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Amigos imaginarios, fantasía sin límites

Amigos imaginarios, fantasía sin límites

Los amigos imaginarios son parte del mundo de los niños y, lejos de ser un aspecto preocupante, son sinónimo del desarrollo de una mente saludable. Las habili

Amigos imaginarios, fantasía sin límites
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13 de Julio de 2006
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Los amigos imaginarios son parte del mundo de los niños y, lejos de ser un aspecto preocupante, son sinónimo del desarrollo de una mente saludable.

Las habilidades cognitivas que comienzan a surgir en un niño de 3 a 4 años le permiten pensar de forma intuitiva.

 “En esta etapa del desarrollo, según Jean Piaget, el niño gradúa su capacidad para pensar simbólicamente; imita objetos de conducta, juegos simbólicos, dibujos, imágenes mentales, así como el desarrollo del lenguaje hablado”, afirma el psiquiatra infantil Christian Muñoz Farías.

Es allí cuando da vida a sus mundos fantasiosos, en los cuales establece diálogos con monstruos que están debajo de la cama o detrás del armario. Sus amigos pueden ser héroes, animales, fantasmas, gigantes, criaturas extrañas o seres humanos de características especiales.

Aunque parezca perderse en sus fantasías, señala Muñoz, esos seres imaginarios son su manera de explorar la realidad; además, le ayudan a resolver dilemas. Otro aspecto a su favor: durante todo el día, los adultos cohíben al infante en diversos escenarios (no toques, no comas eso, cuidado te caes) y constantemente se ve sujeto a recibir órdenes y reproches. Su amigo imaginario, por el contrario, está a su entera disposición.

Contrario a lo que muchos padres piensan, la soledad o el aislamiento de un niño no es una razón exclusiva para inventar compañías; aquél de una familia numerosa también tiene su ‘confidente invisible’. Se trata, simplemente, de contar con alguien similar, cuya amistad sea exclusiva e incondicional.

El hecho de tener un amigo imaginario tampoco significa que el niño esté destinado a la soledad. Al contrario: le gusta socializar y cuando no hay nadie disponible en la vida real, simplemente se lo inventa. Algunos estudios demuestran que los infantes que lo tienen muestran mayor habilidad que sus pares para observar las cosas desde la perspectiva de otros; incluso, logran puntajes más altos en las pruebas de lenguaje, juegan mejor y sus amistades son más numerosas.

Los padres pueden involucrarse en el juego de su hijo y aceptar la existencia de ese amigo fantasioso. Esto favorece la imaginación del menor y, de una u otra forma, lo mantiene conectado a la realidad. Si le hacen preguntas sobre ese compañero de juego, le dan a entender que su acompañante está bajo control. Saben que éste es parte de su imaginación.

¿Perdió contacto con la realidad?

Es muy raro el caso en el cual este juego simbólico es objeto de preocupación. La presencia de esta conducta y otros síntomas podrían indicar la existencia de un problema serio como la depresión o el autismo.

Sin embargo, si el pequeño constantemente revive una fantasía perturbadora, es importante consultar con un especialista. Los padres deben evitar corregirlo (un perro no come pizza) o decirle que actúa de manera estúpida. Desanimarlo sólo lo predispone a esconder su vida íntima en un futuro.

Es necesario estar al tanto del momento en el cual la fantasía interfiere con las rutinas o las reglas. El niño no puede vivir inmerso en su mundo imaginario de forma permanente y dejar de lado sus deberes cotidianos.

Andrea Linares Gómez Redactora ABC del Bebé

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