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Celos de 'tragedia griega'

Celos de 'tragedia griega'

Entre los 3 y los 6 años de edad los niños pueden experimentar un complejo en el que se identifican con el padre del sexo opuesto. Si no se trata correctament

Celos de  'tragedia griega'
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10 de Septiembre de 2007
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Entre los 3 y los 6 años de edad los niños pueden experimentar un complejo en el que se identifican con el padre del sexo opuesto. Si no se trata correctamente, ocasiona problemas en la pareja.

Querer más a alguno de los padres es algo normal, sobre todo en los primeros años en los que el niño se apega más a uno de sus progenitores. Los problemas nacen cuando el pequeño empieza a ser obsesivo y a través de los celos no deja que ellos se acerquen, produciendo inconvenientes en la relación de pareja.

“No es que los niños quieran más a uno de los padres, sino que hay una identificación mayor con alguno de los dos. Por lo general, entre los 3 y los 6 años hay una contraidentificación, que comúnmente se denomina complejo de Edipo o complejo de Electra, en el que los menores sienten un apego especial por su contraparte (niña por papá o niño por mamá). Además, tienen dificultades para poder tolerar interacciones, porque pretenden ocupar el sitio de ese padre o de esa madre, generando interferencias en la relación conyugal”, comenta el psiquiatra infantil Christian Muñoz Farías.

El complejo de Edipo es un término creado por el sicoanalista Sigmund Freud, que se refiere a la etapa en la que los pequeños experimentan una atracción hacia su madre, reflejando sentimientos de amor y celos contra el padre. Este comportamiento generalmente se termina cuando el menor aprende a reprimir sus instintos sexuales.

Freud se inspiró en la historia del rey Edipo para ilustrar este comportamiento. Según la tragedia griega, Edipo mató, sin saberlo, a su padre Layo y luego se casó con su madre Yocasta. Sin embargo, después de enterarse de que se había enamorado de su propio hijo, ella decidió suicidarse y Edipo se quitó los ojos con los broches de su vestido.

El sicoanalista Carl Jung también estableció el complejo de Electra para explicar la atracción de la niña hacia el padre, como contraparte al complejo de Edipo. Jung se basó en una leyenda griega, en la que Electra vengó a su padre, Agamenón, y mandó a asesinar a Egisto y a su madre, quienes eran amantes.

Amor y celos van de la mano

“Este comportamiento es una etapa normal del desarrollo infantil y comúnmente se soluciona cuando los niños entienden lo que está ocurriendo y comprenden que el afecto del padre o de su madre no lo van a perder”, opina el siquiatra infantil Germán Casas.

Las señales de que los pequeños atraviesan por esta etapa muchas veces pasan desapercibidas y algunos padres las dejan como simples anécdotas divertidas.

Los niños que experimentan esta fase se caracterizan por querer estar el mayor tiempo posible con alguno de sus padres y evitan a toda costa que el otro les dé de comer, los bañe, los vista, etc.

Además, los menores presentan un profundo sentimiento de celos y tratan de impedir que sus padres estén cerca y se den besos o se cojan de la mano.

La clave para manejar este comportamiento es entender al pequeño y darle importancia a sus sentimientos. “Es recomendable establecer un diálogo con él y conocer sus necesidades afectivas. Así mismo, es apropiado imponer límites. También se aconseja que los padres tengan tiempo exclusivo para ellos y puedan pasar momentos solos”, recalca Muñoz Farías.

Adiós complejos

Aunque este comportamiento en general es igual tanto en niños, como en niñas, muchas veces su resolución es diferente y las pequeñas tardan más tiempo en modificar su conducta.

El complejo suele resolverse cuando los menores entienden que sus padres son una pareja y ellos no pueden ocupar algunos de sus puestos y mucho menos, reemplazarlos. Cuando este tipo de actuación no se puede manejar y los niños generan una relación de dependencia, es adecuado recibir asesoría sicológica o siquiátrica. El objetivo de estas terapias consiste en cambiar la forma de visualización de sus progenitores y entender que ninguno de los dos es su enemigo. La idea es que el pequeño se identifique con su padre del mismo sexo y termine viéndolo como un ejemplo a seguir.

Problemas en la pareja

La relación conyugal puede afectarse por este comportamiento de los niños, sobre todo cuando los celos afectan situaciones cotidianas, como por ejemplo comer, ir a estudiar, jugar o vestirse.

Los inconvenientes se agudizan si la pareja pierde sus momentos de intimidad y el pequeño se entromete demasiado en la relación, aislando a alguno de los dos.

“Ese tipo de situaciones termina generando problemas en la dinámica familiar cuando los padres no son conscientes y no manejan adecuadamente esta etapa. A veces, los niños terminan impidiendo que sus padres se abracen o duerman juntos”, afirma el siquiatra Christian Muñoz.

Inconvenientes en el niño

Si el complejo no se supera al entrar en la etapa preadolescente, el pequeño puede sufrir algunos problemas sicológicos que afecten su conducta. Algunos de ellos pueden ser:

Baja autoestima y falta de confianza. Relaciones interpersonales deficientes. Ansiedad excesiva. Celos obsesivos. Falta de capacidad para relacionarse con el sexo opuesto. Dependencia.

Por Juan David Cárdenas P.Redactor ABC del bebé.

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