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¿Cree que su hijo tiene una inteligencia superior?

¿Cree que su hijo tiene una inteligencia superior?

Testimonio y opiniones de varios expertos sobre el tema.

¿Cree que su hijo tiene una inteligencia superior?
Por: Karen Johana Sánchez
24 de Agosto de 2011
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Las señales, aunque parecían obvias, no pasaban más allá del orgullo de sus padres. Luisa caminó a los 9 meses, avisaba para ir al baño a los 10, y a los 2 años ya hablaba perfectamente.

Mientras vivió en Madrid, Cundinamarca, junto con sus padres, se destacó académicamente en el preescolar. Pero, socialmente, no se relacionaba con sus pares y pasaba por ‘odiosa’ en reuniones familiares, pues era la compañía de sus tíos, nunca de sus primos, porque siempre fue independiente y madura. María del Rosario, su madre, recuerda incluso un día en que una compañerita quiso hablar con su hija, pero la respuesta fue un agresivo mordisco. No obstante, la pequeña se sentía feliz; es más, no le importaba.

Al llegar a Bogotá, empezó el ‘calvario’. Tenía casi 5 años cuando entró a un colegio de educación tradicional. “Yo la levantaba, la bañaba y le daba el desayuno, mientras lloraba. Sus cuadernos estaban en blanco. En ese momento, un padre no está preparado para saber que su hijo tiene otra condición; solo se cuestiona. Yo decía: si era muy buena, ¿qué le pasa ahora?”, cuenta María del Rosario.

También recuerda cuando la llamaban al trabajo para decirle que Luisa estaba sola, sentada en un rincón de su salón y que debía recogerla. Fue tanta la desesperación, que probaron con matricularla en un colegio campestre en Arbeláez, Cundinamarca, donde vivían sus abuelos, pero la situación se tornó más caótica. María del Rosario cuenta: “Mi mamá me llamaba desesperada antes de las 6 de la mañana. Era terrible... Quién lloraba más ¿Luisa o yo? Me tocaba inventarle y prometerle cosas”.

Después de cuatro meses, ambas asistieron al sicólogo. El diagnóstico: Luisa tenía excelentes capacidades intelectuales y debía entrar a un colegio para niños con esas características, que en esa época era el Instituto Alberto Merani. Para acceder a dicha institución, Luisa y María del Rosario recuerdan que la pequeña duró cuatro días en intensas pruebas. “Al final, entregan el resultado de tu coeficiente intelectual; el mío era de 134; lo normal es de 90 a 100”, cuenta Luisa.

Su ritmo fue diferente. A sus cinco años ya iba a excursiones a diferentes partes del país, era una gran líder e interactuaba con niños de su ‘condición’: “En las clases, entregaban piñones para construir algo; sabía mucho de mecánica y racionamiento abstracto. Nos llevaban a un salón lleno de rompecabezas y piezas de torres, y nos dejaban ahí como dos horas. El método era muy libre, pero con una indicación muy clara”.

A los ocho años, pasó al colegio Calatrava; es esa época, un instituto de aprendizaje precoz: “Fue una formación intensa que me gustaba mucho. A los nueve años, ya veía circuitos. Incluso, me promovieron una vez de curso. De allá recuerdo que leíamos casi 25 libros al año y la revista National Geographic al mes“.

El colegio entró en crisis y era necesario cambiarla. Luisa llegó finalmente al Colegio Buen Consejo, una institución con educación tradicional; de nuevo, cuenta, fue un choque en su vida: “El primer periodo perdí cuatro materias; todo el mundo me detestaba porque era arrogante. A veces, cuando sabes que eres más ‘pilo’, se te sube el ego. La gente te endiosa cuando te dice que tienes un coeficiente intelectual alto, y sientes una carga”.

Después de unos meses se adaptó, según ella y su madre, gracias a un grupo de compañeras que la acogieron y a los valores que fomentaban en el colegio. Además, dice Luisa, porque sintió la soledad: “Lastimosamente pensé que podía cumplir sola, pero si seguía así, iba a terminar mal. Ya sabía la parte académica, pero me faltaba la ética”.

Más tarde, a sus 21 años, Luisa se graduó de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad Militar. Su experiencia fue positiva; viajó para pertenecer a un modelo de la Organización de los Estados Americanos, fue monitora de cátedra, se destacó y confiesa que nunca se ‘clavó’ para un parcial.

Ahora, trabaja en la campaña política de un candidato a la Alcaldía de Bogotá. Le molesta que le digan nerd o superdotada: “Siguen estigmatizando a la gente, y se vuelve molesto. Todo el mundo espera mucho de ti, y si no cumples, imagínate… Antes me sentía importante por tener un coeficiente intelectual alto; hoy en día la gente ni le ‘para bolas’”.

 

¿Qué dicen los expertos?En 1907, un equipo liderado por Alfred Binet creó el primer test de funciones mentales, que pronto se comenzó a llamar de inteligencia. Lo cual, dice el sicólogo Miguel de Zubiría Samper, director científico de la Fundación internacional de pedagogía conceptual, encantó a sicólogos y padres de familia, pues contaban con un ‘termómetro’ preciso para obtener y comparar el coeficiente intelectual de su hijo.

A aquellos que tenían un puntaje alto se les llamó superdotados. “Los padres salían felices y muy orgullosos, lo que creó un enorme negocio narcisista”, señala.

Julián de Zubiría Samper, fundador y director del Instituto Alberto Merani, institución que antiguamente practicaba dichas pruebas y que ahora recibe y educa a niños con toda clase de capacidades, señala que el término superdotado desconoce que las inteligencias son diversas: “Nosotros trabajamos con un modelo francés que parte de la idea de que el ser humano ama, piensa y actúa”.

Muchas evidencias, complementa, comenzaron a contradecir estos test. La primera, que solo tenían alguna relación, no destacada, con las calificaciones escolares. Segundo, sus puntajes eran variables en ciertos períodos de la vida del pequeño. La tercera, los supuestos superdotados no se convertían en Picasso, Mozart, Newton o Bill Gates.

Estos expertos coinciden además en que los niños no nacen con inteligencia superior. Al niño no se le debe llamar ni superdotado ni con inteligencia superior, dice el director del Instituto Alberto Merani, sino que hay diferentes inteligencias, y la única manera de evaluarlos es en la práctica.

No obstante, la sicóloga clínica Beatriz Parra, especialista en niños y adolescentes y directora del Centro Sicológico del Aprehendizaje, cree que el pequeño, desde que está en la cuna, demuestra que tienen habilidades avanzadas. Para ella, los niños que no deben ser llamados superdotados, sino con inteligencia superior, tienen un desarrollo motor y del lenguaje precoz, ingenio para construir, son líderes y, casi siempre, les va mal en el colegio. Además, cree en la efectividad de las pruebas de inteligencia: “Los test de coeficiente intelectual están estandarizados en todo el mundo y miden a los niños desde los cinco años en adelante. Si está por encima de sus habilidades, les damos instrucciones a los padres de cómo pueden estimular su capacidad”.

 

¿Por qué es inteligente?

Para la sicóloga, la inteligencia es heredada, pero si no se le da un estímulo adecuado, esta se puede estancar. Julián de Zubiría, por su parte, cree que por lo menos 80 por ciento de la inteligencia de un individuo depende del medio, la lectura, los medios masivos de comunicación, los amigos, pero fundamentalmente de la orientación de la familia, la escuela y la cultura.

Los estudios científicos confirman que luego de 10 mil horas de preparación, agrega, es posible, no seguro, que un muchacho comience a convertirse en un ser especial. Por eso, el amor y el trabajo, no la falsa inteligencia, son la respuesta.

 

¿Y la educación?

Anteriormente, dice Parra, estos niños se manejaban como si fueran ‘cajitas de intelecto’. Eran pequeños que manejaban estadísticas a los siete años, pero no sabían sumar ni restar.

En la actualidad, no. Lo ideal, dice la sicóloga, es que estos niños tengan una educación normal, pero con alta exigencia académica.

“Si no se detecta esta condición a tiempo, porque tienen un desarrollo emocional muy acelerado, no hay una balanza y los padres se confunden a la hora de tratarlo”, señala.

Por eso, es importante canalizar esta inteligencia en un entorno familiar y social normal, sin olvidar el hecho de estimular sus capacidades.

Por su parte, Miguel de Zubiría opina que el concepto de superdotado genera un efecto negativo en el niño porque se siente con una capacidad especial, cuando lo importante para serlo es trabajar, esforzarse, leer, tener altos niveles de autonomía, creatividad, esfuerzo, y no solo un don natural.

Para Luisa, “unas personas sí demuestran sus cualidades más rápido que otras, reciben la formación adecuada y se la muestran al mundo. Pero, con una correcta educación, todos podemos desarrollar excelentes habilidades”.

Mi hijo, el genioLo más importante para estimular la inteligencia de los pequeños es tener un embarazo sano y feliz y promover el aprendizaje, a través del juego.

“Si como padres no sabemos cómo manejar la situación en la familia y no nos damos cuenta de las inquietudes que tienen los  niños a temprana edad, ellos van investigando y, sentirán que el mundo no les responde, tendrán comportamientos sociales inadecuados”, afirma la sicóloga Beatriz Parra.

Por eso, añade, la familia debe verlo común y corriente. Aislarlos y verlos como excepcionales les trae muchos problemas.

Para Julián de Zubiría, lo peor que puede hacer un padre es enseñarle aprendizajes particulares al niño. Si quiere que sea inteligente a nivel analítico, tendría que desarrollar la lectura. Desde el punto de vista socioafectivo, lo mejor es mostrarle que en la vida nadie es, sino que se vuelve. Y, si quiere que sea equilibrado, debe enseñarlo a ser más humilde. Intrapersonalmente, hay que motivarlos a resolver conflictos, expresar afectos y leer los gestos de las personas. Y quien quiera formar individuos a nivel práctico, tiene que delegar cosas en sus hijos gradualmente. Lo importante es el juego y la experimentación.

 

Tenga en cuenta             

La sicóloga infantil Beatriz Parra recomienda:

• Observe si el niño está aburrido en el colegio; generalmente es por deficiencia

• Evaluar, si él es inteligente, por qué le va mal en el colegio

• Los padres deben tener autoridad y saber canalizar la inteligencia de sus hijos

• Evaluar si es conveniente realizar una actividad extracurricular

• El superdotado es diferente al niño con inteligencia superior. El primero es aquella persona autodidacta. El superdotado todo lo aprende fácilmente y se 'enfrasca' en un área de investigación. El talento es específico hacia una actividad

 

 

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