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Carta de un hijo a sus padres

Carta de un hijo a sus padres

Papitos, desde que abrimos los ojos en este mundo nos hablan, nos cantan y nos cuentan sobre la magia de la Navidad.  

Carta de un hijo a sus padres
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21 de Diciembre de 2007
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Papitos, desde que abrimos los ojos en este mundo nos hablan, nos cantan y nos cuentan sobre la magia de la Navidad.

 

Los mayores, nuestros amigos o hermanos, nos comentan de los famosos y esperados regalos navideños, pero lo que nuestros padres no saben es que no siempre queremos regalos materiales; sabemos que algunas veces ellos gastan demasiado dinero para comprarnos juegos de video, televisor para el cuarto, computador portátil, iPod y muchos otros juguetes, que lo único que hacen es alejarnos de la realidad, alejarnos del placer y del conflicto del contacto con los otros, alejarnos de los juegos de mesa, de los paseos al campo, de la bicicleta y, lo peor de todo, alejarnos de nuestra familia, porque cada uno se encierra a ver su programa favorito o a jugar contra la máquina que nos despierta la adrenalina y nos duerme el corazón.

Les voy a explicar cuál es el peligro y el encanto que se convierte en desencanto. Cuando llego a la casa, cansado del colegio, corro a mi cuarto a ver televisión y cuando me dices que haga tareas me da un poco de pereza y digo: “ya voy”, porque cada vez empieza un nuevo programa que quiero ver.

Al llegar la noche, la vuelvo a prender para poder dormir y a veces me despierto y tengo que prenderla sin que ustedes se den cuenta. Pero algo extraño me pasa, al otro día me siento cansado en el colegio, quisiera dormir. También a veces he visto cosas que no entiendo, que me confunden y me entristecen y sé que mis amigos también las ven y jugamos a cosas que después los adultos nos dicen que no son temas de los niños.

¿Y por qué los juegos de video? Pues aunque juego fútbol, béisbol y a las carreras de carros, también tengo juegos en los que para ganar más puntos tengo que matar a los zombis o a los enemigos, y juego con mis amigos a lo mismo, pero terminamos peleando.

Sí, papitos, sí queremos regalos, pero los que no tienen que ser tan costosos, sofisticados y extremos. Queremos un mejor regalo: que nos acompañen en nuestros sueños, en nuestros miedos, en nuestros deseos, queremos que nos pongan límites, que también nos digan que no a algo que queremos por capricho y no por necesidad.

Papitos, todo esto suena extraño pero me forma para la vida, no me deforma. Y creo que ustedes juntos y nosotros, los más pequeños, lo vamos a lograr: ustedes con su ejemplo, valentía y firmeza y yo con mi deseo de aprender y de imitar.

Ayúdenme a controlar mis emociones y mis caprichos; seguramente haré pataleta, lloraré y diré cosas que no siento, pero que les dolerán. No se asusten, así somos los niños; de su fortaleza nosotros aprenderemos a ser grandes, muy grandes y poderosos de corazón y de razón.

Feliz Navidad, papitos. Los quiero mucho.

Por Isabel Cristina Bettín VallejoSicóloga 27 de noviembre de 2007

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