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Es común y necesario que los niños tengan frustraciones en la infancia

Es común y necesario que los niños tengan frustraciones en la infancia

Estas situaciones son tan cotidianas que necesitan solo el apoyo paternal.

Es común y necesario que los niños tengan frustraciones en la infancia
Por: Karen Johana Sánchez
29 de Mayo de 2009
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'Necesito tener el juguete’, ‘no puedo hacer bien la tarea’ o ‘mis compañeros me molestan’ son algunas frases que se pueden salir de la boca de un niño. Es usual escucharlas cuando el pequeño no está de acuerdo con algo o siente que las cosas no salen como las esperaba.

Probablemente esta clase de situaciones pueden causarle algún tipo de frustración. Dicho estado es tan común que se presenta desde muy temprana edad y no se refiere a ninguna patología. “Todas las personas, en el curso de su desarrollo, se ven enfrentadas a momentos en los que las cosas no  salen como lo esperaban o no se cumplen sus expectativas –explica la siquiatra de niños y adolescentes Estefanía García–. Todo esto en diferentes ámbitos: laborales, familiares, o incluso en situaciones propias del día a día. Luego no se puede hablar acerca de ello como algo patológico o fuera de lo normal”.

Una de las características de este sentimiento es  la imposibilidad o impotencia de encontrar una solución. Por eso, de no ser orientada a tiempo, puede generar niños intolerantes y problemáticos.

 

Todo hace parte de la vivenciaLa frustración es inherente al ser humano. No obstante, hay situaciones ambientales que influyen para causarlas, mantenerlas y manifestarlas. En este sentido, existen algunos hechos que se pueden asociar:- Cuando los padres no dedican suficiente calidad de tiempo a sus hijos. “Los  niños lo necesitan,  pero es difícil que puedan manifestarlo verbalmente, en la forma y en el momento adecuados. Por lo cual, se pueden generar llamados de atención  que, en ocasiones, aumentan la frustración ya existente, especialmente durante la primera infancia”, dice Claudia Jiménez Chacón, sicóloga de la Asociación Afecto.

 

- En algunos casos, especialmente en los niños tímidos, hay una tendencia a ensimismarse a causa de inseguridades y falta de habilidades sociales, pasando muchas veces a ser desapercibidos o señalados como antipáticos, mal educados o raros. Mientras que en el fondo del corazón, hay una gama de frustraciones personales, sociales y académicas.- Al existir problemas de aprendizaje y situaciones de conflicto, es frecuente que se genere fracaso escolar y alteración del comportamiento; si las dificultades no son apoyadas y el manejo de los adultos no le permite al niño nivelarse y salir adelante con éxito, es probable que los conflictos y los comportamientos difíciles aumenten. - Cuando se presentan desbalances a nivel muscular, pocas destrezas manuales o motrices, el infante no tiene un óptimo desempeño y, al participar en algún deporte, trabajo en grupo, concurso, actividad y ser consciente de sus dificultades,  se pueden generar diferentes niveles de frustración.- Las frustraciones sociales también se pueden presentar cuando existen presión, rechazo  e intimidación por parte de otros niños. Según Jiménez, ”cuando esto ocurre, se genera no solo la dificultad  inicial en el pequeño, sino un problema más grave cuando se deja influenciar o presionar estando en contra de sus valores o principios, afectándo significativamente su autoestima”.

El papel de los padresDentro del desarrollo emocional, es normal que el niño se enfrente a las frustraciones, pues si se cumplen todos sus deseos y peticiones, no conocerá la ‘negativa’ de sus padres cuando no le puedan conceder algo y, segundo, no tendrán madurez para enfrentarse ante esta clase de hechos.

“Las respuestas frente a momentos de frustración varían de acuerdo con la edad y con las características propias de la personalidad de cada quien. Aquí ya se puede hablar del papel de los factores internos y externos del individuo, que hacen que se vaya armando su personalidad de una u otra forma”, señala García.

La guía de los padres es fundamental para que el pequeño se acostumbre  a tener solo lo que los adultos le puedan brindar y tenga un grado más alto de tolerancia frente a hechos que le causen cierto tipo de fracaso.En este sentido, lo primero que deben tener claro los adultos es que la frustración es una vivencia que deben experimentar los hijos. Lo importante en este caso es saber orientarlos. La sicóloga indica que “la tendencia es exigirle al niño como si él ya supiera controlarse solo. Esto requiere de acompañamiento y guía; que el adulto le haga caer en la cuenta de cómo se está sintiendo, inclusive que le enseñe a identificar cuál es la emoción y por qué esta es importante”.

No es común que los adultos  enseñen a los niños a identificar sus emociones y a manejarlas; ellos lo aprenden a través de las experiencias de la vida. Sin embargo, es posible apoyarlos, indicarles qué está pasando, cómo se llama y se maneja lo que están sintiendo. La sicóloga Claudia Jiménez recomienda hablar con una voz calmada y suave para que el pequeño sienta apoyo y aprenda a controlarse. Además, reconocer los comportamientos adecuados ante las situaciones que generan frustración y comunicar al niño las enseñanzas de cada experiencia.

La clave está en el diálogo, la orientación y el buen ejemplo de los adultos. Es fundamental no llegar al maltrato, puesto  que  esta manifestación genera confusiones, ya que en la actualidad tanto en el colegio como en la sociedad se vigila que no haya violencia. Al maltratar, se generan dualidades y una agresión afecta  negativamente al niño. No obstante, se deben establecer límites claros.

 

Hechos asociadosAl haber un inadecuado desarrollo de una frustración, los niños demuestran su inconformidad a través de las pataletas, ya que muchos no toleran el hecho de que las cosas no se hagan a su antojo."La calidad de tiempo entre padres e hijos, el manejo adecuado para acabar con estas manifestaciones y el buen ejemplo ante el manejo de los conflictos son algunos factores fundamentales para que los infantes sean felices, aprendan a controlar sus impulsos y dificultades y, además, aumenten la tolerancia ante la frustración. Además, para que los padres tengan mejores oportunidades para conocerlos y apoyarlos", concluye la sicóloga Claudia Jiménez Chacón.

 

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