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Cuando existen trastornos del sueño

Cuando existen trastornos del sueño

Los niños de 1 a 2 años generalmente duermen entre 10 y 12 horas en la noche. No por esto, todos los niños logran hacerlo sin despertarse en la  noche con m

Cuando existen trastornos del sueño
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04 de Octubre de 2006
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Los niños de 1 a 2 años generalmente duermen entre 10 y 12 horas en la noche. No por esto, todos los niños logran hacerlo sin despertarse en la  noche con miedo o la angustia de haber tenido una pesadilla. Ante esta conducta, aparece la preocupación de los padres por conocer los motivos para que el niño tenga un mal sueño.

Según la pediatra Liliana López Cruz, “el 40 por ciento de los niños menores de 12 años sufre de alguna alteración al dormir, con consecuentes problemas de somnolencia  y déficit de atención; las causas apuntan, casi exclusivamente, a la falta de hábitos”.

Los malos hábitos están relacionados con las siguientes situaciones:

Cuando el niño no quiere su habitación. Si el bebé está acostumbrado a dormir con sus padres y estos no tienen inconveniente, no se le puede exigir al niño adoptar una nueva costumbre. El cambio debe ser gradual. Es importante mostrarle su habitación y acompañarlo cuantas veces sea necesario en la noche, aunque resulte incómodo para los padres. Es necesario manejar sola  una rutina. Si no se tiene un horario para la hora de dormir. La hora de sueño de los niños no debe ser la misma de los padres, ni debe dejarse a disposición de los ellos. Al igual que con la comida, desde temprana edad los padres deben crear horarios para que adopte la costumbre de ir a dormir: después de comer, de ir al baño o bajo la excusa de que hay que descansar para poder jugar al otro día. Los métodos que los padres adoptan deben ser regulares. Si todos los días cambian de método, el niño no hará una relación positiva y será más difícil asumir la costumbre. Si el método es leer un cuento, puede variar la historia, no la actividad, esto confunde al niño. La siesta. A esta edad, los infantes todavía necesitan dormir unas pocas horas en el día. Esto es normal, desde que no se permita que se haga al final de la tarde. Si por alguna razón, el niño no pudo hacer la siesta a la hora acostumbrada, es mejor que la evite. Para lograrlo, los padres pueden jugar con él y entretenerlo con las actividades que más le gustan hasta que llegue la hora de dormir. Llevarlo a la cama de los padres cuando se despierta en la noche. Esta es la reacción habitual de los papás, porque parece resolver el problema y no altera su tiempo de descanso. Sin embargo, a largo plazo no es lo más aconsejable. Es mejor, llevarlo nuevamente a su cama y hacerle compañía hasta que se duerma. Las condiciones de la habitación. Algunos factores externos pueden influir en el sueño de los niños. Los padres deben asegurarse de que su cuarto no sea frío y que las cortinas o persianas impidan tanto la luz como el ruido que proviene de la calle. Los disturbios del sueño en los infantes pueden manifestarse en forma transitoria o permanente. Por lo cual los padres deben estar atentos al patrón del sueño de sus hijos. Tal como lo señala la pediatra, deben diferenciar un episodio esporádico, de aquellos que se presentan todos los días o varias veces a la semana durante dos o más meses. Si, además, empiezan a afectar la vida familiar, estamos frente a una patología que es necesario tratar.

Las causas de las alteraciones en el descanso nocturno entre los menores obedecen a ciertas patologías médicas y a irregularidades ambientales. Un 10 por ciento de los afectados y responde a daños cerebrales (de origen genético), a trastornos psiquiátricos (depresión infantil) o a enfermedades como la alergia, los adenoides, las amígdalas gigantes, el hipotiroidismo, la obesidad o infecciones respiratorias. El otro 90 por ciento tiene relación con los desequilibrios ambientales que rodean al pequeño.

La ansiedad en los niños es causada por costumbres domésticas impuestas por los padres; por ejemplo, permitirle ver televisión o jugar video antes de acostarse, sostener discusiones frente a él o infundir terrores infantes: "si no comes, te lleva el coco". "Si no  te comportas, te lleva el loquito". También es un error hacerlo participar de conversaciones angustiosas a la hora de la cena. En algunos casos la presión escolar puede  influir considerablemente en la ansiedad de los pequeños.

Las consecuencias de estas dificultades se manifiestan en el comportamiento de los menores, los cuales desarrollan inseguridad, timidez o mal carácter, que les impide tener una vida social normal tanto en el ámbito familiar como en el jardín.

Otras alteraciones del sueño

Sonambulismo

El niño sonámbulo se levanta de su cama o se sienta y  hace algún tipo de actividad. No es frecuente en niños menores de 4 años, pero fiebres, falta de sueño y algunos medicamentos pueden predisponerlos. Se debe consultar con un especialista y establecer estrategias para evitar los riesgos a los que están expuestos estos niños. Entre el 10 y el 15 por ciento de los pequeños la padecen.

Bruxismo

Algunos niños rechinan los dientes mientras duermen, puede ser una actitud pasajera, pero es mejor consultar con el psicólogo y estar al tanto de cambios en los dientes e informar al odontólogo. No es muy frecuente, tan solo 4 por ciento de los niños la presenta. 

Somniloquia

Ocurre cuando los niños hablan dormidos. Esto es habitual en el 21% de los niños y se considera normal. No representa consecuencias para el niño, ni requiere tratamiento.

Miedos nocturnos y pesadillas

El miedo nocturno sucede  generalmente en las primeras horas del sueño,  el niño manifiesta angustia y en ocasiones llora o grita. Es posible que el niño no pueda comunicar lo que siente y no se debe interrogar con insistencia. Se recomienda  abrazarlo y hacerlo sentir protegido.

En el caso de las pesadillas, suelen presentarse al final de la noche, y probablemente el niño está en capacidad para contar lo que soñó. Aunque es muy difícil determinar sus causas, si está enfermo, tiene fiebre y toma medicamentos que alteran el sistema nervioso, habrá una mayor predisposición. Otros factores pueden ser insomnios frecuentes (durante varias noches seguidas) o temores adquiridos en el jardín o en la familia por personas con autoridad sobre el niño.

Cuando esto ocurra, evite mecerlo en brazos, pasearlo en coche o acostarlo en la cama de los padres. Lo ideal es explicarle que todo está bien, brindarle seguridad y mostrarle que el cuarto es seguro.

Cómo evitar los trastornos

Los padres deben tener en cuenta que lo más adecuado es crear hábitos. Se debe crear rutinas de sueño desde los primeros meses de vida. No importa que estas costumbres se vean alteradas en el tiempo de las vacaciones, por visitas o por enfermedades, las dificultades serán temporales y a los pocos días el niño volverá a tomar su rutina.

La compañía de los padres a la hora de dormir brinda al niño seguridad y confianza en su habitación. Las actividades previas también son importantes: leer un cuento, rezar una oración o simplemente hablar de algo que hicieron durante al día crean un ambiente tranquilo para que el niño pueda relajarse y conciliar el sueño.

Carolina UrbanoEspecial para ABC del Bebé

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