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Crónica: diabetes, una enfermedad que no es amarga

Crónica: diabetes, una enfermedad que no es amarga

María Paula Torres es una niña que a los 5 años fue diagnosticada con diabetes. La comprensión y buena asimilación de los padres ha ayudado a que todos apr

Crónica: diabetes, una enfermedad que no es amarga
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16 de Noviembre de 2007
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María Paula Torres es una niña que a los 5 años fue diagnosticada con diabetes. La comprensión y buena asimilación de los padres ha ayudado a que todos aprendan a enfrentar y controlar la enfermedad.

“Media granadilla tiene 15 carbohidratos”, dice María José mientras pinta de rojo el pantalón de un oso maquinista. Tiene 8 años y está sentada sobre el césped; su mesa es una silla de plástico verde que comparte con su amiga María Paula, de siete años.

“¿Y el banano cuántos tiene?”, le dice María Paula, mientras ella también pinta al maquinista, con un tono azul en el sombrero. “No sé – contesta María José-, todavía no me las he aprendido todas, mi mamá me enseña, pero eso aún no lo sé.

“¿Y tú cuántas veces te aplicas insulina en el día?” –“4”. “-Igual que yo, también me la pongo cuatro veces”. ¿Y se la saben poner ustedes o alguien les ayuda? – pregunto. “No, yo me la pongo sola siempre”, contestan al unísono, aunque sé que no es del todo cierto. María Paula, por ejemplo, se la ha aplicado un par de veces, pero por consentida, prefiere que sean sus papás los que lo hagan o su tío, que también tiene diabetes, pero tipo 2.

“Yo prefiero aplicármela en la barriga”, dice María José. “Yo también -contesta su amiga-, porque en el brazo es muy difícil y la pierna es muy dura y me da miedo”, “a mi también”, y las dos se ríen sin dejar de colorear.

Hace 2 años, cuando apenas tenía 5, María Paula Torres estuvo cuatro días hospitalizada, después de varios días en los que no podía dejar de tomar líquidos constantemente y de entrar al baño.

“Diabetes”, les dijeron los médicos a sus padres. ¿Diabetes?, pensó María Cristina, la mamá. “¿Eso no le da solo a los viejitos?”, increpó. No, no tiene que ver con la edad fue la respuesta, que luego se convirtió en explicación.

La diabetes tipo 1, que afecta en su gran mayoría a los niños, no tiene una razón certera de aparición. La diabetes tipo 2 es adquirida, quiere decir que las personas están sanas, pero sus malos hábitos de vida producen una descompensación en el organismo y la insulina, sustancia que regula la presencia del azúcar en la sangre, deja de funcionar. Aunque era casi imposible que estos casos sucedieran en niños, el sedentarismo y las comidas cargadas de calorías han hecho que cada vez más pequeños se conviertan en obesos y posteriormente en diabéticos.

Una experiencia para compartir

“Yo he aprendido a manejar al niño cuando se le sube o se le baja el azúcar”, “yo, a cómo cuidarle sus pies”, “yo aprendí a controlar los carbohidratos”, dicen las mamás. Un papá, el único presente en la reunión, dice: “Yo he aprendido a convivir con la diabetes de mi hija”.

Es sábado en la mañana y un grupo de 15 personas está reunido en la Asociación Colombiana de Diabetes. La sicóloga Adriana Flórez les pregunta sobre las lecciones que les dejó un año de convivencia para el manejo de la enfermedad.

Entre todos, una mamá levanta la mano y dice que, contrario a los demás, para ella no ha sido fácil asimilar la enfermedad de su hija y cuenta que en las últimas noches la pequeña se ha levantado gritando por pesadillas y quiere saber si el azúcar elevado tiene algo que ver.“Hay que diferenciar entre los fenómenos propios de la edad y lo que realmente es consecuencia de la diabetes”, responde Flórez.

“Yo creo que el manejo de los padres influye en la aceptación de los niños”, me dice más adelante María Cristina. “Cuando mi esposo y yo supimos de la condición de nuestra hija, antes de salir del hospital ella ya estaba afiliada a la Asociación, nos dijeron que teníamos que comprarle un glucómetro y en un par de horas ya lo teníamos. Yo nunca busqué culpables, aunque admito que para mi esposo fue un poco más difícil, pero pensé que si ella iba a tener que vivir así, pues para adelante y a tener una vida normal”.

“A mí me ha costado ser independiente de la niña”, dice una mamá sentada entre las últimas filas del salón. “Me preocupa pensar que ella va a estar en otro lado y que no la van a controlar o le van a dar comida que no debe ser”.

“Deberían dictarnos un curso de cocina para preparar recetas con verduras”, sugiere alguien más, esta vez sentada al frente”, “sí”, aprueban las demás.

Mientras las mamás siguen en la reunión, María Paula y María José continúan sentadas en el jardín. “Es hora de la glucometría”, dice María Paula y entra al salón para pedirle a su mamá la cartera de Fresita en donde tiene todo lo que necesita. Saca el pequeño aparato azul y se pincha el dedo índice, unos minutos después la pantalla revela 190. “Estás alta”, dice María José, “noo”, contesta su amiga. “Pero claro, si lo ideal es que esté en 170”. ¿Y cuándo está alta qué deben hacer?, pregunto. “Pues ponernos insulina”, me explica María José.

Proceso de maduración

“María Paula es una niña muy inteligente”, dice María Cristina. “Ella ya sabe lo que debe hacer, qué debe comer. Un día me mandaron una nota del colegio, porque la niña le estaba tomando glucometrías a sus intrigadas compañeras.

“Es que ella lo ve todo muy natural, no le pone problema”, dice su mamá. A pesar de la confianza, los papás no dejan de llamarla al celular que carga en una pequeña cartera que lleva a su cuello como una extensión más de su cuerpo. En la mañana, al descanso, al mediodía cuando llega a la casa y en el transcurso de la tarde siempre recibe una llamada para saber si está bien.

En el colegio todos los profesores saben de su condición y si alguna vez la pequeña está débil le ofrecen una porción pequeña de dulce para nivelarla y hasta el médico del colegio le ha aplicado la insulina.

No come dulce excesivamente, pero de vez en cuando sí acepta una colombina, porque la clave está en saber de qué manera nivelar con la insulina el ingreso de dulce a su cuerpo. La pequeña es una de las mejores estudiantes de su colegio y hace parte del grupo de porras. Ya terminó de pintar su dibujo y caminando de regreso hacia donde su mamá, toma una flor rosada que arranca para llevársela.

“Lo más importante es tener unión familiar –dice María Cristina-, mientras recibe el presente. Eso es lo que nos ha pasado a nosotros y eso nos ayuda a ser más fuertes, porque tienes que tener una fortaleza muy grande para enfrentarlo; también documentarte, investigar, porque de lo contrario, difícilmente vas a saber cómo actuar; siempre tienes que estar buscando cómo puedes hacer que tu hijo tenga una mejor calidad de vida”.

Destacados

Los niños con diabetes deben realizarse la glucometría antes de cada comida, para saber qué tipo de alimentos y en qué cantidades deben consumirse para mantenerse controladas. Aunque las condiciones de vida de los niños con diabetes son distintas, cuando se controla adecuadamente, los pequeños pueden llevar una vida completamente normal.

Juliana Rojas H.Redactora ABC del Bebé

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