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El juego: conexiòn afectiva entre padres e hijos

El juego: conexiòn afectiva entre padres e hijos

Tomada por: Thinkstock

El juego: conexiòn afectiva entre padres e hijos
Por: Astrid López
02 de Enero de 2014
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Aunque suene extraño y algo prematuro, algunos expertos como Alexandra Vaughan, psicopedagoga y directora de KS Kids, sugieren que las rutinas de juego y las de compartir actividades lúdicas con el bebé deben empezar a comienzos del embarazo, para potencializar la conexión emocional entre la madre, el padre y el niño que se está formando. Eso sí, “el juego es el medio innato de expresión del ser humano, por ello, el que se establezcan rutinas de expresión afectiva crea vínculos que le ayudarán a involucrarse mejor con el mundo que tiene por descubrir”, sostiene Vaughan.

Así que la voz de los padres, las caricias en el vientre y la música hacen parte de esa terapia que será luego, al nacer, el principio de un proceso de aprendizaje.Para Sandra Patricia Varela, directora del Programa de Licenciatura en Pedagogía Infantil de la Universidad de La Sabana, los beneficios del juego, a lo largo del desarrollo son primordiales, porque tienen que ver con lo social y cultural. “Con el juego se construye identidad, comunidad y colectividad. El bebé empieza a reconocer su cuerpo como distinto al de su madre; es allí donde sienten mayor necesidad de ser motivados a través del contacto y los masajes”, anota Varela.

Rutina del conocimiento

Entre los 0 y 2 años, según el maestro de la psicología Jean Piaget, predomina el juego funcional o de ejercicio. De tal forma que la relación del niño con el juego es de respuesta frente a los reflejos, por lo que hay que ir experimentando a través de su propio cuerpo, utilizándolo como herramienta.

En este tiempo es importante realizar ejercicios de piernas y brazos con objetos de colores vistosos, juguetes básicos con sonidos y muñecos con texturas, y deben ser rutinas de los padres, familiares y de las personas que cuidan al bebé, por cuanto se desarrollan habilidades sociales.

Esos hábitos deben llevarse a cabo a lo largo del día y en diferentes escenarios. Es decir, en la mañana, durante el baño en la tina y en la tarde, sin dejar de abrir un espacio para que escuchen música y se les transmita mediante la lectura, especialmente antes de dormir. Esa estimulación le ayudará, más adelante, a interpretar y establecer familiaridad con su entorno al jugar.

Ya sobre los 2 años, en plena etapa exploratoria y de independencia motora, dice Vaughan, se deben reafirmar las actividades físicas, por ejemplo, en el parque. “En el sube y baja, el rodadero, los gimnasios, obviamente, con la supervisión permanente. Paralelo a esto, iniciar con los juegos de manipulación de fichas grandes, destapar cajas y practicar mucho más con los roles de repetición, pues el niño trata de imitar todo lo que le enseñan, y no deje de cantarles y leerles”. 

Entendiendo el universo

Es claro que hasta los 2 años, aproximadamente, el juego se centra en los padres, las personas cercanas al niño, y en sí mismo, como en el conocimiento del cuerpo, pero a partir de allí evoluciona a juegos grupales de interacción con sus amigos, a asumir roles más elaborados y recrear situaciones cotidianas.A partir de los 3 años de edad se dan los juegos de simulación y suelen aparecer los amigos imaginarios. Los padres deben entender que ese ‘amigo’ puede hacer lo que el niño no, en ocasiones será algo descortés y hasta tendrá poderes mágicos, por lo que hay que saber orientar al niño y permitirse conocer a ese amigo imaginario, ya que puede ser el reflejo de cosas que el niño quiere expresar.

Luego, se llega al momento preoperacional, que se extiende hasta los 6 años, caracterizado por el juego simbólico, donde el niño juega a ser. Cocina como la mamá, maneja el coche como el padre, quiere jugar como lo hacen los grandes al fútbol, nadar, pintar, en fin... Para los expertos es la mejor etapa para que los niños realicen múltiples actividades relacionadas, especialmente, con el arte o los deportes, pues su energía da para todo.

“Al final de la etapa preescolar se interesan y se divierten con propuestas grupales, donde priman las reglas y empiezan a fijarse metas, a establecer órdenes y jerarquías, respetando los papeles de cada uno, personajes que pueden intercambiarse sin mayor problema. Allí los juegos son de héroes, cuentos de hadas, o de roles tradicionales como los policías y ladrones, los maestros y los alumnos, los médicos y los pacientes”, sostiene Ángela Morales, psicóloga infantil.

Desde ese momento, los niños empiezan a construir a partir de la lógica y se crean los juegos de retos, tomando gran importancia el tema de ganar, “un momento en el que los padres deben enseñarles a que el juego es una oportunidad de aprendizaje, y que perder es otra de las opciones posibles, sinque esto afecte su autoestima", añade Morales.Actividades con los más pequeños

• Ponga música relajante, tome a su bebé en brazos y arrúllelo suavemente al ritmo de la melodía.

• Elija una canción que le resulte fácil de cantarle a su bebé para que lo haga con frecuencia, así él la identificará y será como un símbolo entre ustedes. Además, las palabras y sonidos conocidos tienen un efecto relajante.

• Sonría, saque la lengua o haga muecas que su pequeño pueda aprender e imitar.

• Utilice un juguete favorito del bebé para que centre su atención y haga que la siga. También agite un sonajero y haga que su bebé lo localice.

• Siempre, siempre, háblele al bebé y procure que él la mire mientras lo hace para que identifique su voz.¿Cómo establecer horarios?

Sandra Patricia Varela, de la U. de La Sabana, indica que “todo momento es una muy buena oportunidad para jugar, las rutinas se establecen alrededor de la cotidianidad, y siempre hay posibilidad de sacar un tiempo que permita interactuar a través del juego”.

 

 

 

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