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Según estudios, cerca del 90 por ciento de los niños han sufrido de un miedo específico

Según estudios, cerca del 90 por ciento de los niños han sufrido de un miedo específico

Esta sensación es inherente al ser humano. Es un mecanismo de supervivencia, pues cuando estamos en peligro, las hormonas nos ponen en alerta.   Un olor, un

Según estudios, cerca del 90 por ciento de los niños han sufrido de un miedo específico
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07 de Noviembre de 2008
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Esta sensación es inherente al ser humano. Es un mecanismo de supervivencia, pues cuando estamos en peligro, las hormonas nos ponen en alerta.  

Un olor, una imagen, un sonido o una palabra pueden desencadenarlo. Algunos son creados por la mente; otros se transmiten culturalmente.

Los temores y sus diferentes picos o intensidades son normales. “Algunos se desarrollan por experiencias traumáticas, otros por observar a un niño o adulto actuar con miedo frente a una situación particular, mientras que otros no parecen tener un origen claro”, explica la sicóloga Paula Bernal, especialista en desarrollo infantil.

Se habla, incluso, de temores que se transmiten en la gestación (como el miedo a la muerte) y otros que nacen en la familia -padres que en la infancia tuvieron aversiones específicas a ciertas cosas o situaciones-.

El miedo -dice- puede hacer que un niño tema dormir solo por los monstruos del closet o por la oscuridad. “En los infantes, los miedos están asociados con frecuencia a la negación y el malestar y, al sentirlos, suelen presentar incremento del ritmo cardiaco, malestar estomacal, manos sudorosas o temblor. Los investigadores han encontrado que es normal que algunos temores aparezcan en momentos específicos del desarrollo y que luego desaparezcan de manera natural”, indica la sicóloga Paula Bernal.

La mayoría de los miedos normales durante la infancia se supera con amor, apoyo y reforzamiento de la auto-estima del niño.

¿Cómo tratar los miedos?Conocer su origen es clave para poderlos trabajar. Hay que revisar, por ejemplo, qué situaciones en la casa o el colegio podrían producirlos, pues muchas veces los miedos a la ‘oscuridad’, comenta Paula Bernal, son un temor a la separación o el abandono.

“En algunos casos, detrás de un miedo hay uno más grande. Uno de mis pacientes, por ejemplo, tenía miedo a dormir solo y encontramos que al menor realmente le asustaba el hecho de que mamá y papá durmieran juntos, pues él es una persona de mal carácter y temía que le hiciera daño a ella. Por eso, su mente decidió crear monstruos para estar en medio de los dos”, cuenta la sicóloga Liliana Arias, especialista en desarrollo humano.

Cuando las relaciones familiares se alteran, las emociones de los niños también se afectan. El miedo, entonces, puede aparecer como una forma de llamar la atención y hacer que los padres estén juntos y dejen de pelear. “Es clave prestarles atención en diferentes momentos y no solo cuando manifiestan sentir miedo; esto para evitar que sea un forma de llamar la atención”, agrega Bernal.

 

Clases de temoresAlgunos estudios demuestran que alrededor del 90 por ciento de los niños entre 2 y 14 años ha tenido por lo menos un miedo específico.

Aunque los temores son individuales, se pueden identificar algunos por edades. - 0 a 2 años: ruidos fuertes, extraños, separase de los padres, objetos grandes y/o peludos. - 3 a 6 años: figuras imaginarias como fantasmas, monstruos, seres sobrenaturales, oscuridad, ruidos, dormir solos, truenos e inundaciones. - 7 a 16 años: temores más reales como accidentes, problemas de salud, desempeño escolar, muerte, tormentas, terremotos e inundaciones, entre otros.

 

¿Cómo actuar cuando hay miedos?Las especialistas aseguran que el miedo tiene un ciclo: aparece un evento desencadenante, la mente lo trabaja y el cuerpo lo materializa en una respuesta fisiológica (escalofrío, palpitaciones o agitación de la respiración). Ante estos indicios lo mejor es: • No se debe obligar al niño a enfrentar su miedo exponiéndolo a aquello que lo produce, o hacer comentarios que lo hagan sentir ridículo por el temor que expresa, pues ese temor podría convertirse en fobia. • Si el niño no tiene miedos, evitar frases como: “no tengas miedo de la oscuridad”, “no te preocupes, no hay monstruos en el closet” o “solo los bebés le temen a la oscuridad”.• Los padres deben hacerles saber a sus hijos que nada malo les pasará: “Estoy aquí para ti, te ayudo a superar el miedo pero, al final, solo tú puedes superarlo”.• Supervisar los programas de televisión que el niño observa, pues algunos no son adecuados para edades específicas y podrían generar ciertos temores. • Cuando el infante exprese su temor verbal o físicamente, los padres deben preguntarle qué y cómo se siente y motivarlo a que describa su miedo y las situaciones que lo originan. El objetivo es hablar su mismo lenguaje, entender su mundo y acompañarlo afectivamente. • Es clave mostrar interés por lo que le pasa y tratar de entender cuál es su preocupación. Con amor, demostrarle que no le temen a aquello que despierta miedo en el pequeño. • Cuando el temor es algo dentro del cuarto, los padres pueden explorar el lugar, redecorarlo o reorganizar los muebles, revisar todos los rincones o acostar al niño con su juguete favorito. • El ejercicio físico puede ayudar a disminuir los miedos: el deporte y el yoga son herramientas claves para mantener el equilibrio emocional.

 

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