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Consejos para establecer hábitos de higiene en los niños

Consejos para establecer hábitos de higiene en los niños

A medida que crecen, los niños aprenden a cuidar su cuerpo.

Consejos para establecer hábitos de higiene en los niños
Por: Tatiana Quinchanegua
02 de Septiembre de 2011
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En el baño
Estudios sobre el baño y el lavado de manos han encontrado que estas prácticas interrumpen la transmisión de agentes patógenos y reducen significativamente la diarrea e infecciones respiratorias, cutáneas y el tracoma (enfermedad que produce secreción ocular, párpados inflamados y pestañas invertidas). Lavarse las manos después de ir al baño puede, también, disminuir la incidencia de diarrea entre un 42 y un 47 por ciento.

Para la doctora Mireya Munarth, pediatra de la Universidad El Bosque, “los hábitos higiénicos son importantes para proteger al niño de infecciones virales y parasitarias que se transmiten al dar la mano o con un beso en la mejilla. De allí que mundialmente se adelanten campañas pro lavado de manos y el uso del tapabocas. Además del lavado de manos, es importante cortarles las uñas al niño para evitar la propagación de bacterias y microorganismos que conllevan a la diarrea y al resfriado. Él logrará hacerlo por sí solo cuando esté más grande.

Dientes sanos desde el nacimiento
El ejemplo es la técnica sugerida por los expertos para enseñarle al pequeño a cepillar sus dientes. Mireya Botello, odontóloga de la Clínica del Ratón Pérez, afirma que “aunque los padres tienen mayor conciencia del cepillado, los niños llegan al odontólogo desde muy temprana edad y no precisamente a control, sino para tratar problemas de caries, ya que en nuestro país aún se tiene la costumbre de dormir al bebé con ayuda del tetero”. Es importante iniciar con una rutina de higiene desde muy temprana edad. En los bebés, es aconsejable limpiar las encías con una gasa humedecida con agua (o crema pediátrica). Cuando le salen los primeros dientes, emplear un cepillo de cerdas suaves, que ahora se consiguen por edades.

Para enseñarles, lo mejor es ponerlos a jugar durante un rato con el cepillo y luego el padre o la madre repasar el cepillado a fin de prevenir caries en las muelas, que son las primeras en deteriorarse.

“Elija una crema dental libre de flúor y con sabores agradables al paladar de los pequeños. Puede cambiarla por una de adulto cuando ellos aprendan a escupir y no se traguen la pasta”, afirma Mireya.

Ahora bien, John Hernández, odontólogo estético egresado de la University of New Mexico, asegura que “el menor se debe llevar al odontólogo una vez cumpla tres años y programar citas de adaptación que servirán para familiarizar al niño con el centro médico y a no asustarse cuando realmente tenga la primera cita de control. Allí se le mostrará la unidad y sus implementos para que sienta confianza con el especialista que lo está atendiendo”. “Para hacer más entretenido el cepillado, bríndele a su hijo la posibilidad de emplear un revelador de placa, en formato pastilla o enjuague, que le indicará al niño a través de una mancha azul dónde debe acentuar el cepillado. Hasta ahora no se han demostrado contraindicaciones; debe usarse una vez al día”.

Al recién nacido
El baño del recién nacido debe ser corto, con agua tibia y productos hipoalergénicos, especializados para la piel del bebé. En caso de que su hijo sea bebé canguro, siga las instrucciones del especialista, quien seguramente le sugerirá limpiarlo mas no bañarlo. Según algunos expertos, la grasa natural del bebé lo ayuda a calentarse y a ganar peso.

La tradición de las abuelas sugería no asear a los bebés todos los días para no resfriarlos. Sin embargo, a diferencia de lo que se piensa, sí se debe hacer diariamente, porque los pequeños sudan mucho y podrían desarrollar lesiones por hongos.

Los niños no requieren gran cantidad de cosméticos para su aseo. Por el contrario, un buen jabón, un champú y abundante agua serán suficientes. Si baña al recién nacido en una tina, debe estar ubicada en un lugar estable y donde el bebé no corra el riesgo de caerse o resbalarse. Por ningún motivo lo deje solo, puede ahogarse. 

Al año de nacido pruebe bañarse con él, y a los dos, cuando ya se desenvuelven por sí solos, caminan y se comunican con palabras, van adquiriendo ganas de ducharse solos; asesórelos en el proceso y acompáñelos para que se limpien bien detrás de las orejas, en el cuello, la espalda, los pies y los genitales.

En el colegio
Tener que madrugar y después bañarse podría generar desconcierto en algunos niños. Los adultos deben promover que sus hijos duerman diariamente alrededor de ocho horas para que no se sientan cansados al día siguiente.

Una vez despiertos, procure que bañarse sea una tarea amena y agradable para quienes intervienen. Los adultos deben ajustar su tiempo al de sus hijos, no hacerlos correr ni hacer una cosa tras otra; déles tiempo para disfrutar.

Una opción para los padres que viven a mil es bañar a su hijo en la noche, eso garantiza que el pequeño duerma de manera confortable y plácida. Al día siguiente el baño podría ser más corto y apacible.

Papás al ‘agua’
Beatriz Cárdenas, sicopedagoga de La Fundación Centro Internacional de Educación y Desarrollo Humano (CINDE), asegura que el papel de los padres en la instauración de hábitos de higiene es vital.

En niños de 0 a 2 años la labor de la crianza es muy importante ya que por sí solos no tienen la habilidad ni la destreza para hacer todo lo que piden sus padres. Los adultos deberán aprender a leer las señales de su hijo: incomodidad por el pañal, sensación de asco y necesidad de limpiarse las manos, para apoyarlos en la tarea.

La hora del baño debe ser un espacio no solo para la limpieza sino además para promover el vínculo afectivo entre la madre y su hijo. Es clave entablar una conversación, brindar una caricia, cantarle y enseñarle a reconocer las diferentes partes del cuerpo y el respeto que cada una de ellas requiere.

Los pequeños deben acoplarse y asimilar la rutina con horarios establecidos. Aunque la idea no es hacerlo tan cronometrado porque los niños podrían cogerle pereza al hábito.

El aseo de los genitales
Es otro de los puntos más delicados para los padres, porque muchos de ellos sienten que agreden a sus hijos. Se debe realizar con mucho cuidado y, especialmente, respeto por el cuerpo del menor. En el caso de las niñas, se deben abrir los labios de la vagina, enjuagar con abundante agua y jabón. Mientras que en los niños, enjabonar y enjuagar la parte superficial del pene y los testículos suavemente. No hay necesidad de retraer el prepucio (piel que recubre el glande del pene), porque al manipularlos podría generarles molestia y dolor. Esto se hace alrededor de los 3 o 4 años.

Control de esfínteres
Según el doctor Álvaro Jácome, el control de esfínteres “es un proceso de maduración sensitivo y motor que se va dando paulatinamente a los dos años aproximadamente, pues hasta ese momento los niños orinan y defecan por reflejo. Luego empiezan a manejarlos y a tener conciencia de la ‘sensación’ y de evacuar. El control de esfínter vesical (orina) se da aproximadamente en dos semanas. Mientras que el de la vesícula anal (materia fecal) toma varios meses. Antes del año es probable que el niño tenga un primer acercamiento al hábito regular pero no una toma de ‘conciencia’ del mismo”.

El monstruo de la cisterna
Paula Bernal, sicóloga infantil graduada en New York University, asegura que los dos años es la edad promedio para enseñarles a los niños a ir al baño, no antes porque aún tienen dificultad para controlar esfínteres y podrían presentarse fugas. Debe ser una tarea conjunta entre los padres y el jardín infantil. El proceso podría tardar alrededor de seis meses.

Compre una vasenilla, vasija o mica y póngala al lado del inodoro para dar inicio a la etapa del entrenamiento, que consiste en llevar el juguete predilecto del niño a hacer sus necesidades. Por ningún motivo se debe obligar o presionar al niño para ir al baño; el hábito debe generarse a manera de juego.

Infórmele previamente que le va a retirar el pañal; si se hace en la ropa, déjelo unos pocos minutos sucio para que alcance a sentirse incómodo de tal forma que él intente controlar sus esfínteres y muestre el deseo de retener.

“Procure que los niños no miren cuando usted baja la cisterna. Algunos sienten miedo porque les han hablado de monstruos o porque sienten que algo que les pertenece se va. Ayúdelos a limpiarse la cola, porque aún no están listos para hacerlo solos”.

El lavado de manos
Los niños deben asearlas antes de comer y después de ir al baño, coger la mascota, sonarse la nariz, estornudar o toser y coger basura. Enséñele al niño a usar agua potable y jabón, explíquele que debe enjabonarse y frotarse las manos durante 20 segundos hasta formar una divertida espuma, restregar en medio de los dedos, enjuagar y secar. Empiece a hablarles de la importancia del lavado de manos a partir del primer año y supervise que lo hacen, aproximadamente hasta los tres.

 

 

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