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Opinión / Aprender con todo el cerebro

Opinión / Aprender con todo el cerebro

Por Carlos Alberto Jiménez V./Escritor e investigador de neuropedagogía, lúdica y  creatividad  

Opinión / Aprender con todo el cerebro
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21 de Mayo de 2009
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Por Carlos Alberto Jiménez V./Escritor e investigador de neuropedagogía, lúdica y  creatividad

 

 

El cerebro humano es un órgano biológico y social encargado de todas las funciones y procesos que tienen que ver con el pensamiento, la acción, la intuición, la imaginación, la lúdica, la escritura, la emoción, la conciencia y otra infinidad de procesos. Su plasticidad le permitirá ser un sistema creativo y renovador,  encargado de elaborar y reelaborar elementos nuevos a partir de las experiencias que tienen los sujetos con su entorno físico-social-cultural. Este tipo de aprendizajes son los que enriquecen el cerebro humano en toda su dimensionalidad, a través de intervenciones pedagógicas pertinentes.  Durante el desarrollo intrauterino, a la cuarta semana, el feto comienza la formación del sistema nervioso, que al quinto mes ya contiene todas sus células nerviosas. Es de aclarar que todavía tiene lisa su corteza, pero ha adquirido la configuración fundamental y básica que mantendrá durante todo el desarrollo, hasta la muerte. (En E.U. existen universidades intrauterinas).Cuando el feto cumple dos meses, comienza la formación de la corteza cerebral y el cerebro tiene un centímetro y medio de largo. De  esta forma, ya se pueden distinguir los dos hemisferios cerebrales. El derecho, por su capacidad holística de percibir totalidades y no fragmentos, como el hemisferio izquierdo, es esencial para comprender el contexto y detectar los diferentes  sentidos que tienen las cosas. En consecuencia, lo que se encuentra descontextualizado y sin sentido no tiene objeto para el cerebro humano: la luz sin la oscuridad no existe, una curva es cóncava pero puede ser convexa al mismo tiempo, una lengua sin su gramática no existe, muchos juegos necesitan de sus reglas, etc. El peso cerebral del niño al nacer es de 360-370 gramos y se duplica a los nueve meses,  alcanzando un peso de 1.011 gramos a los dos años y medio; comparado  con el cerebro de un adulto (1.500 gramos.), nos permite argumentar que es muy poco lo que se puede hacer  por desarrollarlo  después de dicha edad. En países como Japón, el proceso de  enseñanza–aprendizaje se focaliza más en los primeros años de la vida, exigiendo un doctorado para poder formar a los niños. Los sicólogos, sicoanalistas y neurólogos han descubierto la importancia perdurable de los cinco primeros años de vida, pues el 90 por ciento del cerebro está desarrollado. En ese tiempo, los niños aprenden a alimentarse, a caminar, a controlar los esfínteres; se sienten fascinados con las diferencias sexuales y con la propiedad de las partes del cuerpo. Aprenden a hablar  y apropiarse de las reglas de la moralidad y la cultura, a través de los juegos protagonizados. Por otra parte, las desventajas físicas del niño al nacer son compensadas con la inmensa ventaja sicológica de permanecer en un estado prematuro  y de indefensión, pero en el que las capacidades para aprender y jugar se expanden notablemente debido a la alta plasticidad cerebral.

www.ludicacolombia.com

 

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