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Y llega la palabra ‘no’

Y llega la palabra ‘no’

Los límites le dan seguridad a tu hijo y le permiten sentirse amado en el mundo.

Y llega la palabra  ‘no’
Por: Catalina Gallo, especial para ABC del Bebé
09 de Junio de 2016
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Los padres deben ser firmes y amorosos a la hora de definirlos.

A los 24 meses comienza lo que se conoce como “los terribles 2 años”. La verdad, no es tan grave, es solo un momento parecido a una pequeña adolescencia en la que tu hijo se debate entre dejar de ser un bebé y ser un niño independiente. Tu función como padre o madre es acompañarlo en el proceso y siempre marcarle límites claros.

Estos son fundamentales porque ayudan a los niños a saber hasta dónde llegar con ellos, aprenden a respetarse a sí mismos y a los demás, y, sobre todo, se sienten seguros. (Te puede interesar: Fijar límites desde la primera infancia fomenta la seguridad en los niños)

Imagínate que pones a tu bebé frente al mar, donde no puede ver el fin y le dices que ese es el espacio que debe recorrer. Seguramente sentirá miedo, mucho, porque es infinito. En cambio, si lo ubicas frente a un pequeño lago en el que ve el principio y el fin, y le dices que ese es el camino que debe seguir, se sentirá capaz y decidido a hacerlo. Ese es el valor de los límites en la educación de tus hijos.

Para los niños, es importante aprender qué se siente y cómo se vive con un ‘no’ como respuesta, tanto para su desarrollo emocional como cerebral. Está demostrado que cuando los pequeños se enfrentan a una negativa, generan en su cerebro sustancias que les hacen posible enfrentar los obstáculos y les enseñan a reaccionar ante los cambios e imprevistos.

En cuanto a su desarrollo emocional, es clave que aprendan que no todo es posible, que la vida tiene cambios y que hay que superarlos. Esto los hace madurar. Además, muchos de los límites que los padres definen en la vida de sus hijos tienen que ver con evitar el daño a los demás, el respeto hacia los mayores, hacia sus padres, lo que es una forma de enseñarles también el amor y el respeto por sí mismos.

Los límites no son un montón de reglas para toda la vida, son sencillamente las normas fundamentales para desenvolverse en el día a día, y son aquellas que tu familia considere necesarias para vivir de acuerdo con sus valores y su filosofía, pues cada una es única.

Tampoco se trata de hacerles la vida más difícil para que aprendan desde los dos años lo dura que puede ser; los límites son naturales y lo que se busca es evitar que el pequeño haga todo lo que quiere, se salga siempre con la suya o logre lo que desea con base en rabietas y pataletas. (Puedes leer: 'No', una palabra para fijar límites)

A los dos años de vida, esta tarea puede comenzar a complicarse porque tu hijo no querrá obedecer, querrá mostrarte una y otra vez que él ya es un grandulón y sabe valerse por sí mismo. Tu tarea consiste en mantener el equilibro, algo no tan fácil pero alcanzable. Aquí te damos algunos consejos para ello.

• Permítele que se sienta mayor en lo que puede hacer. Déjalo que se coma sus galletas solo, así se ensucie; es fácil de remediar. Déjalo que intente ponerse su camiseta, quedará un poco torcida y tú la acomodarás cuando él termine, sin reproches y con amor. Si te pide dar unos pasos, puedes soltarle por un momento la mano. Invítalo a que ayude en la casa, eso lo hará sentirse importante; por ejemplo, que guarde el vaso de plástico en la cocina, que lleve la toalla al baño, que escoja una fruta para el almuerzo.

• Dejale claro que hay actividades que no puede hacer ahora pero que muy pronto podrá, tal como tú, que no puedes hacerlo todo y muchas veces necesitas ayuda.

• Si tu hijo tiene una rabieta, no te afanes, dile que cuando se calme podrán hablar; no lo reproches, regañes ni grites. Entiende que tal vez tiene una emoción que lo sobrepasa, que no es tan grande como cree para asumirla y entonces siente rabia. Cuando se calme, dale un abrazo y conversen sobre lo que pasó, pero no cambies de decisión por cuenta de su pataleta. Él debe aprender que esa no es la forma de solucionar sus problemas.

• Indícale con amor lo que debe hacer, con instrucciones claras y no con rodeos: “recoge el juguete” o “nos vamos a bañar”.

• Prepáralo para los cambios. Avísale con unos cinco minutos de anticipación lo que van a hacer. Si está jugando y van a comer, avísale que vaya guardando sus juguetes porque es hora de cenar, o cuéntale que ya pronto se van a dormir, que leerán un cuento y luego irán a la cama.

• Ayúdalo a reconocer sus emociones, explícale que tal vez sintió rabia porque no le gustó lo que le dijiste, pero que es normal y que lo entiendes, y que, además, él aprenderá a expresar sus emociones.

• No trates de argumentar con tu hijo cuando esté furioso, no servirá de nada y puedes aumentar su ira.

• Recuerda que eres el adulto y tu actitud no puede ser otra pataleta o rabieta. La calma y la firmeza son básicas.

• No lo hagas sentir culpable ni una mala persona por hacer rabietas; él está creciendo y aprendiendo.

• Sé constante. Las pataletas se repiten y debes manejarlas siempre con calma; tu actitud serena ayudará a que poco a poco disminuyan.

• No te afanes si hace pataleta en público, olvídate del qué dirán, piensa primero en tu hijo y no cedas a sus caprichos. Debe entender que sus padres son amorosos y firmes.

• Los límites también se marcan con rutinas; la vida ordenada le dará seguridad a tu bebé.

• Procura hablar de manera positiva. Trata de decir “guarda los juguetes” en vez de “no dejes desorden”, o “cómete la galleta sobre el plato” en vez de “no dejes boronas”. Se trata de plantear soluciones y no problemas.

Cuatro tips que te darán impulso para marcar límites

Lo que no le enseñes a tu hijo, se lo enseñará la vida.

Solo dos legados duraderos podemos aspirar a dejarle: raíces y alas.

Si quieres que tu pequeño tenga los pies sobre la tierra, dale una responsabilidad.

Educar no es darle carrera para vivir, es templar el alma para las dificultades de la vida. (Lee: La mezcla perfecta de disciplina y amor)

 

 

 

 

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