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Cuando los papás compiten por el afecto de sus hijos

Cuando los papás compiten por el afecto de sus hijos

Los celos son el primer sentimiento del roce entre los padres por recibir más amor de sus hijos. Un temor normal, que debe aprender a manejarse.

Cuando los papás compiten por el afecto de sus hijos
Por: Melissa Serrato
16 de Noviembre de 2007
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Los celos son el primer sentimiento del roce entre los padres por recibir más amor de sus hijos. Un temor normal, que debe aprender a manejarse.

“Los celos y la competencia por el afecto y la confianza de los hijos son algunos de los principales sentimientos que los nuevos miembros de familia pueden despertar en los padres, porque, de una forma u otra, ellos son un tercer miembro para la relación de pareja”, afirma Olga Susana Otero, sicoterapeuta de pareja y familia.

La especialista agrega que es absolutamente normal y frecuente que la madre o el padre se sienta excluido y, con ello, celoso e iracundo porque alguno de los hijos demuestra más afecto hacia alguno de ellos, pues aparentemente ambos tienen el mismo derecho y, más que nada, el mismo deseo de ser amados y respetados.

Sin embargo, el afecto no viene incorporado al niño por herencia genética y el menor no está predeterminado a amar a sus dos padres, sino que es en la medida en que se construye, se cultiva y se fortalece la relación, que el vínculo se solidifica entre los padres y el hijo.

Nadie nos quiere porque sí, siempre hay motivos y razones que abonan los terrenos para que el afecto surja naturalmente y luego son los padres los que se encargan de ganarse el cariño de sus hijos pequeños. En la adolescencia y la adultez, las dinámicas de la relación pueden cambiar, pero en la infancia son los padres quienes ponen en juego todo de sí mismos para ganar el afecto de sus hijos, explica Otero.

La sicóloga dice que cuando se habla de ‘ganar’, este término suele asociarse con el juego, como si se tratara de apostadores en un casino que arriesgan unas fichas en la ruleta rusa y esperan obtener unas cuantas más en el momento en que deja de girar. Ella aclara que cuando lo utiliza, se refiere a pequeños ‘abonos’ que los padres hacen a la relación con sus hijos, es decir, a su dedicación y entrega.

En ese sentido, la sicoterapeuta comenta: “No es cierto que las personas después de que damos, no esperemos recibir. Por supuesto, si damos amor, necesariamente esperaremos recibir amor y eso no nos hace personas interesadas, sino con deseos de reciprocidad en las relaciones”.

Resolviendo conflictos

“Los celos son el temor de perder a la persona amada y nacen de la necesidad de sentirnos amados y valorados”, sostiene Otero. Entonces, cuando alguno de los padres se siente desplazado, debe preguntarse por qué su hijo volcó su cariño sobre el otro. Al cuestionarse por el origen de ese sentimiento, el padre que se vea afectado podrá comprender y buscar alternativas para remediar la situación.

La experta asegura que la respuesta puede variar de acuerdo con cada caso; sin embargo, existen tres motivos principales y de raíces inconscientes:

Todos tenemos un lugar y una función en la familia. Cuando existen desórdenes en los papeles, un hijo varón puede ocupar fácilmente el lugar del hombre, esto hace que el niño inconscientemente se sienta responsable de la estabilidad de la madre. Además, sabe que está ocupando un lugar que no le corresponde y eso es lo que lo lleva a distanciarse de su padre.

El padre no se siente amado por su hijo. Cuando esto sucede, de cierta forma, está proyectando lo que le ocurrió a él mismo en la infancia. Es decir, él no gozó de mucho afecto por parte de sus padres cuando era un niño, lo cual lo hizo crecer con cierto resentimiento, y en el presente cree -inconscientemente- que su hijo está creciendo de la misma manera. Por eso, en sus esfuerzos por evitar que su hijo sienta lo mismo, puede darle todo el cariño del que es capaz, pero no sentirse igualmente correspondido.

Rivalidades anteriores

En su infancia, el padre afectado rivalizó con sus hermanos por el afecto y la atención de alguno de sus padres. Ahora, cuando él es padre, cree que sus hijos actúan de la misma manera.

Cuando esta situación se presenta, existen dos tipos de conductas que resultan inapropiadas: el padre afectado puede decidir alejarse, creyendo que ya no hay forma de recuperar el tiempo y el cariño perdido. Con ello, lo que consigue es enfriar más la relación con el hijo.

O, el padre puede ‘castigar’ al hijo por querer más al otro, ya sea con indiferencia o con reproches.

 

 

Melissa SerratoRedactora ABC del bebé

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