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Casa y colegio bajo el mismo techo

Casa y colegio bajo el mismo techo

Mientras que cientos de madres se dedican a buscar el mejor jardín infantil, encontramos a dos familias que prefirieron educar sus hijos en casa y con sus prop

Casa y colegio bajo el mismo techo
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10 de Julio de 2007
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Mientras que cientos de madres se dedican a buscar el mejor jardín infantil, encontramos a dos familias que prefirieron educar sus hijos en casa y con sus propios horarios y métodos.

Helena Brown y Bárbara de Zuleta son sin duda dos de las maestras más amadas del país. Ellas se dedican a educar a sus hijos con métodos no tradicionales. Nunca madrugan y, mejor aún, son sus hijos los que manejan los horarios y tiempos de estudio.

Los días transcurren normalmente entre las sonrisas de los niños, tareas bellamente trazadas y un ambiente que invita al aprendizaje voluntario.

La moda que se ha impuesto en Estados Unidos es conocida como Homeschooling o educación en casa. En la mayoría de los casos los padres optan por esta tendencia debido a que viajan mucho por cuestiones laborales. Otros lo hacen porque creen que en el colegio no les brinda a los niños el ambiente, ni la educación que los menores requieren.

Memorias del aprendizaje

Según cuenta la historia americana, el primer estado en imponer una ley de educación obligatoria fue Massachussets. Durante esta época lo usual era que los padres utilizaran los textos escritos y publicados en 1828 por Samuel Griswold Goodrich quien firmó algunas obras con el seudónimo de Peter Parley. Sus libros estaban dirigidos específicamente a los jóvenes y trataban temas de geografía, historia, biografías y ciencias naturales.

En la era moderna John Caldwell Holt inicio su trabajo de investigación después de haber pertenecido a la Fuerza Naval de los Estados Unidos. Impulsado por su hermana se dedicó a escolarizar niños de quinto de primaria y en 1976 publicó la obra ‘Instead of Education: Ways To Help People Do Things Better’. (‘A cambio de la educación: formas de ayudar a la gente a hacer las cosas mejor’). Su publicación fue recibida con gran acogida, a tal punto que abrió una revista dedicada a la formación en el hogar.

Durante casi 20 años, Holt explicó por qué consideraba que el hogar era el mejor lugar para aprender y explorar el mundo. Su argumento más fuerte para insistir en que los niños no deberían asistir al colegio se refería a las tres clases de miedo que la escolaridad despierta: miedo a no dar la respuesta correcta, miedo a ser castigado por el profesor y miedo a no ser lo suficientemente bueno. Además aseguró que en la mayoría de los casos los niños son obligados a aprender cosas que no son de su interés.

El método A Beka

Las dos familias que visitó ‘ABC del bebé’ dieron dos motivos contundentes para no enviar a sus hijos al colegio.

En el caso de Helena y Estevan Brown, el principal motivo que argumentaron es que “los padres son los responsables de criar a los hijos en el conocimiento de Dios, y teniendo este concepto claro todas las demás cosas en la vida caen en el lugar apropiado”, afirma Estevan. El otro motivo que argumentaron los esposos es la necesidad que tienen ellos de viajar al exterior por su trabajo como misioneros de la iglesia cristiana.

Helena se dedica todos los días al menos durante una hora y media a enseñar a cada una de sus hijas con el método A Beka. Se trata de textos hechos por la Academia Cristiana de Pensacola según los preceptos de Dios. Los padres reciben una guía del día a día, mientras que los menores tienen libros para hacer tareas.

“Una de las ventajas más grandes que yo encuentro es que si alguna de las niñas tiene dificultad con un tema, yo puedo detenerme a explicarle hasta que el concepto quede totalmente claro. Si ella estuviera en un colegio de educación tradicional, estoy segura de que quedarían vacíos académicos que yo no conocería hasta el momento de ver el boletín de calificaciones cada dos meses”, afirma Helena.

En cuanto a la socialización, no es un problema porque también dedican tiempo para el juego con otros niños del barrio y de la iglesia.

Método Zuleta

Para Bárbara de Zuleta y su esposo Alejandro, la principal motivación para enseñar a sus cuatro hijos en casa es que no están de acuerdo con la forma tradicional, sobre todo, porque no satisface las inquietudes propias de cada uno de los cuatro menores. En el hogar no existen campanas ni relojes que indiquen que llegó la hora de estudiar otra materia o el recreo.

Sus cuadernos y tareas son impecables, los regalos que hacen para celebrar en familia resultan ser una obra de arte que representa los intereses y gustos de ellos.

“Creemos que la educación es algo que cada persona hace a su manera. Tenemos una filosofía que nos indica que la educación debe ser libre, al paso de cada niño, centrada en sus intereses y por supuesto lo menos rígida posible”, asegura Bárbara.

Ninguno de los menores utiliza los textos académicos escritos para la educación escolar. Lo que hacen es consultar los libros que resultan llamativos para cada uno de acuerdo con sus preferencias. Sin embargo, ninguno cursa los grados académicos que existen en los planteles de primaria o bachillerato. Su método tiene dos pilares centrales de conocimiento formal que son las matemáticas y el aprendizaje de la lecto-escritura.

“Con las matemáticas hacemos un trabajo experimental de pesar, medir, contar, y no hacemos un paso a lo abstracto sino que trabajamos con lógica matemática. La otra parte avanza sin mucho afán con dibujos y talleres de cuento. El procedimiento lo inventa cada menor a su manera de acuerdo con sus gustos y su afán por aprender”.

A medida que el tiempo transcurre los temas van cambiando, así como su cuarto de trabajo. Los pequeños describen sus intereses y permiten que los conocimientos fluyan de acuerdo con las áreas que llamen su atención.

Por ejemplo, Juan Pablo, de 8 años, está estudiando la Segunda Guerra Mundial, además de su interés particular por la historia del arte. Mientras tanto, Laura, de 10 años, tiene una gran fascinación por el ballet, y sus estudios por estos días se han concentrado en leer y escribir sobre las diferentes culturas del mundo.

En cuanto a los procesos de socialización, cada uno de los niños tiene clases particulares. Juan Pablo estudia arte, Laura practica el ballet mientras que Manuela recibe clases particulares de piano. Además, hacen parte de un coro en el municipio de San Francisco de Sales y tienen clases de catequesis todos los sábados en las mañanas.

Por Olga Morales B.Coordinadora Editorial ABC del bebé.

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