciones en su comportamiento (niños que se distraen fácilmente, distraen a sus compañeros y se agotan fácilmente con una actividad); menor desempeño escolar, falta de concentración, alteraciones en la memoria y el lenguaje. Incluso, se pueden enfermar frecuentemente por alteraciones en el sistema inmunológico.


Según el gastroenterólogo, “a largo plazo estos niños serán adultos con menor capacidad de trabajo, menor poder de concentración mental y alteración en los patrones de sueño”.


Alimentación, según la edad

0 – 6 meses: Promocionar la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y continuarla, con alimentación complementaria, hasta el primer o segundo año de vida.
Para niños con alimentación con fórmulas infantiles, garantizar que estas estén enriquecidas con hierro.
6 – 8 meses: Incluir frutas y verduras ya que contienen vitamina C, la cual ayuda a la absorción del hierro, como guayaba, mora, naranja, tomate y kiwi.
Incluir dos o más tomas de cereales enriquecidos con hierro.
8 – 12 meses: Introducir carnes (ternera, res, pollo) en puré o trozos pequeños
Si no hay antecedente familiar de alergia, se puede introducir el huevo comenzando por la yema y de forma progresiva.
Evitar introducir leche de vaca u otro animal o leche de soya
1 – 5 años: Una alimentación saludable donde incluya todos los grupos de alimentos con porciones adecuadas para la edad.
Evitar el consumo de los alimentos que contengan factores que impiden la absorción del hierro tales como té, café y aguas aromáticas.

 

Otras causas de la anemia ferropénica

El doctor Wilson Daza señala algunas posibilidades del origen de la presencia de esta enfermedad en los niños, por deficiencia de hierro:

1. Pérdida de depósitos de hierro en el parto
2. Bajo peso al nacer
3. Pérdidas sanguíneas por paso de sangre de un gemelo a otro
4. Hemorragia materna durante el parto
5. Pérdida de los depósitos de hierro a los seis meses de edad  
6. Rápida ganancia de peso
7. Tomas de laboratorios muy frecuentes
8. Pérdidas de sangre por el intestino
9. Baja ingesta de hierro
10. Alguna enfermedad que evita la absorción del hierro

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